IGNACIO VERBEL VERGARA: UN SER VISIONARIO DE LA REALIDAD


Apuntes anónimos

Por: CÉSAR JULIO MENDOZA MARTÍNEZ

Los artistas son seres extraños, capaces de traspasar su mirada por las paredes del tiempo, para leer el silencio. Ellos son los únicos que pueden viajar al pasado, contemplar el presente y proyectar su pensamiento a un futuro, incapaz de ser leído, por una mente que no posea la sensibilidad suficiente para descifrarlo. Esto permite inferir que en ocasiones no se sabe si transitan realmente entre los humanos, o simplemente están aquí de paso, recorriendo un espacio obligado en su existencia.  Son míticos, mágicos, suprasensibles o seres alados que poseen el don de la ubicuidad. Se instalan en los lugares impensados por la mente y, en un estado de levedad, se levantan sin dificultades para contemplar aquello que los demás no son capaces de ver.

Como visionarios, entonces, estos seres organizan la realidad de acuerdo a su óptica, porque su capacidad perceptiva, irrumpe en un mundo cuyos límites no están dados por cánones preestablecidos. Por eso, su mirada no obedece a la misma linealidad de nosotros y estas son razones para entender el porqué, en ocasiones, se tornan incomprensibles para muchos. Uno de estos personajes, con las características descritas anteriormente, es IGNACIO VERBEL VERGARA, filósofo, narrador y poeta nacido en Caracol, corregimiento de Toluviejo, Sucre, hace ya más de seis décadas  y cuya obra APUNTES ANÓNIMOS, coloca en evidencia esa creatividad que tienen los seres humanos para navegar en las paradójicas aguas del espíritu. En esta obra, ganadora del portafolio de Estímulos ConfinARTES  convocado por el Fondo Mixto de  promoción de la Cultura y las Artes de Sucre 2020, se plantea la ruptura  de la realidad como propuesta al estilo vanguardista. Son 83 capítulos en donde se canta a la vida, se describe el dolor del ser humano con todos sus desgarres, se revela la muerte con sus múltiples formas y etapas que atraviesan a la especie humana.

APUNTES ANÓNIMOS, es una novela polifónica donde hacen presencia cientos de personajes de los diversos estratos y niveles de la sociedad. Son voces desarraigadas que deambulan por un contexto de indiferencia pidiendo ser escuchadas en un mundo deshumanizado. Por esta razón, esta obra puede ser abordada desde cualquier capitulo, al mejor estilo de Ulises de James Joyce,  o Rayuela, de Julio Cortázar. En cada una de estas producciones, el lector asiste, de manera cómplice, a la construcción y deconstrucción de una realidad que se le ha dado en fragmentos para que pueda hilvanar las historias en un juego de situaciones comunes, donde cada uno se encuentra así mismo. Esta técnica narrativa ya había sido propuesta por los escritores de la corriente del fluir de la conciencia, inaugurada a principios del siglo XX por los escritores William Faulkner y Virginia Woolf, influenciada por la aparición de la psicología de Sigmund Freud. En la obra “Las olas”de Woolf, por ejemplo, hacen presencia seis personajes que hablan al mismo tiempo y en el discurrir de sus diálogos, aparece la autorreflexión como una manera de plantearle al lector la capacidad de distanciamiento que el sujeto puede alcanzar de su cotidianidad.

En lo referente al lenguaje, está sujeto al nivel de pensamiento de cada personaje que interactúa en su realidad. Por lo tanto, en ocasiones, es tosco, burdo, morboso, lleno de lascivia con el tinte perfecto para descifrar su conciencia. “Y suelta un salivazo que cae, inmisericorde, en los ojos del torturado y resbala hasta sus labios. El hombre quiere limpiarse pero no puede porque tiene las manos atadas. Soba sus labios contra la sucia pared. La saliva, mezclada con la mugre, forma una masa pestilente. Pág. (65). En otras, está cargado de imágenes sensoriales que le dan un toque elegante y refinado, propio de seres inundados de pasión, de fiesta, de conocimientos y estética. Figuras como la paráfrasis, la anáfora, las metáforas y símiles, recorren el texto con soltura y se adueñan de los bordes de cada expresión, como queriendo mostrar a ese otro mimetizado en las fibras de la palabra que lucha por sobreponerse a la crueldad y a la barbarie. “Una ligera modorra acompasa mi existencia. En ligero ensueño miro pasar a las amadas más puras y frescas de la historia: veo cascadas de Sílfides, ninfas de cristal, estrellas de amatista, agua de estrellas. Despierto y todavía hay rastros del manzano, de las rosas, de las raíces, de savias, de resinas, de polen, de jilgueros, de libélulas, de margaritas, de nubes, de humedades femeninas, de esperanzas” Pág. (11).

Finalmente, hay una constante en la obra de este visionario nuestro: El dolor humano en todas sus dimensiones. Hay un estallido de sonidos, de voces desprendidas desde el fondo de la existencia, cantos abigarrados que reclaman la presencia de una conciencia, que vea en el otro, no al enemigo para eliminarlo, sino aquel que sigue siendo solo una extensión de nuestra prolongación humana. Su angustia es la misma de todos los que cabalgan por el universo, conscientes de que somos una sola especie aniquilándose a sí misma. Somos el dolor de un hombre que como Héctor Rojas Herazo, lo plasmara en su obra “Desde la luz preguntan por nosotros” para manifestarnos el estado a que ha sido relegada la especie que lucha cada día por una libertad, viviendo en la soledad, el drama de saberse finito y estar limitado por la muerte. Este choque que vive cada ser humano con su otredad, es la ignorancia más absurda de una sociedad que no ha podido superar las disyuntivas ideológicas y solo nos queda en la memoria, la oportunidad de convivir con nuestros fantasmas, con nuestros recuerdos, alejados de una ética que nos desnuda en el corazón de la noche y nos levanta en cada amanecer con la esperanza de alcanzar la utopía: la convivencia como hermanos en un planeta que nos regala la energía divina.

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