EL DÍA QUE PELLO TORRES ME PRESENTÓ A JUSTO ALMARIO


Por: Manuel Medrano

Cambia tu forma de ver las cosas y las cosas cambiaran.

Era un hombre de piel negra, que con paso lento transitaba por las calles del pueblo, en ese tiempo no existían esa cantidad de motos que circulan por todas partes y rincones e interrumpen y molestan con el ruido de sus motores a los transeúntes, contaminando el aire que nos toca respirar. El Negro Pello Torres, era feliz y caminaba relajado con la sonrisa a flor de labio, hombre de sonrisa fácil y amplia, reflejaba siempre su don de gente. Hace tiempo había eliminado de su entorno el ego y la prepotencia; quizás por eso la cotidianidad de su vida transcurrió dirigiendo su orquesta y llevando alegría sana a las personas que se deleitaban con la sonoridad de su trompeta.

Se sentía pleno en un escenario cuando los Diablos del Ritmo interpretaban  Vilma Isabel, canción que le compuso a una de sus hijas o el  Toro Balay,  de Arturo Cumplido, que murió en plena corraleja, en Carrillo un pueblo del  departamento de Córdoba, y él le había hecho los arreglos adecuados a esa composición de su amigo el compositor Julio Fontalvo. Pero cuando salía para el centro del pueblo donde vivía, caminaba con holgura, saludando a unos y a otros, deteniéndose en las esquinas a charlar y a contar la historia del porro el culebro, o a dirimir sobre el verdadero autor de la Pollera Colorá, historia que se sabía al dedillo, ya que conocía tanto a Juan Madera, como al cantante Wilsón Choperena, que fueron sus creadores. Un día, por casualidad me lo encontré en el parque, iba todo vestido de blanco, con camisa guayabera recién planchada. Cuando se percató de mi presencia me apuntó con el dedo índice de su mano derecha y exclamó: «A usted lo andaba buscando”.  Se nos detuvo el tiempo y se nos acabaron las preocupaciones e iniciamos una charla que se fue prolongando al consumo de muchos tintos, hasta que su hija Manuela, la protagonista de la canción lo encontró y exclamó: “Menos mal que estaba con usted, me lo llevo lo vino a buscar Alci Acosta y nos está esperando en la casa”.  Alci Acosta en sus inicios fue pianista de los Diablos del Ritmo, orquesta residenciada en Sincelejo, el maestro Pello Torres fue su creador y director, y uno de sus músicos de confianza era Santander Flores, quien le había recomendado darle la oportunidad al joven pianista Alci Acosta. Nunca imaginaron que estaban haciendo parte de la historia de vida de un muchacho que se encumbraría hasta lo más alto de la música popular, llegando a ser una estrella fulgurante, a partir de interpretar las canciones del compositor Cristóbal San Juan.

El maestro Pello se había marchado con su hija, pero me había dejado emocionado con la historia de un Sincelejano que vivía en los Ángeles, Estados Unidos: Justo Almario, a quien le estaba yendo muy bien viajando por el mundo con su saxofón y su clarinete acompañando a los grandes del Jazz latino. Antes de que lo viniera a buscar la hija, Pello Torres alcanzó a contarme que Justo vendría pronto a Sincelejo y me lo quería presentar. Desde entonces empecé a programar la música de Justo Almario en la estación de Radio que dirigía y hacía varias Radio Revistas como Operación M2 y Buenos días levántate y canta. Pero un día sorpresivamente se presentó El maestro Pello Torres a mi programa de Radio con Justo Almario en Persona. Penetraron a los estudios de la estación radial; y ya con micrófono en mano iniciamos una afortunada faena periodística, que dejó como resultado una buena entrevista, que más tarde fue presentada al primer Premio de Periodismo Alcaldía de Sincelejo resultando ganadora. Ese mismo día Justo Almario estuvo en pleno Parque al lado de la estatua del General Santander, haciendo gala de su virtuosismo con el Saxo y el Clarinete, interpretando La Vaca vieja y Fiesta en corraleja de Rubén Darío Salcedo, para la multitud que se congregó a escucharlo y aplaudirlo. Desde entonces Justo Almario ha venido varias veces a actuar a Sincelejo, la primera vez llegó a presentar un Show sensacional en el antiguo Club Campestre, donde se presentó con su agrupación y el maestro Felipe Paternina lo acompañó en el tema Saxofón callejero que había grabado en los ángeles con Lucho Campillo.

Valió la pena haber conocido a esos dos grandes seres humanos, el maestro Pello Torres a quien el catedrático y escritor Julio Sierra Domínguez homenajeó con su libro Ceremonias del Trópico, donde hace alusión a sus raíces en Barranca Nueva, corregimiento de Calamar, departamento de Bolívar, hasta su llegada a Sincelejo en 1969 donde se hizo grande y permaneció hasta su muerte en 2008. Había nacido 1924; se codeó con grandes como Lucho Bermúdez, Pacho Galán y Francisco Zumaqué.

En lo que concierne a Justo Almario entablamos una gran amistad y logré promocionar su música en la radio. Él se transformó en un artista grande hasta el punto de ser considerado como uno de los mejores saxofonistas del mundo al lado del cubano Paquito D” Rivera. Con la banda que conformaba Israel López- Cachao, uno de los creadores del mambo, integrada por Néstor Torres en la Flauta, Justo y Paquito en los Saxos grabaron dos extraordinarias producciones y ganaron un Grammy Latino. Justo Almario por su sonoridad sabanera ha sido llamado a acompañar en grabación a artistas de la talla de Plácido Domingo, Luis Miguel, Manuel Mijares y Linda Ronstadt, entre otros.

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