YO SOY AQUEL


Por Manuel Medrano

La fascinación por la música va más allá de lo sublime en lo que a mi concierne. Me conmueve, me estremece y me transporta a dimensiones desconocidas. Puede ser clásica, música culta, folclórica o popular, en cualquier otro idioma, pero muy especialmente en español o en inglés. Las baladas en inglés comenzaron a cautivarme con Bárbara Streisand, Nace una estrella, Diana Ross, Elvis Presley, Steve Wonder, Bob Dylan y la música Country que la conocí con Dolly Partón y aprendí a amarla con la voz de Kenny Roger, recientemente fallecido, y gran intérprete de Lady de la autoría de Lionel Richie.

Con la llegada de la era de la música disco, rápidamente fui víctima del hechizo de la película Fiebre de sábado por la noche, con su banda sonora interpretada por los Bee Gees y de ahí en adelante Dona Sumer, Gloria Gaynor y Michael Jackson, hicieron lo suyo y me sedujeron con sus voces y sus canciones, atrayendo mi atención por la búsqueda de la música pop y aprendí a disfrutar Let-be, de los Beattles y Wuoman de Jhon Lenon, a Engelbert Humperdinck, Bobby Golsboro y su canción, Darling, Querida, Tom Jones y el pianista y compositor Elton John.

Las voces y los coros de la música anglosajona definitivamente me marcaron y agudizaron mi oído para enrutar mi derrotero hacia una senda que me ha permitido estar siempre involucrado con la música y sus creadores.

Pero antes de que todo esto pasara, ya habíamos comenzado a hablar con los muchachos de la cuadra de una voz que surgió de repente, logrando cautivarnos en medio de las rancheras de Tony Aguilar, los boleros de Daniel Santos y la música de Alfredo Gutiérrez y de Lisandro Meza.

La canción la interpretaba Raphael, que un amigo trataba de imitarlo emulando su capacidad histriónica y a todo momento cantaba, Yo soy aquel, aun cuando estuviésemos en pleno mar disfrutando de las caricias de las olas y la brisa.

Resulta que la Televisión española  le había pedido a Raphael que participara en el Festival de  Eurovisión en 1966, con esa canción del pianista y director de orquesta Manuel Alejandro, donde ocupó el séptimo lugar, pero Yo soy aquel fue grabada por el sello disquero Hispavox y logró ubicarse en  los primeros lugares en la radio española, y al mismo tiempo penetró hasta Latinoamérica,  dando inicio a la carrera de dos grandes de la balada romántica: Raphael el intérprete, y, Manuel Alejandro, el compositor.

En la década de los sesentas, el nombre del artista se agigantó gracias su voz grave y su puesta en escena que marcó toda una era. Manuel Alejandro componiendo canciones vivenciales y cargadas de poesía para Raphael, juntos abrieron el camino para que la comunidad internacional los aplaudiera y hasta viajaran, Raphael y Manuel Alejandro, quien dirigía la orquesta que acompañaba a la gran estrella. Entre los 60s y los 70s Raphael filmó ocho películas y recorrió Latinoamérica y varios países de Europa, convirtiéndose en  una súper estrella y es entonces cuando toman la decisión conjunta de que Raphael grabara canciones de otros compositores. Mientras que Manuel Alejandro acariciado por la fama se convierte en el compositor de los baladistas de la época que acudieron a su inspiración para apuntalar sus carreras.  Podríamos decir que, en el caso de José Luis Rodríguez, cuando acudió al compositor de la Península Ibérica tuvo un cambio extraordinario en su quehacer artístico y llegó a los primeros lugares con canciones como: Dueño de nada y Voy a perder la cabeza por tu amor. Y José José, el príncipe de México, que se había hecho conocer con El triste, logró que Manuel Alejandro escribiera canciones para él. Con éxito rotundo aparecieron Lágrimas, El amar y el querer, entre otros éxitos e hicieron juntos dos discos larga duración.

Emmanuel logró ventas millonarias con las canciones de Manuel Alejandro. Vendió 11 millones de discos, la canción como Todo se derrumbó dentro de mí, inició ese proceso.

La tierna voz de Jeanette cantó Soy rebelde, de la autoría de este genio de la composición y conquistó la fama internacional. Rudy Márquez también acudió a su pluma. Lograron producir un disco donde incluyeron la canción Insoportablemente bella, que obtuvo grandes ventas. Y una voz inolvidable y sonora que se marchó de este mundo precipitadamente, Nino Bravo, interpretó con éxito varias de sus canciones, una de ellas es El viento.

Manuel Alejandro compuso para Raphael: Cuando tú no estas, Cierro mis ojos, Que sabe nadie, En carne viva, Desde aquel día, Estar enamorado y Que tal te va sin mí.

También escribió para Julio Iglesias, Roció Jurado, Plácido Domingo, Angélica María, Lolita Jeanette, Marisol, Lupita Dalecio y Luis Miguel.

En su ciudad natal bautizaron una calle con su nombre. Manuel Alejandro fue incluido en el Salón de la Fama de Compositores Latinos, El Consejo de Ministros de España le entregó la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, y La Academia del Disco le entregó un Grammy Latino por toda su carrera artística.

Raphael ha cantado en los escenarios más importantes del mundo, entre ellos: El Carnegie Hall, El Radio City de Nueva York, Ópera de Sídney en Australia, El Olimpia de Paris.

Dos grandes en el mundo de la música que coincidieron en el tiempo y en el espacio para dejar una huella eterna en las Bellas Artes.

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