ESCUELAS DEPORTIVAS Y ESCUELAS DE MÚSICA


Recuperemos el territorio perdido

Por Manuel Medrano

«No hay peor sordo que el que no quiere oír». Acudimos al refranero popular que una vez más nos convence de que nada vale soñar con un cambio de actitud de quienes dirigen nuestros municipios, si no escuchan ni entienden los llamados angustiosos que hacen las comunidades por los brotes de violencia que acontecen en los barrios y comunas, donde los adolescentes son los protagonistas.

No hay una idea clara ni una estrategia para morigerar el vandalismo y la intolerancia. Los alcaldes no asumen el liderazgo que les corresponde para recuperar la sana convivencia y la armonía tan necesaria para el devenir del verdadero desarrollo social. Los consejos de seguridad han pasado a ser unos simples parches de agua tibia ante los dolores reumáticos del adulto mayor, parecen simples cortinas de humo en la retórica de las autoridades con el fin de ocultar la realidad. No hay solución para la problemática de la violencia y la inseguridad que se ha tomado los municipios.

Los mandatarios deben diseñar una estrategia para acercarse a las comunidades, en aras de recuperar ese capital humano tan deteriorado, que ha sido históricamente ignorado, hasta tal punto que tienen que demostrar su rebeldía a través de la agresión y el vandalismo.

Según los últimos datos, en Colombia los jóvenes que ni estudian ni trabajan hacienden a 2.7000 mil. Es un informe de Inclusión Laboral en Colombia. Al respecto, Mario Valencia, Director del Centro de Estudios de Trabajo afirma: «Es muy grave que esta población esté creciendo porque es la juventud a la cual la sociedad no le está brindando una oportunidad en términos económicos. Es una condena a la miseria en el sentido en que si no estudian no podrán acceder a empleos de calidad y este termina convirtiéndose en un gran reto para el Estado».

Hay mucho trabajo por hacer que va más allá de la epidemia de contratación que resulta contaminante en todas las administraciones municipales y departamentales. En vez de liderar procesos con las diferentes secretarías que se conviertan en los salva vidas de esos jóvenes que ni estudian ni trabajan, pero que pueden ser atraídos a disciplinas como el deporte y las artes si se les conquista con acciones inmediatas, que conlleven a mostrar otros caminos y otras alternativas.

En Sudáfrica Nelson Mandela, Premio Nobel de Paz, se apoyó en el deporte para convocar a su pueblo a transitar por la convivencia pacífica. «El deporte tiene el poder de inspirar. Tiene el poder de unir a la gente, el deporte puede crear esperanzas en donde alguna vez hubo desesperanza. Es más poderoso que el gobierno para romper barreras raciales».

La única forma de neutralizar la violencia en estos pueblos olvidados, es inundado sus barrios populares con canchas deportivas, con bates y manillas, balones, guantes de boxeo y entrenadores, y por supuesto violines, guitarras, trompetas y acordeones.  Los jóvenes no son proclives a la delincuencia, porque dentro de cada uno de ellos hay un deportista o un artista en potencia.

La Escuela de Bellas Artes y el Programa Batuta deben acercarse a las comunidades e impregnarlas con sus notas y melodías. Los jóvenes no son reacios ni a la música ni a los deportes. No solo hay que llevar brigadas de salud a los diferentes barrios marginados, hay que hacerles sentir que nos importan y que hacen parte esencial del componente social de un pueblo que merece vivir pacíficamente.

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