OTRA VEZ EL PARAÍSO, O EL PARAÍSO PERDIDO


La extraordinaria novela de Clinton Ramírez

Por Guillermo Valencia Hernández

Otra vez el paraíso, la novela de Clinton Ramírez, terminada de escribir en diciembre de 2011 en Santa Marta, y publicada en 2018 en la misma ciudad, es una obra para deleitarse y dejarse envolver sin prevenciones de ninguna índole.

Su atmosfera,  sus personajes, el manejo del suspenso, la soledad espantosa de su protagonista, el tema de la fama y las luminarias, su crítica social,  nos remiten a novelas de suma importancia como El Viejo y el mar de Ernest Hemingway  (descripción constante del paisaje marino, la lucha feroz del viejo por pescar el pez; en este caso, la lucha permanente casi que agónica y tediosa del protagonista con un mar que se mueve para sí mismo, mudo y despiadado), a El astillero de Juan Carlos Onetti (por el tufo de nostalgia y orfandad en que vive el protagonista Larsen, el mismo que padece Fernando Legarda, que busca un pedazo de soledad y huye de su pasado glorioso), a algunos cuentos de Álvaro Cepeda Samudio (en la postura cosmopolita donde se mueven algunos personajes), y, por supuesto, a las mejores novela de Gabo  y Roberto Burgos Cantor (donde el mar se vuelve metafísico en un Caribe azotado por un sol y una brisa de yodo).

Clinton Ramírez, de una manera riesgosa, asume con disciplina y conocimiento, en esta novela, estructuras narrativas superpuestas, experimentaciones fotográficas, un doble juego de literatura-guion, literatura–crónica, desdoblamientos narrativos de paisajes y personajes, párrafos alargados y respirados, párrafos entrecortados, saltos en el manejo del tiempo, con una frialdad de neurocirujano para adentrarnos en la vida de personajes tan cercanos a esta realidad que vivimos ahora, pero tan lejanos a la hora de acercarnos a ellos.

Para muchos el tema de la novela podría ser fácilmente la fama de un hombre exitoso y rico. Y la clandestinidad que él asume para huir de ella. Pero el tema va más allá de lo tangible o de lo leído a simple vista.

El tema para mí es la disociación de un hombre con la vida. La renuncia a un destino, a un bienestar y de la incapacidad del ser humano por encontrar la felicidad en cualquier parte que se encuentre o donde haya nacido. Aunque el autor no se queda solamente con el personaje y su destino de renuncia. También nos muestra su visión muy personal de la ciudad que habita. Su realidad cotidiana la teje con maestría y nos las articula a estratos sociales de otras esferas, mundos superpuestos de gente rica, triunfadores, intelectuales, viajeros, hacendados, jóvenes tecno-sexuales (si se acepta este término), al mismo tiempo que nos muestra la suya. Artesanos, vendedores ambulantes, trabajadores hoteleros, indígenas, turistas, cada uno en sus quehaceres cotidianos, viviendo o asumiendo su destino, disfrutando sus triunfos o sufriendo sus tragedias.

El autor, en esta novela de 133 páginas repartidas en 13 capítulos, nos entrega dos mundos: la costa Caribe y el interior del país. La idiosincrasia del hombre costeño (con sus cargas de improvisaciones politiqueras) y la realidad interiorana (con sus posturas y simulaciones). Con un lenguaje preciso, casi que pintado, nos entrega el paraíso del mar, del viento, de la sierra, la luz que ilumina la noche, e incluso nos diferencia la velocidad del viento y nos adentra en la atmósfera fresca del hombre marino. Igual nos da a conocer la vida de las familias del páramo, habituadas a sus sarcasmos, a sus propias mentiras, a su cotidiano trabajo de producir y atesorar dinero.   Pero nos amarga con la tragedia del hombre. De un hombre que huye de su pasado y su presente. Casado con una mujer extraordinaria, diseñadora exitosa, inteligente, experta en modales y en decir las cosas. Con una hija cineasta, y un padre y un abuelo ricos. Con una experiencia de vida envidiable de famoso montañista, que frente al mar de Taganga recapitula su destino de la mano del whisky, al parecer su única tabla de salvación a la hora de soportar el dolor de sus rodillas, producto de una bursitis incurable, causa de su temprano retiro del montañismo.

Otra vez el paraíso es la novela del hombre de hoy. Del hombre a secas, de este tiempo. Del nuestro. Del que vive en los edificios de ricos o en las florecidas haciendas del páramo o de los que se escapan a Taganga a rumiar sus frustraciones.

Esta novela es para estos tiempos. Y curioso que un escritor de Ciénaga, pueblo anclado en el mar, heredero de espantos, de brujas, de un “realismo maravilloso y trágico”, del epicentro del mamagallismo en el Caribe, nos escriba una obra muy aterrizada, con elementos modernos, muy visual.  He aquí mi propuesta, que yo, en mi modesto oficio de lector, hago de leer el paraíso perdido de Clinton Ramírez y buscar otra vez el paraíso inconseguible de Fernando Legarda, o el de nosotros.

“Ni siquiera en el sueño habría un lugar para él”. Así termina esta novela inolvidable. De un existencialismo muy legítimo en la buena narrativa del Caribe colombiano.

Anterior ¡QUÉ VAINA JODIDA!
Siguiente TIEMPOS DE SALSA

Sin Comentarios

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *