EN DEFENSA DE LAS PUTAS


Por: Manuel Medrano

Roberto Méndez, es taxista, lleva más de 40 años transportando pasajeros en Sincelejo y sus alrededores. Hace poco abordé su taxi y, mientras me transportaba a mi casa, me contó que a pesar de que ya había cumplido 84 abriles, se sentía fuerte y saludable. También me dijo que un día la suerte le había dado la oportunidad de ganarse un chance millonario, y lo primero que hizo fue pasar por una farmacia a comprar  una caja de potenciadores sexuales y luego se fue para un cabaret, donde permaneció una semana completa tomándose una pastilla por día para poder levantar cabeza. Salió del cabaret justo porque sufrió una erección prolongada que le impedía cerrarse la corredera del pantalón. Tuvieron que cargarlo entre varios para subirlo al vehículo que lo llevó a su casa. Allí lo esperaban dos nietas, que por fortuna habían estudiado medicina. Al verlo llegar pálido y tembloroso por el susto, le dijeron: “abuelito, abuelito, esto no lo vuelvas a hacer, abuelito”.

Mientras tanto, Héctor, otro taxista del mismo calibre, se desplazaba a esa misma hora por una de las rutas principales de la ciudad, transportando a un pasajero hacia la troncal, para un sitio que generalmente es muy concurrido por nativos y extraños, con  muchas chicas bellas, procedentes de Cali, Palmira, Pereira y Medellín. El cliente estaba dispuesto a pagar lo que fuera para que una de esas muchachitas angelicales le pusiera la  chucha en la cara. Héctor, padre de 21 hijos con diferentes mujeres, estaba trabajando con esmero esa noche para hacerse unos buenos pesos y poder regresar al prostíbulo donde había dejado a su pasajero, y por supuesto, darse el mismo lujo…

Desde hace mucho tiempo se habla del oficio más antiguo del mundo, pero son pocos los que cuestionan la exclusión y la humillación que sufre la mujer por causa de la prostitución. Solo cuando surge un escándalo como el que propicio la Madame, en Cartagena, se encendió el debate de nuevo,  cuando gracias a las investigaciones de las autoridades, quedó en evidencia las actividades a las que se dedicaba: trata de blanca, prostitución y concierto para delinquir. Manejaba un grupo de bellas muchachas que ofertaba a turistas nacionales e internacionales, recibiendo buenos réditos de tan  lucrativo negocio.

En Sincelejo un grupo de chicas se instalaron en el Parque Santander, frente a la Catedral San Francisco de Asís, a negociar su cuerpo con los provincianos y citadinos que se les acercan en busca de sexo. En el pasado, un alcalde les había propuesto proporcionarles un capital semilla en busca de estimularlas a buscar algún tipo de emprendimiento, pero cometió  el error de no capacitarlas. Se fueron y al poco tiempo retornaron al parque sin un solo peso a seguir vendiéndose.

En Argentina Alika Kinan fue obligada durante 16 años a ejercer la prostitución en Tierra de Fuego y le ganó una demanda al Estado, logrando una indemnización por los daños causados. Alika se encuentra en Colombia, ahora como activista, invitada especial y estará hablando de sus experiencias de cuando fue explotada sexualmente, con los magistrados de la Corte Constitucional, la cual va a realizar un debate sobre la ubicación de las zonas de tolerancia en Colombia. Ella sostiene que la prostitución no es un oficio, argumentando que es la pobreza la que la genera y afirma que una mujer que no tenga para conseguir el pan con que alimentar a su familia, si no tiene un trabajo digno, se ve forzada a salir a vender su cuerpo.

Las putas han inspirado muchas historias y hasta hacen parte del contexto narrativo de la literatura universal. EL gran novelista norte americano William Faulkner premio Nobel de literatura, fue portero en un cabaré, el Nobel colombiano, Gabriel García Márquez, después de terminar sus jornadas periodísticas en el Universal de Cartagena se refugiaba en los prostíbulos con algunos de sus compañeros.  Muchos escritores llegaron a decir que los escenarios de los prostíbulos eran propicios para que fluyera la inspiración y, de hecho, algunos textos y crónicas nacieron de la bohemia y del encoñamiento de célebres escritores con las prostitutas.

Desde mi óptica de periodista, nunca he entendido cual es el atractivo que tienen para los hombres, las mujeres de la vida alegre, ni como la sociedad las mira de forma despectiva sin asumir la culpa de la exclusión y el olvido que obliga a muchas mujeres a revestirse de valentía para emprender ese camino y hasta asumir ese rol como su único destino.

Ninguna mujer es puta porque quiere o por placer. La pobreza es una constante que flagela y obliga a que la mujer asuma esa vida como su único destino. La ignorancia y la falta de acceso a la educación han contribuido a la proliferación de esta actividad como oficio o trabajo. Mientras que el hombre aparentemente sale bien librado en el debate que emerge cuando surgen los escándalos que protagonizan personajes como los acompañantes de los presidentes cuando llegan a Cartagena y se escapan para donde las putas y la prensa los descubre. ¿El hombre es acaso adicto a las prostitutas? O acaso es cierto que, ¿se refugia en ellas porque existe una insatisfacción sexual permanente, y va a buscar en los prostíbulos experiencias que no encuentra en el hogar? Quienes enarbolan la bandera de la defensa de estas mujeres aducen  que el control sanitario a la que son sometidas no busca protegerlas a ellas, a veces se sienten tratadas como unas vacas, solo  se trata de proteger a los hombres, afirman con justa razón. Con el escándalo que explotó en la Heroica por las andanzas de la Madame y su detención en una cárcel, lo único que se ha sabido es que van a ubicar unas zonas de tolerancia y la Corte Constitucional está debatiendo el uso del suelo para la localización de  los prostíbulos en las ciudades donde se desarrolla esta actividad vergonzosa,  que es un estigma para la sociedad.  El Estado debe tratar de resolver con decisión, a través de una política de recuperación de la dignidad perdida, permitiendo que se capaciten y eduquen para que puedan hacer parte de la tan cacareada Economía Naranja y puedan trabajar honradamente en medio de esta sociedad de doble moral que se escandaliza fácilmente pero nunca se cuestiona y asume sus propias culpas.

En el mundo existen cuatro millones de putas según datos de la ONU y la sociedad sigue permitiendo la compra de sexo, la literatura hace apología de la explotación sexual de la mujer sin cuestionar la prostitución y la palabra puta muchas veces es utilizada para destruir a las mujeres que se hacen visibles por su liderazgo.  Ya es hora de tomar una decisión que acabe con la forma más antigua de la explotación humana.

Y mientras la Corte Constitucional se sumerge en el debate, Roberto y Héctor, este par de taxistas de vieja data, con más de un siglo y medio de edad entre los dos, no pierden la esperanza de volver al cabaret…

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