GUSTAVO GUTIÉRREZ CABELLO


El fidelísimo romántico de la “Confidencia

Por Eddie José Daniels García

Este texto hace parte del libro: 
GRANDES COMPOSITORES DE LA MÚSICA VALLENATA, 
próximamente a publicarse en Editorial Torcaza.

La primera vez que escuché el nombre de Gustavo Gutiérrez fue en la canción “Confidencia”, grabada por el destacado acordeonista Alfredo Gutiérrez Vital a comienzos de 1969. En ese momento, el departamento del Cesar estaba recién creado, y el pueblo caribeño, en particular los habitantes de Valledupar, se disponían a celebrar el segundo Festival de la Leyenda Vallenata, el fabuloso certamen que había empezado el año anterior, bajo la sabia organización de Rafael Escalona Martínez, Consuelo Araujonoguera, Hernando Molina Céspedes y Alfonso López Michelsen, quien entonces se desempeñaba como primer Gobernador del joven departamento. Como recordaremos, en el evento inaugural que se celebró del 27 al 30 de abril de 1968, donde Gustavo Gutiérrez actuó como jurado, junto con Tobías Enrique Pumarejo, Jaime Gutiérrez de Piñeres y el político momposino Miguel Facio Lince López, resultó ganador Alejandro Durán Díaz, el famoso “Negro Alejo”, natural de El Paso, Cesar,  quien  con la puya titulada “Pedazo de acordeón” logró vencer en la tarima a los consagrados acordeonistas Emiliano Zuleta Baquero, Luis Enrique Martínez, Antonio “Toño” Salas, Ovidio Granados  Durán  y  Abel Antonio Villa.

Para satisfacción de su inmensa fanaticada, Alfredo Gutiérrez, quien ya gozaba de una fama inigualable en el manejo del acordeón  y se disponía a participar por primera vez en el segundo Festival, había lanzado el elepé titulado “Romance Vallenato”, volumen 1, en el cual la hermosa canción de Gustavo Gutiérrez  se había convertido en un éxito indiscutible, junto con “Los novios” de Fredy Molina, “Corazón de acero”, “Ay, Elena” y “Capullito de Rosa” de Rubén Darío Salcedo”, “Me dejaste solo” de José Garibaldi Fuentes, “Lejanía” de Jorge Calderón Becerra, “Por qué te marchaste” de Pedro García Díaz  y “Ojos indios”, “Cabellos cortos”  y “La que se fue” de Alfredo Gutiérrez. Y a pesar de que dos años antes “Confidencia” ya había sido grabada por su propio autor, quien, acompañado por Freddy Molina Daza en los coros, cantó y ejecutó un acordeón piano en el álbum titulado “Concierto Vallenato”, no alcanzó la simpatía que logró conquistar  bajo  las notas penetrantes y la voz  melodiosa e inconfundible  del “Rebelde del acordeón”, el calificativo que desde su frustrada participación en el segundo Festival de la Leyenda Vallenata viene identificando a Alfredo Gutiérrez.

Confidencia”, que según el diccionario de la Real Academia Española significa “comunicar o revelar algo en secreto”, es un hermoso paseo romántico donde el autor, anunciado su nombre, evoca los recuerdos placenteros que vivió al lado de una mujer. Está estructurado en cuatro estrofas de cuatro versos heterométricos con rima parcial alternada, en los cuales dos estrofas se repiten a manera de coro. En el primer apartado estrófico se presenta la introducción: “Gustavo Gutiérrez Canta/ en Valledupar cuando sale el sol./ Nada compara ese encanto/ sólo tu mirar, divino mi amor”, Y enseguida continúa la evocación: “Ay! si pudiera volver al pasado/ en confidencia disfrutaría/ de tus besos con mayor encanto/ en confidencia te pediría./ Bésame todos los días/ hasta la hora de la muerte/ y más allá de la muerte/ no me olvides vida mía”. Y termina con la conclusión: “Mis sentimientos la lloran/ es porque sufrir, es porque sentir/ algo que dentro le implora/le quiere decir que vuelva a venir”. Para culminar, después de un hermoso concierto de notas, se repiten las dos estrofas del coro.

La trayectoria musical de Gustavo Gutiérrez, que ya supera el medio siglo de existencia, se inició a mediados de los años cincuenta, cuando era todavía un adolescente y la música de acordeón no gozaba de la simpatía ni del prestigio que comenzó a experimentar posteriormente. Por eso, su pasión inicial fue tocar la guitarra, que era el instrumento preferido por los escasos conjuntos existentes y éstos constituían la atracción en todas las ciudades y poblaciones de la región Caribe. Se vivía, además, la marcada influencia de la música andina, interpretada por famosos dúos del interior, como “Los Tolimenses”, “Garzón y Collazos” y el “Dueto de antaño”, que perduraron mucho tiempo y con sus canciones inmortales hacían vibrar de emoción al pueblo colombiano. Fue entonces cuando Gustavo Gutiérrez, apenas con quince años cumplidos y ya muy experto en el punteo de la guitarra, conformó un trío con sus amigos del alma, Jorge Arregocés y Carlos Espeleta, y comenzó a ganarse sus primeros pesos, alegrando algunas parrandas menores y ofreciendo serenatas de boleros, rancheras y otros ritmos románticos a los enamorados de Valledupar.

Sin embargo, detrás de su ferviente vocación por el arte musical estaba la influencia y el rigor de su padre, don Evaristo Gutiérrez Araújo, quien siempre deseó para su hijo la conquista de un título profesional. Esto le significó a Gustavo la necesidad de alternar sus andanzas musicales con los estudios de bachillerato, los cuales cursó inicialmente en el Colegio Antonio Nariño de Medellín y culminó en el José Celestino Mutis de la Capital de la República. Y en esta misma ciudad se graduó como administrador de empresas a comienzos de los años setenta, pues ésta había sido la voluntad inquebrantable de su progenitor, quien afirmaba sin recelos que “Gustavo tenía que ser un profesional y debía coger la música como un simple pasatiempo, porque la música no daba plata”.  Una posición muy similar a la que asumió Gabriel Eligio García Martínez, el telegrafista de Aracataca y papá de Gabriel García Márquez, quien siempre quiso que su hijo fuera “un profesional del derecho y no un simple escritor”, como lo que quería y soñaba ser el futuro Premio Nóbel. “Desafortunadamente, mi padre decidió por mí”, ha expresado el compositor en diversas oportunidades.

A parte de su fervor por la guitarra y de la admiración que siempre ha sentido por algunos boleristas, como Armando Manzanero, Leo Marini, Orlando Contreras, Daniel Santos, Raúl Di Blasio y Felipe Pirela, Gustavo Gutiérrez también se esmeró en aprender a tocar el acordeón, gracias a la influencia de José Tobías, su hermano mayor, también músico, fallecido en 1996.   Y era un reto dedicarse a ejecutar este instrumento, sobre todo, en aquella época en que la música de acordeón era despreciada por la sociedad, no sólo en Valledupar, sino en casi todas las ciudades de la Costa, pues se decía por doquier que los que se dedicaban a ella, “no eran más que personas parranderas y sin oficio”. Se comenta, a propósito, que por ese tiempo había un letrero visible en el Club Valledupar que rezaba “No se acepta la música de acordeón”.  Pues, como todos sabemos, eran los bellos tiempos en que las grandes orquestas nacionales y extranjeras, como las de Lucho Bermúdez y Pacho Galán, “Los hermanos Martelo”, “La Sonora Matancera”, “La Billo’s Caracas Boys” y otras también reconocidas, amenizaban los fastuosos y encopetados bailes de salón.

Después de “Confidencia”, considerada su opera prima, y, según él mismo afirma, su canción más representativa, el repertorio musical de Gustavo Gutiérrez Cabello, llamado amigablemente “El flaco de Oro”, es tan extenso que supera las cien composiciones, casi todas en ritmo de paseo y, la mayoría, grabadas por los conjuntos más selectos del folclor vallenato, y otras, por algunas agrupaciones de prestigio internacional.  Y a pesar de que él siempre se ha considerado que “es más cantante que compositor”, “que es un cantante que ha escrito algunas canciones”, en todas sus composiciones, hay un sello personal que lo identifica, lo caracteriza y lo torna inconfundible. Además, la variedad temática de sus creaciones, surgida de la experiencia, de la razón y, en especial, de los sentimientos, hacen de estas canciones, verdaderas joyas románticas que conmueven el espíritu y llenan de emoción y entusiasmo a todos los oyentes. Son letras donde están presentes el amor, la mujer, la amistad, la tristeza, el paisaje natural, el costumbrismo, la fantasía y todos aquellos motivos externos, capaces de conmover   y exaltar la sensibilidad humana.

Ahora, haciendo énfasis en su condición de cantante –o vocalista, como también se denomina-, Gustavo Gutiérrez ha sido un auténtico cultivador de su vocación primigenia o, más bien, de su cualidad natural. Este privilegio le ha proporcionado mucho respeto y admiración, no sólo en Valledupar sino en toda la región Caribe.  Por eso, en muchas ocasiones, ha sido franco al afirmar que “se hizo compositor por carambola”, significando con ello que su pasión del alma es cantar, y que “cantando es la única manera de sentir la música”.  Y, sin duda alguna, ésta ha sido la actividad que lo motiva y lo mantiene inalterable a través del tiempo. Porque, fue cantando los boleros: “Únicamente tú”, “Solamente una vez”, “Sin ti”, “Espérame en el cielo” y otros por el mismo estilo, que inició su larga y fecunda trayectoria musical. Y en su debut como cantante, aún se recuerda la participación que tuvo, vocalizando varias canciones, con la Billo´s Caracas Boys, en una presentación que hizo esta orquesta en el Club Valledupar, en diciembre de 1965. Esta intervención le granjeó la admiración de Billo Frómeta, el eterno director de la famosa agrupación venezolana.

La única frustración de Gustavo Gutiérrez, si es que así puede considerarse, es no haber sido pianista. Y quería serlo, lógicamente, porque tenía la influencia directa de su padre, quien se había distinguido por ser un excelente ejecutor del piano y del violín, y, además, tenía una reputación muy bien ganada por la maestría y la elegancia con que tocaba los valses de moda y otros géneros propios de la música colombiana. Por razones inexplicables, Gustavo no aprendió a manejar estos instrumentos, tal vez, impedido por las obligaciones que le representaban los estudios. Sin embargo, su carga emocional, su talento y sus cualidades innatas, encontraron refugio en la guitarra, que es el instrumento que desde siempre lo acompaña a todas partes, y en el acordeón, que utiliza con menos frecuencia.  Con ambos ha realizado algunas  grabaciones en distintas oportunidades, interpretando sus propias canciones o, también,  las de otros reputados compositores, a quienes  venera y les profesa una singular admiración. Entre ellos figuran Rafael Escalona Martínez, Tobías Enrique Pumarejo, Freddy Molina Daza, Leandro Díaz Duarte y Emiliano Zuleta Baquero.

La mayoría de las composiciones de Gustavo Gutiérrez, por no decir todas, y sobre todo aquéllas que se caracterizan por tener un profundo sustento lírico, han sido grabadas por los vocalistas más renombrados de las últimas décadas. Bellísimos paseos como “Adiós a Pedro Castro”, “El niño de la calle”, “Mariposita”, “Rumores de viejas voces”, “El regalito”, “El silencio de Freddy”, “Al otro lado del río” y “Camino agreste” fueron interpretados por Alfredo Gutiérrez. Otros, como “Así fue mi querer”, “Tanto que te canto”, “Corazón martirizado”, “Amores que van y vienen”, “Ay mi vida”, “Aquella tarde” y “No hay dolor en mí”, se llevaron la gloria de ser cantados por Poncho Zuleta, llamado por sus admiradores “El Pulmón de Oro”. Asimismo, “El ruiseñor del Cesar”, Jorge Oñate, se lució cantando “Paisaje de Sol”, “Lloraré”, “Inquietud”, “Sencilla y cariñosa”, “El amor no es duradero”, “Calma mi melancolía”, “Mi nostalgia eres tú”, “El cariño de mi pueblo” y otros temas de reconocida trascendencia. También, Beto Zabaleta se tornó magnífico en la vocalización de “Regalo mis canciones”, “Busco una compañera”, “Alégrate por que vengo” y “Parrandas inolvidables”.

“El Cacique de la Junta”, tampoco ha pasado inadvertido en las canciones de Gustavo Gutiérrez.  Bajo su interpretación, celebérrimos paseos, como “Si te vas te olvido”, “Sin Medir distancia”, “Camino Largo”, “Alma herida”, “Se te nota en la mirada”, “Llegó el verano” y “Delirio”, se han ganado la aclamación del público. Rafael Orozco, quien fuera el cantante estelar del “Binomio de Oro”, también inmortalizo bellísimos temas, como “Viejos anhelos”, “No sé pedir perdón”, “Tú marcas la diferencia”, “Mujer de mis sentimientos”, “Mil razones”, “Mañana sale el sol”, “Lamento provinciano”, “Sé que volverás”, “De tanto verte” y muchos otros, que en la atractiva voz del cantante becerrilero, asesinado  en Barranquilla el 11 de junio de 1992, se convirtieron en auténticas joyas de la música vallenata. Y para cerrar su exquisito repertorio, otros cantantes de reconocida fama, nacional e internacional, entre ellos, Alberto Fernández, del trío “Bovea y sus vallenatos”, Cheo García, “El guarachero del Caribe”, vocalista estrella de la Billo’s, el maestro Pello Torres, director de la Orquesta “Los Diablos del Ritmo” de Sincelejo, Juan Piña con “La revelación” y Leo Dan, el famoso baladista argentino, también vocalizaron sus composiciones.

Y, como caso singular, tenemos que las dos únicas veces que Gustavo Gutiérrez ha concursado en  la modalidad de la Canción inédita del Festival de la Leyenda Vallenata ha resultado ganador. La primera participación fue en 1969, cuando se inauguró esta modalidad. Participó con el paseo “Rumores de viejas voces”, y los miembros del jurado, Carlos H. Escobar Sierra, Jaime Gutiérrez de Piñeres y Alejandro Durán, no vacilaron en premiar esta composición, que es una apología a los tiempos pasados. La canción está estructurada en cinco estrofas de distintos versos y diferentes medidas con rima total o parcial alternada. La introducción dice: “Adiós recuerdo/ recuerdos amigos/ de mi viejo Valle/ Valle mío querido”. La segunda estrofa evoca los tiempos pasados y lamenta la situación presente: “Ya solo quedan en páginas bellas/ esos recuerdos de Rafael Escalona/ vivimos siempre entre pleito y querellas/ y hasta el folclor ya no encaja ni entona”. El tercer apartado continúa con la evocación: “Ya no se escuchan las notas acordes/ de viejos sones de Tobías Enrique/ Jaime Molina y sus versos de amores/ ya quieren irse por odios y piques”. La cuarta estrofa define la época actual: “Porque mi tierra ya no es lo que fue/ emporio de dulce canción/ remanso de dicha y de paz/ y amenizado en acordeón”.

La segunda participación fue en 1982 con el paseo “Paisaje de sol”, el cual firmó con el seudónimo de “El Flaco de Oro”. Desde un comienzo, los miembros del jurado, Mauricio Portnoy, Lácides Daza y Egidio Cuadrado, quedaron convencidos de que esta canción sería la ganadora. Se estructura en varias estrofas de distintos versos de metros irregulares con una ligera rima parcial alternada. Su estrofa inicial describe la belleza de un pueblo imaginario, que, con toda seguridad, es Valledupar: “Dame tu mano mi amigo/ que quiero saludarte/ desde hace un tiempo que busco/ la forma para hablarte/ven y hablemos de cosas/ que nos traerán recuerdos/ coplas de viejos caminos/ que enmarcan a mi pueblo”. La segunda estrofa invoca la población: “Pueblo de mis cuitas y realidades/ que en ti creció/ toda la grandeza del destino/ que Dios te dio”. Y sigue la descripción topográfica: “Qué bello es el cielo/ de la tierra mía/ y el paisaje crece/ crece en lejanía”. Continúa el coro: “Aquel paisaje nació/ sobre una tarde de sol/ y allí el destino marcó/ el sendero de mi pasión,/ y desde entonces yo soy/ romántico y soñador/ porque no puedo cambiar/ la fuerza de mi expresión”. La penúltima entrada identifica al autor: “Tengo palabras de aliento/ porque tengo poesía/ flota en el viento la fuerza/ que tiene el alma mía”. La última estrofa es más subjetiva: “Traigo la esperanza del hombre alegre,/ de aquel cantor/ que en versos y flores/ mitiga el alma, mata el dolor./ Las nubes descansan/ en la serranía/ y al bajar del Valle/ llueven de alegría”.

Actualmente, la vida del ilustre compositor Gustavo Gutiérrez Cabello, también llamado cariñosamente “Gustaveta” transcurre feliz en su Valledupar querida, donde nació el 12 de septiembre de 1940, frente a la iglesia La Concepción en la Plaza Alfonso López, tras haber coronado recientemente los setenta y dos años de edad.  Allí, al lado de su compañera Yenis Armenta, con quien tuvo dos hijos, vestido siempre de blanco y, algunas veces, con su guitarra bajo el brazo, alterna su pasión musical con las charlas cotidianas, las visitas a sus amistades y el papel que desempeña como miembro permanente de la junta directiva del Festival Vallenato. También, de vez en cuando, lo escuchamos en las entrevistas que le hacen y son transmitidas por los distintos medios informativos. En ellas, siempre apreciamos su posición crítica y polémica, sobre la crisis temática y de estilo que atraviesa el folclor vallenato de la actualidad. Condición que lo entristece, y de ello culpa a las casas disqueras, porque, según él, le recomiendan a los compositores que produzcan letras cursis, “donde impere el sufrimiento, la tristeza y el desamor”

Y siguiendo la línea, o más bien el estilo, de algunos compositores, como Álvaro Cabas Pumarejo, Hernando Marín Lacouture, Camilo Namén Rapalino, Emilianito Zuleta Díaz, Rafael Manjarrés y otros, Gustavo Gutiérrez Cabello también se decidió a pasar de la composición a la interpretación. Para ello hizo una selección de catorce de sus títulos preferidos y grabó recientemente el álbum titulado “Canciones que son amores”, donde él mismo maneja el acordeón e interpreta sus composiciones.  Sobre este particular, todos sus amigos, fanáticos y admiradores consideran que este álbum es una pieza de mucho valor para el folclor vallenato, sobre todo por los temas que registra: “Lloraré”, “Camino largo”, “Confidencia”, “Sin medir distancia”, “El cariño de mi pueblo”, “Ella lo sabe”, “Corazón martirizado”, “Conquista fácil”, “La espina”, “Ojos tristes”, “De poquito a poco”, “Popurrí”, “Llegó el olvido” y “El regalito”. Con toda seguridad, este trabajo musical será el comienzo para que “El emperador del vallenato romántico” o “El alma del vallenato romántico”, como también se califica a Gustavo, se motive para   realizar otras producciones discográficas. Actividad que lo mantendría vigente en el mundo y folclor vallenato.

Asimismo, frecuentemente, sale a cumplir con las numerosas invitaciones que le cursan en otras poblaciones, bien para actuar como jurado de concursos o bien para realizar presentaciones musicales. Sin embargo, a pesar de las muchísimas ocupaciones que lo rodean, Gustavo Gutiérrez siempre dispone del tiempo necesario para participar en algunas parrandas y llorar cuando escucha “La gota fría” o “Tiempos de la cometa”, las canciones que más lo emocionan. También le sobra tiempo para seguir cultivando su romanticismo y “cantar en Valledupar, cuando sale el sol”, así como él mismo lo manifiesta en “Confidencia”, su primera y más representativa composición. La misma que hace más de cuarenta años cautivó la simpatía popular cuando la grabó Alfredo Gutiérrez y, con toda seguridad, sirvió de fondo emocional a muchísimas parejas de enamorados. La misma que fue cantada en el Cementerio Central de la Capital de la República, junto con “No voy a Patillal” de Armando Zabaleta Guevara y “El amor, amor” de autor desconocido, durante los funerales del doctor Alfonso López Michelsen, el 12 de julio de 2007, por ser éstas las canciones predilectas del ilustre ex mandatario colombiano.

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