ETERNA HISTORIA FELIZ


Por: Oriana Fernández Barrios*

Todo en su vida era color de rosas, al menos eso demostraba ante la sociedad; pero nadie sabía que lo único de las rosas que existía en su ser, eran las feroces espinas que lastimaban su corazón, una y otra vez cada noche. Todo por culpa de la maldita depresión que estaba carcomiendo su existencia.

A diario, ella se preguntaba ¿por qué a mí? ¿Por qué de nuevo? Recientemente salía de una larga perturbación mental la cual le costó mucho tiempo superar. Lastimosamente, había caído de nuevo al abismo: quería morir. En sus vivas carcajadas, escondía la triste vida que llevaba, pero a pesar de todo, continuaba por el camino dejando piel, sangre y sudor en la arena, cargando el peso de una tenaz enfermedad mental. Estaba tan sola, que al final de la jornada, su única acompañante era la de siempre: su sombra.

Cada vez que se veía en el viejo espejo que estaba en su cuarto, gritaba: ¡Odio mi vida, quiero morir y enterrar por fin todo este sufrimiento! Nadie la oía. Supongo que sus padres desde el cielo se acongojaban por ella, pero ¿qué podían hacer? Nada…

Tiempo después –tres meses aproximadamente– su vida cambió de página y una nueva historia empezó. O tal vez acabó. Lo que sí es cierto es que su vida ya no iba a ser la misma. Ya no sufriría más tristeza ni dolor; el llanto eterno cesó. Ya no tenía vida, bajó sus brazos y se rindió ante la eternidad.

Ella era fiel a su mascota “Lupita” la cual siempre la esperaba con gran entusiasmo en la puerta de su casa. Pero el día que la chica tomó la fatal decisión, el animal por naturaleza pasó toda la noche produciendo ruidos de profundo lamento y dolor, como si hubiera perdido una parte de su vida, y en realidad, eso fue lo que pasó.

Gracias al llanto de “Lupita” los vecinos se dieron cuenta que algo había pasado y se acercaron a la casa, llamaron insistentemente, pero nadie atendía. Entonces procedieron a derribar la puerta de la entrada encontrándose con el inerte cuerpo de la chica. Este cuadro fue muy traumático y doloroso para los vecinos; cuyas pieles se erizaron cuando lo primero que vieron fueron unos pies colgando y su mascota muerta debajo. Y sí, su mascota murió de tristeza.

Quizá nadie lo sabe, pero en realidad hizo lo que su mente le ordenó, y estoy segura, que para ella fue la mejor decisión. Para un alma dolida, la mejor medicina es el descanso, y eso hizo, descansó.

No toda historia tiene un final feliz; pero puedo asegurar que el final de ésta sí lo fue, al menos eso pienso. Tal vez en otro lugar sí camine sobre las rosas, pero esta vez, sobre sus pétalos. Ya nada le afectará, nunca más sentirá un vacío amargo en su interior. Donde sea que esté, vive su eterna historia feliz.

*Estudiante Licenciatura en Lenguas Extranjeras, Universidad de Sucre, 2° Semestre
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