LA IMPROVISACIÓN FATAL


Por: Manuel Medrano

Por estos días cuenta la gran prensa que se están cumpliendo 31 años de que el pueblo colombiano eligió a los constituyentes que por mandato de la séptima papeleta, tendrían la misión de contribuir con el advenimiento de la Constitución del 91, en la Constituyente convocada por el entonces presidente Cesar Gaviria, quien fue el iniciador del debilitamiento de la esencia de la economía nacional con la tan cacareada Apertura Económica que acabó con Fabricato, Coltejer y toda esa infraestructura industrial que lideraron los empresarios antioqueños, terminando con el desmedro de la endeble agricultura y, por ende, deteriorando la calidad de vida del campesinado, convirtiendo el país en un apéndice en Latinoamérica que le toca importar hasta el arroz, el maíz y el pescado teniendo dos mares. Dando como resultado, según los entendidos, una constituyente improvisada y hecha a la colombiana, teniendo en cuenta los intereses de los protagonistas del momento y no el de los ciudadanos. Vale la pena mencionar algunas de las lucidas celebridades que participaron en el acto deficitario que ya ha sido reformado más de cincuenta veces y que parió el corrupto sistema de justicia que opera en este pobre país que necesita que desaparezca la doble moral y se logren visibilizar líderes de verdad para que no sigan negociando con la patria.

Entre quienes hicieron parte de la manada, por no decir jauría, se encuentran individuos que han aprovechado para sacar pecho y lucrarse de lo más granado de la burocracia estatal, como es el caso del actual ministro de defensa Carlos Holmes Trujillo, quien se ha distinguido por no dejar huellas ni rastros de eficacia y eficiencia en la cantidad de cargos por donde a cabalgado con más pena que gloria, y en estos momentos aspira a finalizar su nefasta carrera coronando la presidencia de la república, si el profano pueblo colombiano sigue durmiendo el sueño de la orfandad y la desesperanza.

Antonio Navarro Wolf, hombre de buenas intenciones, que todo parece indicar que salió bien librado como alcalde de Pasto, gobernador de Nariño y en el Senado de la República, pero nunca se percató de las arenas movedizas que pisó en sus tiempos de constituyente; Fernando Carrillo, el impoluto Procurador General de la Nación, quien perteneciera al elenco de muchachitos que propuso la séptima papeleta, pagó su novatada en la Constituyente  improvisada en el 91 –como sería de emotivo el acelere y la improvisación que una mente tan lucida como la del Dr. Álvaro Gómez Hurtado quedó obnubilada y no impuso allí el liderazgo del que siempre hizo gala en su brillante carrera política–; Francisco Maturana, el odontólogo, entrenador que logró ganar la Copa América y clasificar con la Selección Colombia junto con el Bolillo Gómez a dos Campeonatos Mundiales de Fútbol, botó todos los penaltis en la famosa constituyente del 91; Horacio Serpa Uribe, recientemente fallecido, y quien solo le faltó llegar a la presidencia de la república, porque el expresidente Ernesto Samper Pisano le hizo mamola y lo sacrificó con  el Proceso 8 mil; y Eduardo Verano De la Rosa, exgobernador del departamento del Atlántico, quien se siente presidenciable, también hizo parte de ese elenco que nos entusiasmó con la posibilidad de construir un mejor país a través de una reforma constitucional, empezando por nuestra decrépita justicia.  Dilapidaron esa gran oportunidad, junto con otros nombres ilustres que no vamos a mencionar, pero son culpables de nuestra desgracia y avatares.

Es necesario cambiar de rumbo y los mismos que han causado tanto daño jamás van a contribuir con la misión de reconstruir el tejido social y construir ciudadanía en vez de construir ciudades, para que no acontezca lo de siempre, como el caso del actual presidente Iván Duque Márquez, quien ha mancillado la institucionalidad apoderándose de la Procuraduría, la Fiscalía y el Consejo Nacional Electoral. Como si esto fuera poco, actuando como un capataz de finca acaba de firmar un millonario contrato para alimentar su propio ego, con la Radio Televisión Nacional de Colombia por valor de 6.382 millones de pesos para que maneje todo lo relacionado con los programas de televisión donde él es el protagonista y las producciones de su gobierno que se transmitirán por el Canal Institucional, como servicios de producción para contenidos audiovisuales, reportajes periodísticos, informativos, magazín, agenda internacional, entrevistas con el presidente, cápsulas, entre otros, “entendiendo que cada producto puede presentar costos variables dependiendo del lugar desde donde se realice, así como de los requerimientos puntuales que se lleguen a necesitar para cada trasmisión, dice el documento firmado por el señor presidente”. Solo la ausencia de una ciudadanía empoderada permite estos desafueros. Si los colombianos no asumimos nuestro propio rol y sentido de pertenencia en el manejo de lo público: recursos, medio ambiente, administración pública, seremos tratados como seres esclavizados.

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