QUITARLE EL PAÍS A LOS POLÍTICOS


Por Manuel Medrano

Si haces planes para un año, siembra arroz. Si los haces para una década planta árboles; si haces planes para toda una vida, educa al pueblo”. Proverbio chino.

Los pueblos donde no se fomenta el pensamiento crítico, pagan muy caro esa falta de avivamiento, cuando no hay claridad acerca de cómo enseñar a pensar a los jóvenes, en la era de las nuevas tecnologías, con el fin de que vayan desarrollando su discernimiento y emerja la actividad creativa, que como un componente talentoso es inherente a todo ser humano, pero muchas veces no aflora porque no ha sido estimulado su advenimiento por las instituciones educativas, a través de la filosofía, la música y todas las bellas artes.

Si la lectura no se convierte en hábito y los mismos individuos que buscan su formación en las diferentes universidades no encuentran o no son diligentes, para encontrar los espacios que les permita adquirir el pensamiento crítico, tal vez por ignorar que las bibliotecas, con un buen orientador, son los escenarios propicios que facilitan nutrirse de esa sabiduría, que nos transforma en ciudadanos libres pensadores, que podemos ver más allá de lo que visualizan las masas o su clase dirigente.

Es necesario que la sociedad despierte y no se quede añorando el Siglo de las Luces, en aras de disipar las tinieblas de las comunidades irrigando el conocimiento, para que hermanado con la sabiduría, la cultura ciudadana, el saber político y la conciencia crítica, se lidere la búsqueda y la consolidación de cambios inalienables que contribuyan a morigerar las falencias que son evidentes en nuestro capital humano, fortaleciéndoles y  proporcionándoles  la tea que ilumine la senda del retorno al sentido de pertenencia para que los espejos que históricamente han reflejado las imágenes oscuras del país que no deberíamos ser, nos proporcionen la visualización diáfana del país que nos merecemos.

Si para cuestionar lo previamente establecido se necesita tener conciencia crítica, es bueno recordar que el pensamiento crítico es el proceso de dudar de las afirmaciones que en la vida cotidiana pueden aceptarse como verdaderas, es el proceso que ayuda a organizar u ordenar conceptos, ideas y conocimientos; a este tipo de pensamientos hay que estimularlos, sumergiéndonos en ámbitos culturales ricos, nutriéndonos de buenos libros y viendo lo mejor del séptimo arte. Nos merecemos un mejor país, y para reconstruirlo hay que despojarse del fanatismo y el apasionamiento; si tenemos en cuenta que todo está politizado de manera perversa, y eso eclipsa toda acción que se salga del marco conceptual del derrotero que ha impedido visionar un modelo de nación que privilegie a todos sus ciudadanos, y no a la élite que ostenta el poder, teniendo como premisa el valor de educar y estimulando el desarrollo de un país con tantas potencialidades.

Nos acostumbraron a la violencia y a la corrupción y convivimos con el absurdo sin inmutarnos. Cada tres días asesinan a un líder social o a un defensor de los Derechos Humanos y eso no nos conmueve, hasta que no vengan por nosotros.

En un país civilizado las manifestaciones motivadas por los escuadrones de la muerte que se convirtieron en depredadores de la vida, se estarían tomando las calles clamando porque no haya más sangre derramada. Pero no, el silencio es tan profundo que estremece y duele, duele en lo profundo, ese no es el país que deberíamos ser.

Un Estado que le quedó grande la Nación, Tumaco, Chocó, la Costa Pacífica, Leticia y la Guajira, hasta allá no llega a amamantar esos hijos; el abandono es su único argumento: analfabetismo, pobreza extrema, sistema de salud endeble y hacinamiento escolar. Paradójico, 43 años después, Chocó recibe sus primeras camas USI para el hospital público. ¡Dan ganas de llorar!  El Congreso, que acaba de hundir el proyecto que pretendía rebajarles el 15% del abultado sueldo que devengan los parlamentarios, no hará jamás las reformas que se necesitan para que renazca la esperanza.

El campo y el campesino no pueden surgir abandonados, mientras Colombia siga importando arroz de Ecuador y Perú, las tierras ubérrimas de la Mojana están desahuciadas, el bocachico lo importan de la Argentina, y el café de un país socialista como Vietnam.

Se necesita Conciencia crítica y pensamiento crítico en una ciudadanía que tiene que asumir un  rol tozudamente arduo, para quitarle el país a los políticos,  de lo contrario naufragaremos en el mar de la incertidumbre, plagado de violencia, corrupción  e injusticia. ¡Hasta cuando!

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