¿CASARSE? TAL VEZ. ¿HIJOS? NO, GRACIAS (POR AHORA)


Por: Harold Robles Clemente

Sentarse a pensar y definir tu posición frente a un tema, como lo es el tener hijos o no; no es una tarea fácil, como decir un “Si, acepto” frente a muchas personas en un juzgado o una boda frente al mar, ya que dependiendo lo que decidas, pueden existir beneficios o consecuencias que no se verán de manera inmediata, sino en el mediano y largo plazo. Y justo cuando te empiezas a obsesionar tanto con este asunto, parece que el universo se confabula, para que todo se relacione con tu duda existencial y aquí te cuento el porqué de mi postura y lo que ha sucedido en relevancia a mi opinión.

Desde que era un niño, en mi escuela me enseñaron y replicaban en cada nuevo curso, uno de los pensamientos de Darwin en su libro; El origen de las especies: “Todo ser vivo debe nacer, crecer, reproducirse y finalmente morir”; igualmente, en las clases de catecismo en su “mejor estilo” predicaban que: “El matrimonio es el lugar para hacer hijos y llenar la tierra con el conocimiento del Señor en la misma forma en que las aguas cubren el mar” (Habacuc 2:14). Y aunque estos conceptos provengan de dos fuentes tan diferentes como la religión y la ciencia, ambos tienen en común, el punto de tener descendencia para darle relevancia a la vida misma; Pero a día de hoy, ¿Esto sigue siendo real e incluso relevante para las parejas de estos tiempos modernos?

Antes de convertirnos en padres, deberíamos plantearnos si realmente disfrutaremos criando y educando a nuestros hijos y, lo que es aún más importante, saber que quiere tu pareja, conociendo así, si en verdad estamos preparados para asumir esta gran responsabilidad o no. Tan grande es el problema, que hay mucha gente que ni siquiera se plantea esto antes de traer al mundo, un nuevo ser humano.

Actualmente, el tener hijos no ha sido una cuestión por la cual me desviva y tenga mucho afán de cumplir, por el simple hecho de que no está dentro de mi proyecto de vida (por ahora), además, no había tenido la valentía de reconocerlo, tal vez por el qué dirían mis familiares o amigos más cercanos, tanto, que terminé contándolo y lo primero que salía a relucir era: “¿Quién te va a cuidar cuando estés viejo?, te vas a sentir desdichado por siempre, serás el tío solterón” y ¿Saben qué? No me arrepentiría en nada serlo, porque al menos estoy siendo consciente de una decisión que escogí libremente, aceptando lo “que se viene” y con la mejor de las sonrisas al cumplir con mi punto de convicción.

Según Jimena Mayorga, médica de la Universidad Nacional y Máster en terapia familiar, sistémica y de pareja de la Universidad Autónoma de Barcelona, “El crecimiento poblacional se ha desacelerado en Europa occidental, China, Norteamérica y América Latina (incluido Colombia) y que en nuestro país la población solo aumentó 6,5 por ciento entre 2005 y 2018; los hogares mostraron un incremento de 35 por ciento en el mismo periodo, siendo los unipersonales y los de parejas casadas sin hijos los que representan la tendencia al aumento”. Lo cual me hace reflexionar que, al menos no soy sólo yo con esta filosofía de pensamiento, frente al concepto de formar una familia de la que no provenga un infante al mundo.

Otro punto a destacar, es que esta elección no debe estar sujeta a presiones por parte de nadie, es difícil ver como se ha normalizado el hecho de cuestionar, juzgar y hasta denigrar la integridad de una persona, por la simple y sencilla razón de no tener la misma forma de pensar que el otro, es aquí cuando tu familia y amigos deben pasar a un lado y con cabeza fría poner sobre la mesa, las razones del porque si y no quieres procrear una familia, recordando que no es una decisión individual, sino que debe ser tomada en pareja. Esto se afianza en lo expuesto por la psicóloga Ellen Walker, quien en su libro: Complete Without Kids (“Autorrealizado sin hijos”) establece que “La paternidad no es algo que deba llegar por inercia. Tener hijos es una de las decisiones más importantes de la vida y en ningún caso se debe tomar a la ligera, y menos aún por la presión de nuestro entorno. No todo el mundo está preparado para tener hijos, y no todo el mundo tiene por qué tenerlos”.

Al igual que también considero que el matrimonio, ya es una elección para quienes creen en él desde una perspectiva religiosa (cabe resaltar que no soy ateo, solo que creo en Dios a mi manera sin tener que guiarme por un libro de más de dos mil años o por lo que dicen en una iglesia); otros lo ven por la conveniencia financiera y los beneficios que eso trae consigo (el compartir los gastos en pareja y darse gustos a ellos mismos), siendo esta una manera de avanzar juntos, pero con un poco de ayuda extra. Una consecuencia de todo esto, es que al decir firmemente que no quieres tener descendencia y tu pareja si, exista una discordia que pueda afectar totalmente la relación y, por ende, cada quien tome caminos separados, por eso, es de vital importancia, enfrentar estos momentos cruciales, lo antes posible, mientras la pareja tenga una estabilidad forjada de la cual puedan hablar sobre el asunto, sin tapujos y llegar así a un acuerdo.

Según José Mercado, miembro de la coalición del Evangelio: “Mi esposa y yo estamos usualmente agotados. ¡Conlleva mucho trabajo criar niños! Ellos demandan toda la atención posible, y en momentos pueden sacar en tu vida áreas de pecado que no sabías que existían. Pero todo el cansancio, el batallar con mi pecado o las noches sin dormir, no se comparan con la increíble satisfacción de tener a mis hijos”. Poniendo esto en perspectiva, me pregunto: ¿Es en verdad esto lo que quiero para mí y mi eventual pareja? Pues absolutamente no, que increíble será el disfrutar nuestro tiempo viajando por el mundo, crecer profesional y financieramente, el no complicarse por factores de crianza y si, en invertir el tiempo en actividades que sean de nuestro interés y nos cultiven a nivel espiritual, cultural o académico.

Finalmente, el tener hijos o no, es una cuestión que requiere pensar y meditarse mucho, antes de asumir una postura, debido a que la vida misma está llena de incertidumbre, de la cuál no sabemos que sucederá, pero que al menos nos da pistas de que lo que podrá pasar con nosotros, gracias a las decisiones que hemos tomado. Tenerlos o no, no te hace una persona egoísta o malvada como dicen algunos, es tu manera de pensar y esta debe ser respetada por encima de todo, antes de llegar con prejuicios que te querrán convencer de lo uno o lo otro; lo que tu creas bien para ti y en consenso con tu pareja, es lo que debe prevalecer, nada más.

Referencias bibliográficas:
Ayuso, M., (2012). Seis razones para tener hijos que no deberían argumentarse nunca. Obtenido de: https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2012-09- 23/seis-razones-para-tener-hijos-que-no-deberian-argumentarse-nunca_502169/

Bolívar, P., (2020). Mejor sin hijos, la tendencia entre muchas parejas jóvenes. Obtenido de: https://www.eltiempo.com/vida/educacion/crece-tendencia-de- parejas-jovenes-a-no-tener-hijos-465196

Mercado,     J.,      (2013).        Hijos: ¿sí     o        no?    Obtenido de:https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/hijos-si-o-no/
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