SONORIDAD SABANERA


Por Manuel Medrano

Justo Almario se marchó hacia a los Estados Unidos, para perfeccionar su conocimiento del instrumento que lucía indomable, pero que aún no había podido sacarle sus mejores notas jazzísticas. Así que, al llegar a la ciudad de los Ángeles en el Estado de California, sintió una extraña sensación, mezcla del orgullo del provinciano que arriba a tierras lejanas, y al mismo tiempo lo embargó el temor y la duda por no tener la certeza de estar haciendo lo correcto. Pero ya no había vuelta atrás, tenía que enfrentar el reto de conquistar a la bella ciudad donde le tocaría vivir, al menos por el tiempo que transcurrieran sus estudios de música y de Jazz.

La camaradería que encontró entre sus colegas venidos de todas partes, en especial los latinos provenientes de México y Brasil, lo estimuló para quedarse. Vale la pena destacar, que Berklee College of Music es una de la más prestigiosa escuela de Jazz, en el país del norte, que atrae a muchos latinoamericanos.

Justo Almario se aclimató rápidamente por su temperamento apacible y su capacidad para relacionarse con el colectivo de estudiosos que habían acudido a la acreditada escuela con el mismo objetivo: nutrirse del conocimiento necesario para seguir la senda de los grandes maestros del Jazz.

Cuando lo invadía la nostalgia, recordaba el paisaje sabanero y los amigos que estuvieron en la fiesta de despedida, en especial a su abuela, de la que se despidió con sus ojos inundados por las lágrimas.

Al fin se sacudió de los recuerdos del solar nativo y se concentró en la misión que lo tenía en ese lugar, poniendo todo su interés y atención para convertirse en uno de los más virtuosos alumnos de la escuela.

El tiempo pasó rápidamente y a Justo se le presentaron unos pocos días de descanso. Ni corto ni perezoso volvió a Sincelejo, a casa de su abuela Buenaventura Bertel, mujer amante de los porros y fandangos.

Justo había cursado el primer año de música en Lo Ángeles, y estaba ansioso porque su abuela lo dejara hacer una demostración de su aprendizaje en Berklee College of Music. De manera que tomó su saxo y henchido de orgullo inició la audición corta de Jazz Latino. Cuando dio por finalizada la fanfarria le preguntó lleno de optimismo a la abuela por su actuación. Justo quedó pálido y nervioso con lo que le dijo la abuela que tanto lo quería: “te tendrás que regresar, es lo mejor, porque te están dañando como músico”, y enfatizó, “si lo que tocas no sabe a porro, mejor es que te quedes; eso que tocaste puede estar muy bueno, pero no me llegó al corazón”.

Desde entonces Justo Almario comprendió que no podía dejar de lado algo que era parte de su naturaleza como músico de esta tierra: la sonoridad sabanera.

En su proceso de aprendizaje y depuración para enfatizar su estilo, Justo Almario se aferró cada día más a su propio sonido, hasta que todos empezaron a notar, alumnos y maestros, que había un sonido diferente en las notas melódicas que brotaban del músico sincelejano. Allí nació su sonoridad sabanera, gracias al llamado de atención que le había hecho la abuela.

Cuando el gran Mongo Santa María llegó a la escuela a buscar un saxofonista para su orquesta, contrató a Justo Almario, que solo le bastaron siete para ganarse el puesto de director. Claro está, fue el encargado de hacer todos los arreglos de las canciones cuando iban a grabar en diferentes Estudios. Justo afirma que a Mongo Santa María le fascinó el golpe sonoro que llevaba del Maestro Pello Torres, de Lucho Bermúdez y de Pacho Galán. Fue tanta la impresión de Mongo por el sonido sabanero, que se interesó por la cumbia y terminaron incluyendo en unos de sus trabajos discográficos una cumbia fusión: A Colombia me voy.

Entre los años 1971 a 1978, fueron de mucho trabajo, muchas presentaciones y conciertos con Mongo Santamaría, estuvieron hasta en Cuba, con Gonzalo Rubalcaba, gran pianista de esa Isla.

Después, Justo almario, organizó su propia banda con el bajista Riche García, Guillermo Guzmán, George Krischeke y Billy Cantos. Grabaron varias producciones discográficas, una de ellas con Abrahan Laboriel e hicieron varias giras en Latinoamérica y Europa.

Debido a su sonoridad especial fue llamado a acompañar en grabaciones al tenor Placido Domingo, Linda Ronstand, Manuel Mijares, Luis Miguel y Viky Carr, entre otros.

También hizo parte de la Gran Banda que conformaba el Maestro Cachao, uno de los creadores del Mambo, con músicos como el trompetista Alfredo Chocolate Armenteros, Paquito de Rivera y Néstor Torres. Se ganaron dos Grammy Latinos.

Justo Almario nació en Sincelejo, pero muy pronto se radicó en Medellín. Proviene de una familia amante de la música, tal vez por eso desde su niñez tocaba instrumentos de viento y de madera. A los 15 años fundó el grupo Los bachilleres del ritmo y, además, era miembro del Combo Dilido.

En el año 2000, los organizadores de Baranquillazz, evento que se realiza anualmente en Barranquilla, lo reconocieron como el Embajador Musical de Colombia y le entregaron una distinción del Ministerio Nacional de Cultura.

Justo Almario, grande entre los grandes, Colombia le debe un gran homenaje y reconocimiento por su altísima valía artística y musical.

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