RAFAEL ARTURO MEDINA RODRÍGUEZ


EL HOMBRE QUE SABÍA DE TODOS LOS INSTRUMENTOS MUSICALES Y DE TODOS LOS SONES

Por: Álvaro Rojano Osorio

Por las huellas que dejó en la música colombiana el profesor Rafael Arturo Medina Rodríguez, instructor de piano, compositor, arreglista y director, amerita que su nombre haga parte de la lista en la que estan relacionados los músicos influyentes del Caribe colombiano en el siglo XX. Formó una escuela musical en el Bajo Magdalena, el Canal del Dique y en la Zona Bananera, porque sus enseñanzas eran académicas.

Nacido en Pedraza, Magdalena, a finales del siglo XIX en el hogar conformado por Joaquín Medina y Ángela Rodríguez, dedicó su vida a la enseñanza de la música. Sus inicios fueron interpretando un acordeón. Debió ser a finales del siglo decimonónico o principios del XX cuando se fue a estudiar música en una escuela en Panamá.

En plena Guerra de los Mil Días regresó a Pedraza, y en 1905 conformó y dirigió una banda de viento, la 25 de enero, una de las primeras en existir, en el Siglo XX, en la parte baja del río Magdalena. Además, contribuyó a la aparición, en esa misma localidad de dos grupos musicales más, de igual característica que el primero.

Pedro “Pello” Colon, músico oriundo de Concordia, Magdalena, y alumno de Medina, sostenía que las bandas de viento de Pedraza “eran la madre y el padre de toda las de por aquí.” Se refería a la sub región río y centro del Magdalena, al Canal del Dique y parte del departamento del Atlántico y Bolívar. Lo decía porque, según él, sonaban como un piano afinado.

Dos de esas bandas existieron de manera simultánea: las de los Charris o del barrio Arriba, dirigida por Pedro Charris Herrera, y la de los Barrios o del barrio Abajo, por José Antonio Barrios Barros. Fueron creadas teniendo como base la 25 de enero, la que dividieron para darle participación a una pléyade de músicos locales.

Dos fueron las circunstancias que hicieron de este un lugar de buenas bandas de viento: uno, que Rafael Medina, además de enseñar musical, fuera compositor, arreglista y ejecutante de todos los instrumentos que hacen parte de este tipo de agrupación. Dos, que, motivados por esa educación y la imagen del maestro, un número importante de personas, con aptitud para la música, se interesaron por aprender.

En la constitución y conformación de las agrupaciones fue fundamental el aporte de familias como Barrios, Medina, Ruiz y Tapias.  Entre los Barrios se destacaron José Antonio Barrios Barros, su hijo Juan Manuel y el hijo de éste, José Antonio Barrios Bolaño. Este último fue director de la banda San Jerónimo de Ayapel, a partir de 1951, y con ella ganó festivales como el de porros en San Pelayo en 1979. En ese lugar es considerado un referente cultural. Mientras que, en la Ruiz, Eladio, además de ser un sobresaliente intérprete de la trompeta, fue compositor, y entre los Medina se destacó el clarinetista Diógenes Medina Sánchez.

Alumnos de Medina, fueron directores y organizadores de grupos de música en distintos lugares de la región Caribe. Uno de ellos, Nicolás Herrera, fue educador de las bandas de las familias Arroyo y Villanueva en Barranca Nueva, y conformó una en Aracataca.

Otro fue Pedro Altamar, quien fue instructor de música de las bandas de Heredia y Sitionuevo, Magdalena. Mientras que Diego Fontalvo fundó y dirigió una en Aguada de Pablo, Atlántico, y enseñó música en distintos lugares del sur de ese departamento. En Calamar, Virgilio Santander y Eladio Ruiz dirigieron, hasta la década del ochenta, la 20 de julio. El alumno aventajado de Medina, Pedro Saltarín, fue director de la banda de la base naval de Cartagena.

El profesor Medina en El Carmen de Bolívar

El profesor Medina, como era llamado, abrió las puertas de su escuela de música en El Carmen de Bolívar y entre sus estudiantes sobresaliente estuvieron José Vicente Caro Vega, José María Montes y José Dolores Flórez. Fue después de que este iniciara el proceso formativo cuando surgieron las bandas en esa localidad organizadas por Montes y Flórez.

También señala que fue Medina quien sentó las bases musicales en El Carmen para que se produjera la germinación del porro sabanero que tuvo en Lucho Bermúdez su más grande exponente. Además, indica que fueron sus alumnos quienes llevaron el porro sabanero a Montería. Los primeros en hacerlo fueron Montes, con su grupo 20 de julio, y Flórez, con la Santa Cecilia. Otro fue Antonio Cabezas quien, como director de la banda municipal, enseñó los acordes de este ritmo a sus músicos.

Su presencia en el Canal del Dique

La influencia musical del maestro fue notable en pueblos del Canal del Dique: en Santa Lucía creó una banda de viento y formó músicos de la importancia de José David y Teófilo Ruiz, Julio Utria, Manuel Cervantes, entre otros. Era usual que este último lo recordara cuando escuchaba un músico ejecutando mal un instrumento: Lo oyera el señor Medina, ya estuviera regañándolo.

Fue en Santa Lucia, ubicada en el Canal del Dique, donde Clímaco Sarmiento lo conoció: “No fue más que ver a Medina presentando malabares y sentir la comezón en la sangre… y regresar derechito al cuarto donde reposaba, como pieza de santo, el requinto del padre a tomarlo sin permiso… (Salcedo, García. 1991).

En Calamar, después de 1920, surgieron las bandas Guante Blanco y 20 de Julio, proceso en el que las huellas del pedracero resultan evidentes. En ese lugar, además, fue instructor de piano de las familias pudientes hasta antes de 1950, cuando se produjo el marchitamiento económico de la población.

El maestro Medina en las orillas del río Magdalena y las ciénagas de Cerro de San Antonio y Zapayán

En Barranca Nueva, Bolívar, donde hubo tres bandas de viento, organizó y enseñó música a los miembros de la banda conocida como los Villanueva. Uno de sus condiscípulos fue Manuel Villanueva Díaz, músico, compositor, arreglista y director de su orquesta con la que grabó la famosa canción La Estereofónica.

Éste lo menciona en un documento redactado con su puño y letra, denominado Comienzo de mi vida Musical: “…y más bien me buscó (su padre) un maestro para que me enseñara mejor. Ese señor se llamaba Rafael Medina…”  Más adelante señala que en esa oportunidad enseñó a ocho muchachos y de ellos solo quedaron él y el trompetista Edrulfo Polo (Rojano. 2019)

Del nacimiento de las relaciones de Medina con el trompetista Edrulfo Polo existen varias versiones: la que surge de la entrevista que este le concedió al investigador musical Néstor Emiro Gómez, en la que dice haberlo conocido mientras hacía parte de la banda de los Villanueva. La versión que da Edrulfo de Ángel Polo, recogida de boca su abuelo, en la que señala que, debido a la familiaridad existente entre ellos, se radicó en Pedraza para recibir las enseñanzas musicales.  Otra la da el poeta Ricardo Arias, que dice que se conocieron en Barranca Vieja, Bolívar, donde el trompetista había llegado a residenciarse a temprana edad junto con su madre. Medina llegó a ese lugar a perfeccionar los conocimientos musicales de los miembros de la agrupación de esa localidad y Polo era uno de ellos.

En Barranca Nueva también instruyó a los miembros de las bandas de los Torres y Arroyo; última a la que perteneció Pello Torres Cortecero, director de la Orquesta Los Diablos del Ritmo, quien en una conversación con el gestor e investigador cultural Emmanuel Páez, admitió haber sido su alumno.

Otro músico aventajado fue Rafael Martelo de la Hoz. A los 17 años de edad lo llevaba su padre, en burro, de El Piñón a Rosario de Chengue, Magdalena, donde el maestro se había residenciado, para que recibiera sus enseñanzas. Después de terminar su ciclo de aprendizaje regresó a su pueblo donde organizó una banda que en Santa Marta y la zona bananera se transformó en la Orquesta de los Hermanos Martelo.

En Tenerife, donde fue contratado para orientar a un grupo de músicos, tuvo entre sus discípulos a Genaro Vargas Herrera, clarinetista, trompetista y destacado saxofonista, quien fue director de banda La Murillera, de Murillo, Guamal, Magdalena. También hizo parte de la banda de Sócrates Saballet de Plato, la 16 de agosto dirigida por José Vicente Caro, de la 2 de febrero de Magangué, donde, además, formó parte de la agrupación musical de Chico Cervantes.

La impronta de este profesor la encontramos en otro músico del Caribe colombiano, Pedro Movilla de la Cruz. Los primeros conocimientos musicales que recibió este trompetista y director de orquesta, fueron cuando Medina instruía a los músicos que conformaron la banda de Punta de Piedras, a orillas de la ciénaga de Zapayàn.

En la ciénaga de Cerro de San Antonio tuvo bajo su guía educativa a quienes conformaron dos grupos musicales en Concordia y Rosario de Chengue. El de la primera localidad estuvo vigente hasta los años ochenta del siglo pasado, mientras que el de la segunda es recordado por haberse mudado para los pueblos de la sub región de Loba, a la orilla del río Magdalena.

Su impronta formadora en Aracataca

Su impronta formadora se extendió hasta Aracataca donde llegó en 1920. Allí organizó, 1922, una banda que tocó en los salones de Cine, en 1923 y 1924. El investigador Venancio Aramis Bermúdez (2012) documenta que en ese lugar también instruyó en materia de música a Sabas Vega (de Valledupar) y Quintín Pérez (de Chiriguanà), entre otros.

La presencia de Lucho Bermúdez en esa localidad, en el mismo tiempo en que estuvo Medina y su antiguo condiscípulo Montes, ha llevado a algunas personas a concluir que fue su alumno.

La orquesta del señor Medina en Barranquilla.

A principios de siglo pasado se ubicó en Barranquilla y su actividad musical fue la de amenizar películas mudas en algunos teatros de la ciudad, tal y como lo hizo en Aracataca.  En esa ciudad dirigió la banda de viento de los Medina y la orquesta identificada con su apellido.

Su nieto, Rafael “Chicho” Medina se destacó como primera trompeta de la Orquestas Nuevo Horizonte, en la de Pacho Galán fue la segunda, y, también, formó parte de la de Luis Alfonso Larraín. Además, fundó en Bogotá la agrupación La Sonora de Chicho Medina.

Las composiciones de Medina

Medina fue un prolifero compositor de marchas, valses, pasillos, bambucos, porros, gitanillos, fandangos, pasodobles, gaitas europeas cumbias, foxtrots, rumbas, guabinas, danzas y corridos.

Pedro “Pello” Colón, quien falleció hace más de dos años, recordaba y tarareaba, acompañado de un redoblante, algunas de sus composiciones. Entonaba el vals llamado Paulina, que fue famoso entre las bandas de la zona del río y el Canal del Dique. También el fox-trot, Broche de oro y una danza, Zoila Rosa; un pasillo, Dos almas unidas y, la cumbia, Ron Bolívar. También canturriaba una rumba llamada La Trampa. También le compuso un vals a Onil Mendoza, la hija de su copartidario y amigo en Pedraza, Manuel Mendoza.

Entre su repertorio hay varias marchas dedicadas a santos patronos de lugares ubicados en la sub región río y centro del departamento del Magdalena, como la marcha a San Pablo, a San José, a San Antonio. Es, además, el autor de la mayoría de marchas que se interpretan en la tradicional Semana Santa de Tenerife. Una de ellas fue llevada por un alumno suyo para Santo Tomás, Atlántico, donde es interpretada en la procesión de la virgen la Dolorosa.

Medina murió antes de los años cincuenta, década a la que el investigador Piter Wade denomina como de la edad de oro de la música costeña, la que se extendió a gran parte de la del 60. Pero pese ese a no haber participado en este proceso, su obra musical le permite ser resaltado como uno de los principales aportantes al nacimiento del porro bajero o sabanero.

Después de haber escuchado a “Pello” Colon mencionar los ritmos musicales en los que componía su mentor y de saber de sus aportes a la música de Colombia, recordé lo que Elvirita Becerra me había dicho en Pedraza, 30 años atrás:

 ¡Vea, ese era el hombre que sabía de todos los instrumentos musicales y de todos los sones!

Bibliografía:
Salcedo, A y García, J. (1991). Diez Juglares en el Patio. (s. d).
Bermúdez, A, (2012). Migrantes y Blacamanes en la Zona Bananera del Magdalena. (s. d)
Rojano, A. (2019). Bandas de viento, fiestas, porro y orquestas en el Bajo Magdalena. Barranquilla.
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