EL NIÑO Y EL PAÍS DEL FUTURO


Por: Manuel Medrano

Es lamentable que los padres no entendamos la gran oportunidad que tenemos en el hogar para ayudar a formar el nuevo ciudadano que a gritos está pidiendo Colombia, con miras a que el relevo generacional tenga un profundo significado en el desarrollo integral de la Colombia flagelada y estigmatizada que se desangra en el escenario de una globalización insensible.

Si bien, vivir en un país genera un compromiso de pertenencia a cada momento, es necesario conocer la forma adecuada en aras de asumir esta responsabilidad desde el hogar. Comprometidos con la formación de un nuevo ciudadano, solo los padres conscientes cultivan con esmero y dedicación el embrión que está allí, en cada hijo, para ser depositado en tierra ubérrima.

Jairo Jiménez Leyva, en un documento titulado “¿Qué calidad de afecto ofrece usted a sus hijos?”, nos dice que las manifestaciones afectivas en el hogar son de vital importancia para el desarrollo de cada uno de los miembros de la familia. Hace énfasis en que, desde el momento mismo de la concepción de cada ser hasta la muerte, necesitamos intercambiar constantemente de expresiones afectivas que favorezcan nuestro crecimiento a nivel físico y social.

Sostiene Jairo Jiménez Leyva, que las expresiones afectivas incluyen no solo el contacto físico, sino también el contacto verbal; las palabras cariñosas, miradas, gestos y otras actitudes que permitan reconocer la existencia de los demàs, trascendiendo el bienestar del momento que lleve una vida plena, resaltando que la calidad de las caricias que el niño recibe, le marca un derrotero de cómo actuar para ser reconocido o aceptado.

Nos dice, que todos algunas veces hemos tenido necesidad de un abrazo, de un cariño o incluso, que alguien nos reciba en su regazo. Todos  los padres deberíamos saber que “los seres humanos solo sabemos hacer lo que se hizo con nosotros, solo logramos tratar bien a los demás si fuimos bien tratados, solo sabemos despreciar si fuimos despreciados, solo sabemos odiar si fuimos odiados y solo sabemos maltratar si fuimos maltratados. No hay como huir de este engranaje de acero, nadie es feliz solo; o el mundo mejora para todos o se acaba; o aprendemos a tratarnos bien o nos destruimos”, porque solo la unión hace la fuerza; o no salvamos todos juntos o nos condenamos. Por ende, nos toca asumir como los primeros educadores de nuestros hijos y debemos dar buen ejemplo. No nos debe dar miedo expresar nuestros sentimientos, de tener necesidad de las expresiones afectivas de los demás, y que por encima del dinero, la falta de tiempo y el egoísmo, debemos reconocer que la esencia de nosotros como personas se encuentra en ese mundo afectivo del que muchos constantemente huimos.

Es fundamental que los padres conozcan el papel que tienen como apoyo de los hijos desde el momento en que son concebidos; por ejemplo, Jairo Jiménez Leyva, nos dice que los recién nacidos procesan la información a través de su piel.

Está comprobado que el niño que recibe manifestaciones permanentes de aprecio y cariño, crece como un individuo seguro, y la persona segura rara vez es problemática, siempre es creativa y sabe elegir a sus amigos. Lo que quiere decir, que en el futuro será productivo y sabrá escoger a su pareja. La seguridad sicológica es básica para que el niño crezca, sea creativo, sensible y cuide su entorno. La familia es la encargada de ofrecer seguridad sicológica.

Es bueno reflexionar si estamos dando todo lo necesario para que el niño sea el ciudadano nuevo que necesita la patria para convertirse en un escenario proclive a la convivencia. Como padres debemos hacer conciencia en el niño, más de sus valores que de sus defectos y debemos desarrollar la vida espiritual de nuestros hijos enseñándoles el conocimiento de Dios y el amor, y el respeto que su presencia en el hogar significa.

Hay que dedicar tiempo para escuchar a nuestros hijos y tratarlos como nos gusta que nos traten a nosotros mismos, solo así construiremos el país que nos merecemos.

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