APUNTES SOBRE APUNTES ANÓNIMOS


Por: Daniel Rivera Meza

Los libros son como las personas; cada uno hace presencia con algún o algunos rasgos propios, que configuran su personalidad. Es la forma de ser uno entre varios, entre muchos; entre todos. Es lo que hace que cada libro conquiste o no, un lugar en la atención inquisitiva de los lectores, al igual que todo ser humano al ser “leído” por sus congéneres en la interacción social. En últimas, un libro es lo que porta en sus páginas y lo que el lector puede inferir de ellas. Al respecto, es del caso intentar una aproximación crítica a la esencia y vigencia de la novela Apuntes Anónimos, firmada por Ignacio Verbel Vergara, y en buena hora Premio Portafolio de Estímulos ConfinArtes Sucre 2020.

Desde el inicio, asistimos a una narración en primera persona donde el protagonista comparte su percepción de la vida, con alcance totalizante, universal y atemporal. Algo como un Así soy-somos, así siento-sentimos… en el pasado histórico y en este presente de pobreza humanística. Inquietante convocatoria de vivencias comunes, en la individualidad que nos asiste.

En efecto, ningún aspecto de la existencia del hombre queda por fuera de este monólogo, tejido en ochenta y tres capítulos de extensión e intensidad variables. Afloran las sensaciones más íntimas de un personaje anónimo que intenta meterse en la conciencia del lector: los aconteceres de su ámbito personal y social; sus alegrías y pesares, sus brotes de optimismo y pesimismo, sus delirios de grandeza y sus abismos de nimiedad. Todo en altibajos de vivacidad discursiva. Esto último no podría ser diferente, porque es innegable que al paso de la realidad Hay días en que somos tan… y también Hay días en que somos tan…, como acertadamente lo dijera el poeta Porfirio Barba Jacob. En fin, una reflexión del personaje donde vierte su vida toda, en un trance determinado de la misma, y sin ahorrarse polos de reflexión en su universo interior. Ninguna incidencia vital escapa a su inventario en la palabra.

En el fluir de confesiones que se presenta al lector, se palpan, como ya se dijo, las inquietudes del protagonista; su angustia metafísica, sus frustraciones, ansiedades y expectativas de cada día. Sin pretensiones, pero también sin limitaciones. Tal manifestación de vida interior, podría darse -o se da- en usted, amable lector, en mí, en el vecino o en el transeúnte que marcha a su trabajo. Es el decir de un hablante anónimo en la novela, pero también la voz de cualquier habitante de este planeta en su día a día. A través de ese hablante, el autor cumple su función de vocero lúcido de la sociedad, de conformidad con los postulados de los franceses Lucien Goldmann y Pierre Bordieu, o del inglés Terry Eagle, entre otros estudiosos de la sociocrítica de la literatura en general y de la novela en particular.

¿Y en qué momento de la historia no ha vivido el hombre las mismas turbulencias y vacíos interiores que trituran al protagonista en mención? ¿No han estado siempre presentes la incertidumbre ante los aconteceres diarios, la acción devastadora del tiempo, el goce y el martirio del amor, el temor a la muerte, por no decir más? Una cadena infinita de motivos que circundan el motivo que alienta a cada quien en el camino de la vida. También un motivo para que el autor haya deslizado en su texto algunas preguntas y otras expresiones cuestionantes, que corroboran la vigencia de su novela en el tiempo de los libros y en el tiempo de la gente. Entresacadas de principio a fin, se citan algunas, apenas a manera de vislumbre: ¿Si será que todos los hombres merecemos el calificativo de humanos? Intento apoderarme del corazón de la tarde. Las causas perdidas son generalmente las más nobles. ¡Paola que me espantas la muerte! Paola, que tenía carnes que me gustaban, que tenía besos que me embobaban. ¡Ay! Si alguien pudiera decirme dónde quedó mi alma. ¡Si alguien pudiera asegurarme que de veras existo! He descubierto que me temo. ¡Qué triste espectáculo este de cabalgar la agonía!

 En sus Apuntes anónimos, el autor no improvisa ni especula en la percepción y resignificación de la realidad que le rodea y nos rodea, en tanto ciudadanos de hoy en el mapamundi. Por lo mismo, no pasa desapercibida la incidencia de la desigualdad social en la estabilidad integral del individuo y la familia, al igual que las luchas de reivindicación, cada vez más definidas y extendidas. Simplemente, El hombre y sus circunstancias, en oportuna reafirmación de lo postulado por el español José Ortega y Gasset. De conformidad con lo expuesto, no es gratuita la estructura narrativa no convencional y que pudiera parecer arriesgada (desde luego con algunos antecedentes) presente en esta novela. ¡No hay tal! Sin más, el lector se ve obligado a identificar y configurar la identidad del protagonista, al igual que a armar el relato, mientras cabalga en la lectura y en la post-lectura, en tanto coautor de la obra total.

En cuanto al discurso narrativo, es innegable que da cuenta de mucha solvencia lingüística y acendrado rigor en el uso del idioma propio, tanto en su factura como en su contundencia expresiva. Ambas evidencias, constituyen factores propicios al goce estético en la interpretación de este texto. Es lo esperado, si concebimos los libros como flores del idioma, y siendo éste una creación humana para la comunicación, al tiempo que materia disponible para la creación de belleza.

He aquí, a grandes rasgos, el perfil significante de Apuntes Anónimos, de Ignacio Verbel Vergara. Un libro que reclama su propio lugar en las bibliotecas del mundo, donde seguramente muchos lectores le darán vida.

 

DANIEL RIVERA MEZA

Bosque Fuente, primicias de agosto, segundo año de la peste.

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