EXTRANJERISMOS: USO SITUACIONAL


Por: Daniela Sampayo

Para muchos, la proliferación de los extranjerismos en la lengua española significa la contaminación del lenguaje y el empobrecimiento cultural. Para otros, es una consecuencia directa de la globalización, las redes sociales y el crecimiento tecnológico; para mí, se trata de un fenómeno que, si bien se ha agudizado, no es realidad nueva y tampoco necesariamente negativa. Personalmente considero que quienes determinan como se usa un lenguaje son aquellos quienes usan dicho lenguaje; la adaptación y evolución es algo natural en todos los idiomas:

Creo que muchos de los que se oponen tan enérgicamente a los neologismos y a los extranjerismos olvidan que el lenguaje es un ente dinámico y a quienes les preocupa la “contaminación” lingüística y abogan por mantener la “pureza” de la lengua ignoran que todos los idiomas actuales provienen a su vez de otras lenguas que han dejado precisamente un legado. Todas las lenguas romances, incluyendo el castellano son precisamente un producto de la “contaminación” de la lengua latina. Podríamos decir que las lenguas romances destruyeron el latín, pero pienso que sería más apropiado considerarlas un legado de la cultura romana.

Volviendo a los extranjerismos, y una vez aclarado esto, es evidente que la visión purista del lenguaje es sumamente radical y parte más bien de una actitud conservadora y de un rechazo al cambio. Sin embargo, sí comparto muchas de las preocupaciones comunes respecto al uso inusitado e indiscriminado de los extranjerismos.

Como ya dije, las lenguas y las culturas se enriquecen gracias a los intercambios y estos son muy positivos cuando son necesarios y favorecen la comunicación. Pero muchas veces el uso de extranjerismos se presenta de forma gratuita, en una actitud esnobista o solo por seguir una moda sin preocuparse de que tan pertinente sea el término utilizado para el propósito comunicativo.

En resumidas cuentas, no tengo nada en contra de los extranjerismos, pero creo que el criterio de uso debe ser ante una necesidad comunicativa de expresar -en términos extranjeros- una idea, palabra o expresión que no posee equivalente al castellano.

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