UN SABIO DEFIENDE SU PAÍS, UN IMBÉCIL DEFIENDE SU PARTIDO


Por Manuel Medrano

Me encontré una frase que me llamó poderosamente la atención y me parece que es aplicable a lo que penosamente suele suceder en Colombia, donde las personas se agreden y se maltratan porque los unos o los otros están defendiendo un trapo rojo o un trapo azul, o se dicen de derecha o de izquierda y tratan de mamertos y estúpidos a otros. “Da pena ajena”, como decimos popularmente, y es entonces cuando la frase parece tomar sentido: UN SABIO DEFIENDE SU PAÍS, UN IMBÉCIL DEFIENDE SU PARTIDO.

¿Qué han hecho los partidos por el País aparte de patrocinar el fanatismo y estimular la violencia partidista en el pasado y no tratar de borrar los vestigios que quedan de esa violencia? Para nadie es un secreto que la proliferación de partidos contribuyó a acabar con el poco prestigio y credibilidad que ostentaban. Ellos han sido protagonistas de primera línea en los avatares que convirtieron la política en un negocio mafioso.

Y en cuanto al karma de la corrupción han tratado de parecerse a la Virgen María: virgen antes del parto y virgen después del parto por obra y gracia del Espíritu Santo. En estos momentos de crisis institucional, cuando los líderes de esos partidos no tienen un discurso propositivo que de luces hacía donde se deben direccionar las acciones para buscar una salida que le permita al país blindarse de los diferentes desastres que preconizan algunas organizaciones no gubernamentales, como el problema del cambio climático, el crecimiento económico, del que está tan pendiente el Fondo Monetario Internacional, y el más grave aún, cómo parar la corrupción. En tal sentido parece que no quisieran ni les conviene, a los partidos, ni a los políticos enfrentar una lucha ardua y frentera contra un mal que ha permeado todos los estamentos del Estado.

No aprobaron la reforma del Estatuto Anti-corrupción y tampoco hay un compromiso en el Congreso para acabar con las cortinas de humo que permiten que las mentes obnubiladas sigan bajo el yugo imperial de la doble moral que les conviene, porque se lucran de todo.

Ellos que pertenecen a la generación privilegiada y que cada día se desconectan más de la realidad de lo que sucede en el territorio de sus orígenes: el hambre, la pobreza de la Guajira, del Sur de Bolívar, del departamento de Sucre, del Chocó, de todo el Pacifico, y muy especialmente de Tumaco.

Para algunos parece una ironía que en Colombia se celebre una Cumbre Anticorrupción, la cual fue anunciada desde Dubai, por el Director de la Interpol, General Jorge Luis Vargas Valencia, donde uno de los temas centrales será la recuperación de los capitales de funcionarios que tienen orden de captura por corrupción y los que han sido condenados (esta cumbre se realiza cada dos años), precisamente cuando el país se le están robando sus recursos descaradamente y los beneficiados son  los potentados y su clase política.

Quienes tienen que asumir el rol más importante en la recuperación del país no son los políticos, que definitivamente se fueron por el camino del enriquecimiento ilícito y de la explotación de lo público para aumentar su patrimonio. Por ende, hay que convocar al ciudadano y muy especialmente a los jóvenes para embarcarlos en un proyecto pedagógico de Ciudadanía Activa a través de cátedras en diferentes universidades para evitar que se siga consumando este desastre. Ya el sistema colapsó y a nadie parece importarle. “Educar para la ciudadanía supone aportar por un modelo pedagógico que contribuya a la construcción de un modo de vida en comunidad justo y democrático. Esto exige formar no solo cuídanos que defiendan y luchen por los derechos de primera y segunda generación, sino que también reconozcan la diferencia como factor de progreso. Este modelo de ciudadanía activa no se improvisa”. (Profesor Miguel Martínez, Universidad de Barcelona).

Lo que pasa en Ecuador y la manera de reclamar de los indígenas ecuatorianos y los diferentes testimonios que han quedado en evidencia, demuestran que el pueblo no puede seguir pagando por los desaciertos de una clase dirigente perversa, insensible y mediocre.

En Colombia estamos adormecidos, y es necesario despertar para no seguir defendiendo a los partidos y sectas, hay que defender es a la patria y rescatarla de las manos de esa clase privilegiada que se apoderó de ella para explotarla para su propio beneficio.

“Es bueno resaltar un proceso que sucede con una buena parte de la ciudadanía frente al poder, e incluso en las democracias más avanzadas. Ante el desproporcionado e imponente poder de las estructuras de los partidos políticos y del Estado, los ciudadanos, sobre todo los más débiles, se sienten a merced de ese poder, sobrecogidos y secuestrados. El miedo generalizado de los cuídanos comunes frente al impresionante aparato del poder político se extiende a sus familiares y allegados, produciéndose un creciente movimiento que transforma el terror en admiración y la admiración en respeto e, incluso, empatía a esas súper-estructura todopoderosa, sentimiento que les lleva a comportarse como sus secuestradores, sintiendo muchas veces afecto por ellos.  Es la respuesta de las victimas frente el enorme poder político”. (F. Rubiales).

Solo una ciudadanía activa, puede recuperar la Patria y neutralizar la desbocada ambición de las sectas y partidos.

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