LA CAPITAL DE LA BULLA


Por: Manuel Medrano

Pocas personas saben de la Liga de Impedimento Auditivo que tiene sede en Nueva York, y menos que dicha liga haya propuesto que se haga un minuto de silencio todos los 29 de mayo, para que el autocontrol de la humanidad comience a hacerse sentir y todos apaguemos, solo por un minuto, los radios, los televisores, y los elementos que producen ruidos y sonidos. Pero como siempre, la propuesta ha sido ignorada por muchos medios de comunicación, no se le ha dado la suficiente promoción para concientizar a las masas, dejando como resultado el fracaso de una propuesta que invita a reflexionar sobre las ventajas del silencio en una sociedad que apenas sobrevive, atrapada por la bulla, sin percatarse que esa actitud va en detrimento de su propia supervivencia.

El ruido de las grandes ciudades es abrumador y afecta negativamente a sus habitantes, afectando el sistema nervioso del hombre y convirtiéndolo en una víctima permanente del estrés, a tal grado, que los médicos están sugiriendo a los ciudadanos a refugiarse en los pueblos pequeños, así les toque viajar cotidianamente a cumplir con los compromisos laborales a la gran ciudad.  Un sinnúmero de pobladores de Estados Unidos prefieren la provincia, suelen vivir en ciudades un tanto alejadas de las grandes capitales, donde les toca trabajar todos los días. Por fortuna, cuentan con una buena red de carreteras y automóviles propios que ayudan a convertir en un disfrute el desplazamiento diario.

Es una lástima que en Sincelejo nadie le preste atención al ruido y a la bulla. Da la sensación de que las autoridades han claudicado abdicando a ejercer el control necesario para evitar el caos y el desorden por doquier en esta pequeña aldea, que parece agonizar ante la indiferencia de quienes la habitan. No podemos seguir siendo indolente ante la calidad de vida de los sincelejanos, que ni en el parque Santander pueden disfrutar de tranquilidad y sosiego, los pitos de las motos y de los carros los acosan, el constante perifoneo anunciando los espectáculos artísticos y deportivos flagela de manera permanente su sistema auditivo, amén de los equipos de sonidos que proliferan en los diferentes almacenes que pretenden conquistar su clientela anunciando sus productos con la animación en vivo y con un volumen desmesurado.

La ciudad de la bulla necesita ayuda para no morir de desespero, ojalá Carsucre le dé una mano, y la Secretaría del Interior del municipio ejerza los controles necesarios para que bajen los decibeles del ruido y lograr en el comportamiento de sus habitantes un cambio que genere un espíritu de convivencia en aras de que se acaben las agresiones y prevalezca el respeto y el derecho a una mejor calidad de vida

Sincelejo está ávido de la implementación de un buen programa de cultura ciudadana que proponga un cambio radical en el comportamiento de nuestros comerciantes y de la comunidad en general, para que empecemos a valorar la oportunidad que nos merecemos de volver hacer del terruño que habitamos una ciudad amable y acogedora.

La ciudad de la bulla debe desaparecer y las autoridades tienen que ayudarnos.  Algunos sincelejanos se han ido a vivir a Chochó y no se arrepienten de ello a pesar de las limitaciones que tiene este cercano corregimiento. Hay que hacer algo para salvar la aldea de la dictadura de la bulla y el ruido antes de que sea demasiado tarde.  Es necesario apreciar el silencio en toda su dimensión para que notemos la diferencia e intentemos comunicarnos en un futuro no lejano con la Liga de Impedimento Auditivo de Nueva York, para pedir ayuda y asesoría.

Anterior LA MALDICIÓN DEL CABARET
Siguiente EL FRACASO DE LA DEMOCRACIA

Sin Comentarios

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *