LA RIQUEZA ES CONOCIMIENTO


Por Manuel Medrano

Espero que mi memoria no me traicione. De todas maneras, voy a intentar esculcar en el pasado para visualizar las imágenes de los maestros, personajes que me marcaron para siempre. Ellos trazaron un derrotero para mí, prácticamente en contravía de mis caprichos y mi ingenuidad de joven rural. Sus capacidades intelectuales y dedicación son el fruto maduro de la semilla que depositaron en ese campo árido y salobre por la cercanía con la mar del Golfo de Morrosquillo.

No tengo en orden mis recuerdos, pero fue en Tolú donde inició todo. Fue un carpintero de piel negra y áspera, a quien llamaban Juanché, el héroe de aquellos tiempos, puesto que muchos padres les dejaban a sus hijos en su amplia y desordenada carpintería para que él nos enseñara las primeras letras. Como quien dice, Juanché fue nuestro primer maestro.

Aparece en mi recuerdo la profesora Elsa, mujer esbelta y encantadora, con un carisma especial para enseñar y tratar a sus alumnos. Comenzó a inculcar al colectivo de estudiantes los primeros valores, pero debido al cambio de residencia de mis padres me tocó seguir mis estudios en Berrugas, corregimiento de San Onofre con el maestro Asclepiades Rubio, quien era una verdadera personalidad, al que pescadores y campesinos respetaban y admiraban. Era el médico y el maestro del pueblo, disciplinado y comprometido con la comunidad. Para mí fue como encontrar el primer álito de luz que comenzó a iluminar el camino para encontrar los saberes. Fueron 4 años aprendiendo en el hogar, en la escuela y en el entorno, donde se aprende de la sabiduría de los pescadores y campesinos. Una educación fortalecida, si se tiene en cuenta la sabiduría natural que brotaba en esos tiempos de tanta gente humilde y buena. Terminado el ciclo en Berrugas, retorno a Tolú con el firme propósito de culminar el quinto de primaria, pero no encontré cupo en los colegios públicos. Para fortuna mía fui a recalar donde el profesor Ismael Contreras, que tenía fama de estricto y de aconductar a los díscolos. Un escalón más en el ascenso educativo por la presencia de la mujer, ya que era un colegio mixto y muchachos como Tulio Villalobos, Horacio Puerta, Luis Carlos García, Emilio Altamiranda y Jesús María Villalobos, demostraron ser un grupo de jóvenes inteligentes y sociables. ¡Que época maravillosa!

Ya de regreso a San Onofre con las bases para iniciar el Bachillerato, en el Colegio Manuel Ángel Anachury, empieza una experiencia más compleja, en el caso mío que siempre tuve dificultades con las matemáticas, pero un capital humano excelente, entre profesores y alumnos hicieron esos tres años de convivencia en las aulas un lapso inolvidable.  Al fin culminé el bachillerato en el Liceo de Bolívar de Cartagena, donde finalizamos ese ciclo básico para abrir las mentes juveniles y contar con bases fundamentales para emprender una carrera profesional. Por cosas del destino empecé a trabajar como profesor en la Escuela Urbana de Pajonal, recién salido del bachillerato. Aplicando lo aprendido a mis profesores, logré ganarme el cariño y confianza de los padres de familia y el respeto de los alumnos.

Profesores de Colombia, muchas veces incomprendidos y estigmatizados por ir más allá del valor de educar y por despertar conciencia en una era contaminada, por la clase dominante que ha querido castrar a las nuevas generaciones, ahora cuando hay mayor acceso a la educación superior, por eso han tratado de sacar del pensum filosofía, humanidades y las bellas artes, buscando frenar el libre pensamiento y esa especie de rebeldía juvenil que han tratado de asesinar en el estudiantado.

Y han sido los maestros que no han agachado sus cabezas y no se han dejado amedrentar de un sistema que de mala gana se ha visto obligado a mejorar el nivel de su capital humano, para la mayor competitividad internacional, que por tener hombres mejor preparados para servir y no para competir.

Los maestros han impedido esa castración y no les ha importado los señalamientos que les hacen desde todos los frentes, especialmente los retardatarios y los burgueses. Han seguido insistiendo en la libertad de expresión y la autonomía en sus cátedras.

¿A qué le temen, a una revolución del conocimiento o de la inteligencia? témanle porque algún día llegará y será como un ciclón, superior a los fusiles y a las metralletas. El maestro es la joya de la corona porque ni la tecnología que, por supuesto, es muy valiosa los ha podido remplazar. Es humanidad lo que puede trasmitir humanidad, las altas tecnologías jamás podrán hacerlo porque no tienen alma, solo el maestro transfiere emoción y humanidad.

Siempre hay un maestro que nos ha marcado para bien o para mal. Maestros que han moldeado nuestras vidas. Un buen maestro es el que con su ejemplo induce a los estudiantes a apasionarse por el aprendizaje y el conocimiento, un maestro tiene vocación, siempre será un ejemplo ético, de transparencia, será un ejemplo de vida para sus educandos. El maestro es como un guía que les motiva a volar como el águila buscando ampliar sus conocimientos. Además, un país no es rico porque tenga diamantes o petróleo, un país es rico porque tiene educación.

“Si tienes oportunidad de robar y no robas, eso es educación. Si vas pasando por la calle estrecha y sedes el paso y te disculpas, eso es educación.  La riqueza es conocimiento que produce respeto ilimitado por los demás”, Antonio Escohotado Espinosa, filósofo jurista y ensayista, profesor universitario español.

El maestro imparte ese conocimiento que hace de un país una nación rica.

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