MÁS DE MIL RAZONES PARA PROTESTAR


Por Manuel Medrano

“Mi ideal más querido es el de una sociedad libre y democrática en la que todos podamos vivir en armonía y con iguales posibilidades”. Nelson Mandela (Premio Nobel de Paz 1993).

Es necesario seguir trabajando de manera ardua en el proceso de transformación de la sociedad, en aras de lograr el despertar de una ciudadanía activa que persista, e insista en reclamar lo que le pertenece y que no se haga la desentendida ante tantos que pretenden continuar con una democracia de los privilegios. Alguien dijo alguna vez que un país que quiere crecer no puede darse el lujo de tener los políticos más caros y los maestros más baratos.

En Suecia los políticos no pueden tener privilegios por encima del ciudadano del común. Los miembros del Parlamento ganan 4.300 dólares y no tienen presupuesto oficial para viajar ni beneficios adicionales, La Cámara tan solo posee dos vehículos particulares, para el uso del presidente y sus tres vicepresidentes. El Primer Ministro es el único que tiene a su disposición un auto estatal.

Este cuerpo colegiado no tiene la potestad de subirle el sueldo a los parlamentarios. Es un comité integrado por tres civiles el que toma esa decisión. Las tan cuestionadas UTL (Unidad de Trabajo Legislativo) que tienen un presupuesto de más de 45 millones de pesos por congresistas en Colombia, no existen en Suecia. Las asesorías que necesiten los asambleístas se las dan los secretariados de sus propios partidos, los cuales reciben una pequeña asignación gubernamental para ese propósito.

Empero, en Colombia no podemos ilusionarnos con una sociedad dormida y manipulada, atada al sofisma que hay que continuar con un sistema decrépito   y anodino que hace rato colapsó para no volvernos como Cuba o Venezuela, pero jamás podremos pensar en un proyecto de nación que nos transforme en una Suecia u otros países civilizados donde solo se privilegie el ciudadano.

Existen más de mil razones para salir a protestar, en uno de los países más desiguales y excluyentes del universo. Después de haber sobrevivido a un conflicto por más de 50 años, nos acostumbramos a los exterminios. Apenas el Congreso acaba de prohibir el paramilitarismo en Colombia. ¿Cuántos muertos dejaron las convivir, los hermanos Castaño, los Mancuso y los Jorge 40? Han asesinado más de 700 líderes sociales y han fallecido miles de niños en la Guajira y no hay respuesta de parte del Estado ni siquiera para reivindicar a la Etnia Wuayú. Desde hace 8 años y hasta la fecha 4770 menores han fallecido en hospitales y rancherías afirmó el Magistrado de la Corte Constitucional Alberto Rojas Ríos: “¡Esto es una barbarie!” exclamó en una audiencia realizada esta semana en la Guajira. Solo este año han muerto 39 niños por desnutrición. La razón de estas muertes ha sido por falta de agua, deficiencia en atención en salud, falta de alimentos y corrupción. En un país pobre, del tercer mundo, tenemos una clase política que vive como ricos, se volvieron insensibles y soberbios. Han convertido el Estado en un negocio particular y, por ende, no propenden por las reformas profundas que la nación reclama a gritos. Para ellos es suficiente permitir que las segundas votaciones de candidatos que aspiren a la presidencia y vicepresidencia, gobernaciones y alcaldías, ocupen una curul en el Senado, la Cámara, Asambleas y Concejos y el enredo de los coavales para que las agencias vendedoras de avales que llaman partidos tengan mayor acceso al clientelismo y al reparto burocrático que tanto daño le ha hecho a nuestra decrepita democracia… Por esto y mucho más hay que salir a protestar.

Anterior TODOS GANARON, SOLO EL PUEBLO RESULTÓ DERROTADO
Siguiente LOS AÑOS DE NOEMÍ: UNA NOVELA PARA VOLVER A LEER

Sin Comentarios

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *