EL HOMBRE Y LA MÚSICA


Por Manuel Medrano

Hablando desde el fondo de mi alma y del mundo vivencial, puedo afirmar sin temor a equivocarme que he encontrado en la música, en los libros y en el periodismo, el lenitivo que me ha permitido descubrir en el lapso del transitar terrenal, el objetivo misional del ser humano que hay en mí.

Recuerdo que había salido del bachillerato en la década de los 60s, desorientado, y las tinieblas de la duda obnubilaban mi mente. Seguía refugiado en casa de mis padres, acompañándoles en las labores cotidianas, como solía hacerlo mientras estudié la primaria y la secundaria.

Mi padre, un campesino elemental para cultivar la tierra, sembrando arroz, maíz, ñame y yuca. En aquellos tiempos hacia un préstamo en la Caja Agraria para sacar adelante sus cultivos, pero el crédito también servía para surtir la tienda a mi madre, para comprarle ropa nueva a sus hijos y para la lista de los útiles escolares. ¡Qué tiempos aquellos! en Berrugas, corregimiento de San Onofre. No había agua potable, ni luz eléctrica, pero tampoco existían ladrones ni drogadictos.

En Berrugas el mar era nuestra inmensa piscina donde aprendimos a nadar, a pescar y a remar en los botes de los pescadores de esa ensenada, ubicada en el Golfo de Morosquillo.

Cuando empezaron a llegar las familias antioqueñas que colonizaron el pueblo como sitio turístico en las vacaciones de diciembre, poco a poco fueron cogiendo confianza en nuestro hogar, atraídos por la guitarra de nuestro amigo Camilo Rocha y la galantería de mi hermano José Narciso Medrano y el canto de Dionisio Gómez. Gracias a la música se fue creando un lazo de amistad entre foráneos y nativos; con ellos aprendimos a valorar más el mar, tanto como valorábamos el campo.

El deseo de superación personal me llevó a marcharme a trabajar, primero en Pajonal, como maestro; y después el escenario fue Cali. En la Capital de la Salsa administré sitios nocturnos donde la música jugaba un papel esencial. De allí me sacaron para la radio y empecé a trabajar como locutor y periodista, haciéndome visible para la disquera Sonolux, que de inmediato me contrató como promotor, para hacer programas de radio promocionando la música de sus artistas y de su asociada la RCA Víctor, desde Buenaventura hasta Pasto en Nariño. En ese maravilloso universo realicé ruedas de prensa para cantantes y músicos de la talla de José Feliciano, Richard Cleyderman y Héctor Lavoe, entre otros.

Ya en la radio, específicamente en Radio Visión de Caracol y en mi programa Operación M2, en Radio Palmira, entrevistaba a grandes artistas, caso especial el de Paco de Lucía, considerado uno de los mejores guitarristas del mundo. Recuerdo que fuimos a recibirlo al aeropuerto de Palma Seca en Cali. Camino al hotel, montado en el radio móvil le hicimos la entrevista en vivo y en directo mientras llegábamos a la ciudad.

Escuchar desde niño a mi padre y a mi madre cantando rancheras, boleros y la música del Trio Mata Moro y, tal vez, el contacto directo con tantos compositores e intérpretes de todos los géneros, desde Raphael de España, hasta Alejandro Duran, Alfredo Gutiérrez, Lisandro Mesa y Calixto Ochoa, estimularon mi pasión por la música. La vida me ha dado la oportunidad de sentir el placer de compartirla y proponer que en las instituciones educativas se implemente una catedra para aprender a escuchar buena música, porque tengo el convencimiento de que redundaría en la salud mental de muchos jóvenes.

Escuchar buena música es un deleite que, junto con la lectura y el deporte, estimulan las neuronas y la creatividad. Muchos desconocen que los niños pueden mejorar la capacidad de la memoria, de la atención y de la concentración; de igual forma consigue estimular la inteligencia de los más pequeños y mejora la habilidad de resolver problemas. Es así como  algunos investigadores aseguran que la música ayuda que los niños sean más sociables.

Sería bueno que la gente aprendiera a explorar en este campo y vayan más allá de sus deleites, que a veces están marcado por el mal gusto y por la mala programación de las estaciones de radio.

Eso de que el violinista André Reiu venga a Colombia a varios conciertos resulta maravilloso para los oídos finos y exigentes.

Si hay tanta música bella en el mundo ¿por qué en Colombia escuchan tanto vallenato y reggetón?

David Fernando Guamán Guevara sostiene que “la música siempre ha desempeñado un papel importante en el aprendizaje y la cultura, pudiendo llegar a influir en costumbres y emociones, es un elemento que influye cada día más en la vida de los jóvenes, pero la música actual se caracteriza por tener cada día más mensajes violentos, sexuales y promiscuos que son escuchados por la juventud”.

La música y las melodías rítmicas acompañan al hombre desde los primeros tiempos de la humanidad. Según Friedrich Nietzsche filósofo alemán, nacionalizado suizo, “el hombre es algo que debe ser superado”, y hay quienes dicen que dentro del hombre hay una bestia. Pero soy un convencido de que la música puede coadyuvar en la transformación del hombre para que viva más en armonía con sus semejantes y su en entorno.

Ya en España comenzaron un programa experimental en las escuelas, porque consideran que es una herramienta muy buena para trabajar todas las disciplinas, para los españoles: “La música es tan importante como Lengua o las Matemáticas»

Mi decisión   es seguir compartiendo la música universal en mis programas radiales y el próximo año dirigir una radio revista para estimular a la comunidad a escuchar buena música como un ejercicio placentero, al mismo tiempo construir una audiencia más exigente.  Si la radio programara mejor música, la gente tendría mejor gusto.

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