TOLÚ NO TIENE CURA


Por: Manuel Medrano

Me duele Tolú por el vejamen a que ha sido sometido. Nunca pensé que la patria chica de mi madre, Berta Barragán y el patio de Héctor Rojas Herazo iba a ser degradado tan profundamente por las aves de rapiña. Ya no queda nada, ni si quiera la esperanza.

Tolú se ha convertido en un pueblo sin alma, acosado por la ignorancia, la negligencia, el microtráfico y las pandillas de adolescentes que salen a las calles, enfurecidos a atropellar a los pobladores y turistas, ni si quiera tienen piedad con la pobre policía.

Un Jueves Santos a la 4 de la mañana vi correr a los policías que no sabían cómo parar a quince desadaptados que arremetieron contra ellos.

Un pueblo de pescadores y campesinos impregnados de nobleza nunca pensaron que el advenimiento de las regalías petrolíferas, convertirían la pequeña aldea en un botín que provocaría el apetito de los desalmados politiqueros, nativos y de la región.

Llegaron y aprovecharon la elección popular de alcaldes para corromper a la gente buena y destruir la democracia local.

En Tolú se compra la alcaldía y nadie contrala al alcalde de turno, que hace de las suyas ante la vista gorda de los concejales que están pendientes de las migajas de la contratación municipal y demás pilatunas del alcalde.

En una operación clandestina le robaron al pueblo un sector de sus hermosas playas y se inventaron otro municipio: Coveñas el cual ha sido víctima de las mismas atrocidades de una clase dirigente corrupta y despiadada.

Los turistas que antes llegaban en romería salieron espantados, puesto que fueron víctimas de los atracadores y rufianes, sin pensar en las consecuencias.

Turistas ingleses, españoles y franceses se han marchado acosados por los atracadores que caminan por las calles y playas a sus anchas porque no hay autoridad que los controle. En Tolú no existe el imperio de la ley.

Lo nativos han invadido desesperadamente el espacio público y la proliferación de negocios en la orilla del mar con unos equipos de sonido a todo volumen, convierten lo que antes fue un bello paisaje, en una tortura auditiva y una contaminación ambiental del entorno. Y, ¿a quién le importa la desgracia del pueblo?

Nadie convoca una asamblea ciudadana para salvar de la miserablesa a lo que otrora fue la perla del Morrosquillo, y construir una hoja de ruta que permita imaginar otro destino, en aras de recuperar el tejido social y mejorar la calidad de vida de los toludeños.

Están haciendo todo lo contrario de lo que debería hacer una sociedad con sentido de pertenencia, propiciar un pare en el camino.

No, en Tolú cada cartel está buscando candidato para comprar los votos y apropiarse de la alcaldía y seguir haciendo lo mismo de siempre.

Hasta se han inventado la candidatura de un sacerdote que proviene de un municipio que está en peor situación por ser más grande y tener sus vías terciaras destruidas: San Onofre.

Hay que sembrar un embrión de semilla de cultura ciudadana y cultura política para que los delincuentes no sigan dilapidando el erario municipal, de lo contrario Tolú no tiene ni tendrá cura.

Anterior Una mirada a Ese otro silencio
Siguiente LA MUERTE DEL FESTIVAL Y LA AGONÍA DE LA MÚSICA SABANERA

Sin Comentarios

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *