OTRA VUELTA AL SOL DE LA FAMILIA HERIBERTISTA


Por: Joaquín Jerez Herrera
“Todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada”

Mario Benedetti (Escritor uruguayo)

Los acontecimientos históricos y trascendentes que conducen a conmemoraciones y reconocimientos ciudadanos seguramente tienen sus antecedentes en todas aquellas acciones altruistas, cuyas huellas marcaron el sendero de las generaciones, que en coro silencioso saben valorar todo el periplo de su corta o larga historia. Para el caso que nos ocupa, motivo de esta nota, no es otro que felicitar a toda la familia heribertista, regocijada como yo, por cumplir 51 años de creado el “Colegio Departamental Heriberto García Garrido” (12 de febrero de 1969), quien a partir del 8 de noviembre de 2002 pasó a llamarse Institución Educativa Heriberto García Garrido.

Desde entonces los soñadores de ayer que aún viven y sus contemporáneos, saben que su legado transferido a otras generaciones y directivos institucionales no los han defraudado. Sus propósitos educativos y humanistas con los que fue creado han sido interpretados por docentes, directivos, trabajadores, padres de familia y comunidad en general que, pese a las dificultades en todos los frentes, hemos asumido el reto inaplazable y transformador de seguir educando a las distintas generaciones de Toluviejo y su entorno.

Nada más significativo para un profesor(a) que expresar en voz alta, ¡51 años de vida institucional, no se cumplen todos los días! Más, si para el caso personal, llevo un cuarto de siglo como protagonista y testigo excepcional de las afugias económicas en que se mueve la administración y de los problemas sociales padecidos – desde múltiples direcciones – por su población escolar, víctima inocente de un estado indolente y sin políticas claras que ayuden a superar las dificultades de hacinamiento, infraestructura locativa, carencia de agua potable, entre otros, para hacer del acto educativo una convivencia con el saber en condiciones más dignas.

Todas estas falencias son poca cosa frente a la grandeza, inteligencia y sabiduría de la “gran familia heribertista”, de todas las épocas. Pues ésta ha comprendido que las personas pasan, las instituciones quedan. Pero en ese pasar, raudo o más lento, cada uno va dejando su huella, trazando senderos desde las distintas áreas que nutren el camino para el advenimiento de nuevos bachilleres, profesionales diversos y buenos ciudadanos, cuya luz constituye el esplendor institucional, ese que motiva el orgullo personal para decir a mandíbula batiente “soy egresado o estudié, a mucho honor, en el Heriberto García Garrido”.

Son estos particulares y gratificantes aspectos los que hacen que esta efeméride tenga un valor superlativo al interior de la comunidad toluviejana que sabe reconocer y distinguir que la Institución no es la planta física y dependencias similares; no. La Institución que hoy conmemora los 51 años de creada, su mayor tesoro es el Talento Humano, que desde sus distintas posiciones y cargos hacen su labor con dedicación, honradez profesional, humanismo, pero sobre todo con paciencia, como el soporte psicológico irremplazable para ayudar a transformar la manera de pensar, sentir y actuar de nuestros muchachos.

Es este mismo Talento Humano que tiene el imperativo moral y ético de saber convivir en medio de las diferencias, resolverlas a través del diálogo para generar consensos que ayuden a dejarle a las generaciones presentes y futuras, una nación y una sociedad distinta – más humana, incluyente y justa – que en esta la que nos ha tocado vivir. A partir de hoy “la familia heribertista”, en cabeza de su Rectora, debe asumir un reto: escribir las páginas doradas del “nuevo” Heriberto García Garrido, es decir, que la historia – con todos sus altibajos valorativos y conceptuales – recoja los primeros 50 años y éste con el que inicia el otro medio siglo, no importa el referente pandémico, sea el punto de partida para inaugurar un nuevo ciclo educativo en la relación alumno-tecnología-maestro como el elemento multimedial y de convergencia con el saber en esta época contemporánea.

Permítanme terminar estas líneas dedicando unas a la razón de ser de la Institución: ¡los alumnos! Sin ellos todo cuanto se diga o haga no tendría sentido. Porque, quién no se contagia de su espontánea alegría, su franqueza ilimitada y bullicio justificado, justo cuando el sol abre sus párpados, como en una “procesión cinematográfica” uno a uno de ese enjambre humano llega a quitarle la virginidad al silencio de los salones para contagiarlos de sueños, alegría… en síntesis, de vida desbordada. O, quién no siente una gran satisfacción, por el deber cumplido, cuando la tarde solloza y nuevamente volvemos a ver esa multitud abigarrada que alegres se marchan a sus humildes hogares. Yo, por supuesto, los extraño, al igual que mis compañeros(as), cuyo calor humano y sincero ha sido y seguirá siendo correspondido.

Heriberto García Garrido, gracias. Un cuarto de siglo vivido – laboralmente – bajo tu techo, no pasa inadvertido. De la mano de tu noble familia subí la escarpada montaña… hasta llegar a tu cima y desde allí gritar henchido de emoción…

¡Gracias, gracias!¡Feliz aniversario!

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