HABLANDO DE: HAY UN LUGAR PARA TUS OJOS


Novela de Roberto Montes Matiheu

POR MARTINIANO ACOSTA*

Hay un lugar para tus ojos (2019) es el título de la novela escrita por Roberto Montes Mathieu, escritor sincelejano, quien estudió Derecho en Bogotá donde, además de trabajar en organismos del Estado, se desempeñó como docente universitario durante más de treinta años. Ha hecho periodismo cultural en varias revistas en todo el país y ha ganado concursos nacionales de cuento y poesía y la Universidad Popular del Cesar le otorgó el primer premio por una investigación musical titulada: Maestros del Acordeón (2012), crónicas.

Hay un lugar para tus ojos aparece publicada dentro de la Colección de Textos Cautivos, apoyada por el Grupo Editorial Ibáñez y su sello de literatura Uniediciones. El director de la colección Zeuxis Vargas Álvarez expresa: «la colección fue pensada no sólo para la satisfacción de una lectura recreativa o agónica, sino que fue diseñada con unas franjas de colores que permiten organizar toda una estantería a complacencia del lector con fines educativos y de promoción de lectura».

La cubierta de acentuado erotismo muestra figuras desnudas entrelazadas, obra del pintor banqueño Ángel Almendrales. El título de la novela me ofrece ─a simple vista─ una pincelada poética, romántica, pero en profundidad es una voz femenina (narradora en primera persona) que se despliega contándonos su vida cotidiana, amorosa, sexual, sus problemas familiares, sus fracasos y triunfos. Una mujer que, a pesar de las normas de una sociedad católica, tradicional, en la que vive, se empeña en buscar su propia felicidad, aunque el camino a recorrer en el amor esté poblado de obstáculos, de sinsabores y cuyas actitudes, muchas veces, no encajan en lo que la sociedad ha establecido. Ella cuenta minuciosamente sus desgarros, su entrega total física y sexualmente a su amante, sus sufrimientos y abandonos.

La narradora va deshilando su historia amorosa e íntima con su amado (poeta) con el que nunca logra establecer una sociedad conyugal porque este ya está casado con otra mujer y tiene dos hijos. Sin embargo, por encima de ese conflicto idílico, ella no renuncia a él, va en contra vía, no le importa lo que piense su familia, sus amigos ni la sociedad que la señala y la critica.

Al tema de «los ojos» en la novela le he puesto muchos ojos. Este tópico es polivalente para mí: Mirar la vida de otra manera. Analizar las perspectivas para obtener provecho. Observar el entorno. Ver, nos lleva a ser cautelosos y a pensar cómo debo actuar mejor. Por la vista entra todo. Los ojos son delatores. Son testigos. Las miradas delatan la sensualidad. El amor a primera vista.  Se habla con los ojos. Grabar la imagen de alguien y portarla en los ojos. No en balde se dice la expresión «los ojos son el espejo del alma» y traigo los versos de Gustavo Adolfo Bécquer: «El alma que hablar puede con los ojos, también puede besar con la mirada».

El ojo es como una cámara fotográfica que va tomando todos los detalles, imágenes eróticas, sexuales, poéticas no poéticas, románticas o no. Ese ojo escudriña, hace fluir la fantasía. En la novela de Roberto Montes, Hay un lugar para tus ojos, se encuentra un rinconcito en el que él puede guardar los ojos de ella a pesar de todos los contratiempos. El autor, en una entrevista en el periódico El Meridiano, expresó: «Es una novela que está narrada en primera persona por una mujer. El escritor, que es hombre, se mete en los zapatos de una mujer y empieza a hablar sobre el mundo a través de la visión femenina, hecha desde los ojos de una mujer, con su sensibilidad». «Tampoco pude decirte que él no es como tú; lo he sabido desde el principio, y más ahora cuando veo los ojos de mi hijo, mi hijo varón, iguales a los tuyos».

De tal manera que narrar los hechos desde la perspectiva de una mujer vuelve más sensible la narración. El lector, y esa fue mi sensación, parece que escuchara con más atención la voz de aquella mujer que está contando sus alegrías, sus actos amorosos, sus encuentros o desencuentros sexuales con el amante, desnuda su intimidad.

Al final de la obra, tal vez lo que uno espera, es que ella se vaya con él. No obstante, la tradición, la familia, sociedad pesan y ella decide seguir viviendo en medio de ese mundo que la castra, la frustra. Prefiere hundirse sin remedio en la rutina y dejar escapar el amor verdadero, aunque otro la esté pretendiendo y ella no lo quiera. Así lo manifiesta el personaje: «Con toda sinceridad me expresabas tu modo de pensar. No me engañabas. Me querías para llevar una vida así, placentera pero escondida y sin futuro». «Pero el fuego que ardió tanto tiempo se fue apagando y no quise o no pude hablarte de mi   nueva relación…».

Una virtud de la novela es la fluidez de los hechos, la dosificación, la mesura de cada acción narrada. Se conjugan tan bien el amor, el sexo y el humor. Pilares que sostienen el tema central. Estos aspectos logran que la obra fluya, que agrade, que llame la atención y su lectura sea tan rápida y amena que no permite despegar los ojos de las acciones hasta terminarla.

Es sabido que las lecturas son una especie de reacción en cadena. Muchas obras nos remiten a otras. Desarrollan temas conocidos universales: el amor, la muerte. Justamente leyendo: Hay un lugar para tus ojos, me vinieron a la mente otras historias ya conocidas, famosas historias de amor. Novelas románticas que han sido relevantes en nuestro mundo literario, contando amores conflictivos. Vale mencionar algunas en las que se desarrolla esa temática, por ejemplo: El túnel, de Ernesto Sábato; Orgullo y Prejuicio, de Jane Austen; Lo que el viento se llevó, de Margaret Mitchell; William Shakespeare en Romeo y Julieta, el amor trágico. Pero en Hay un lugar para tus ojos, la tragedia no es sangrienta sino de sicológica: «Me descompuse, sentí ganas de llorar, pero me aguanté». «Una relación extraña, como dices, pero la única que podíamos tener».

El personaje reflexiona y expresa que, en nuestra sociedad, una mujer fracasada es carne de cañón de los hombres que la morbosean, la desean. La misma sociedad las señala y las macartiza por su soltería o porque piensan que esa mujer está gozando con uno o con otro hombre. Una sociedad hipócrita que ensalza y las estrella contra el piso, en la que se pagan bien caros estos comportamientos: «A mi hermana dos o tres fracasos le enseñaron a recapacitar para no incurrir en las desgracias que parecían perseguirnos». «A las mujeres siempre nos señalan por los fracasos de la pareja, como una constante social». «Siempre ha sido así, a la mujer sola hay que caerle porque debe estar desesperada por tener hombre».

Ahora bien, el tratamiento del lenguaje erótico a mi juicio está balanceado: unas veces sutil; otras, descarnado, pero, pienso que no incomoda ni hace que la obra se vuelva burdamente obscena. El autor lo encara sin tapujos, nos va entregando aspectos eróticos por dosis moderada a lo largo de la obra: «El tacón del zapato atorado en la alcantarilla y tú agachado tratando de zafar mi pie, agarrándome por primera vez sin que intuyera lo que vendría después». «Por detrás, estás que cortas, mi Venus Calipigia». «Sentí cómo me recorrías discretamente con tu mirada (…) el pantalón de pana rojo, ajustado en las nalgas…era tu Venus Calipigia», término que significa: «Afrodita, la de hermosas nalgas». «Luego tu lengua empezó a abrirse camino por ellos hasta encontrar el lugar preciso de la dicha». «Tendida en la arena subiste sobre mí, separado por mi biquini amarillo. Sentí tu miembro parado y quise, tuve el deseo, de tenerlo adentro, pero no te lo dije, no me atreví». «Yo disfrutaba cuando me pasaba el pene por el borde del biquini, entre las piernas».

Así pues, estoy convencido de que la historia de amor del poeta y de la mujer que hacía de secretaria en esta obra, no es una explosión erótica, al contrario, parece que matiza las escenas eróticas con expresiones de humor: «Niña, tengo el caballo en la puerta, ¿te quieres venir conmigo?». «Que cuando fuera tu mujer me ibas a tener en tu casa todo el tiempo sin interiores». «Si te la sabes cántala, si no guárdatela, dijiste. Me dio risa y también rabia, aunque sabiendo cómo eres tú, el humor que marca cada uno de tus actos». «Cuando yo muera ríanse, quiero que todos se rían». «Si lo que quieres es que te echen un polvo yo te lo echo y todo queda en familia». «Como mujer tenía necesidad de hombre, de sentir un pene recreando mi vagina». «Las mujeres necesitamos ser y sabernos deseada».

Finalmente, sin dudas, hay un lugar excelso en mi biblioteca para esta novela.

Mayo 5 de 2020

Santa Marta, cerca del mar.

*Nacido en Baranoa, Atlántico. Residenciado en Santa Marta por más de treinta años. Licenciado en Filología e Idiomas de la Universidad del Atlántico, Especialista en Metodología del Español y la Literatura en convenio con la Universidad de Pamplona y Universidad del Magdalena. Directivo docente del Instituto de Educación Distrital Hugo J. Bermúdez. Máster en Creación literaria de la Universidad de Internacional de Valencia, España. Actualmente es docente catedrático de la Universidad del Magdalena en Competencia Comunicativa. Fundador de los talleres literarios: «José Martí» y «Álvaro Cepeda Samudio» en la ciudad de Santa Marta. Distinguido con varios premios nacionales e internacionales: Concurso de cuento: «Diario del Caribe», Barranquilla. Concurso de cuento: «40 años Uni-Atlántico», Barranquilla. Primer puesto en el Tercer Festival de poesía y cuento, de San Diego, Cesar. Primer puesto en el Concurso Latinoamericano de cuento revista Koe’ yu, Caracas, Venezuela. Finalista en el Concurso de cuento: «Jorge Zalamea, Medellín». Primer premio en el concurso de ensayo Manuel Clemente Zabala, Bolívar. Primer Premio libro de cuento Asociación de Escritores del Magdalena: «La Ciudad de las Ventanas».
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