¿Presentación personal…? ¿educación…? ¿prudencia…?


Por: Brayan Latorre
Algo más bello, importante y sobre todo saludable que la buena presentación e imagen personal o profesional es la presencia de personas con calidad humana (habilidades blandas y duras integradas en función de la coherencia y la coordinación armónica) porque de esta es que depende realmente la calidad de la presentación” (Brayan Latorre). 

Ello de la presentación e imagen personal siempre se ha tomado como una norma de etiqueta a través de la cual se ha justificado el propósito de los buenos modales y de dar una buena impresión para así entrar en confort y buena relación con los demás, sobre todo si se trata de gente de mayor cargo o ventaja, es decir, a la hora de una entrevista laboral o de la cita con los suegros así como de cualquier otra en la que la imagen deba dejarse por lo alto.

Lastimosamente con todas esas estupideces –mi persona (quien de ahora en adelante se autodenomina como el autor) también se siente aludida al haber caído en muchas ocasiones en tales bajezas y sobre todo, al todavía seguir haciéndolo algunas veces en las que la inconciencia hace que las malas costumbres implantadas salgan a flote– no se pretende otra cosa que crear seres humanos uniformes que creen que así son felices y pueden brindar amenidad a los demás cuando sucede lo contrario, en vez de prudencia y de valores, se manifiesta una agresividad que puede que aparentemente sea pasiva, sólo que al llamarse discriminación, burla, asco y sinónimos de este tipo de intolerancia e ignorancia humana ante la riqueza de la diversidad cultural que existe y que incluso cada quien pretende desde su auténtica forma de ser, dicho cinismo se convierte en algo corrosivo para cualquier persona y peor que la agresividad física o en su grado más claro y directo que en realidad a los que más hiere, son aquellos que para no ser maltratados como esos que sí tienen personalidad, sobre todo el valor de defenderla, de defender su autenticidad, caen en ese círculo vicioso de la hipocresía social.

Esa hipocresía es la que se sienta a cenar o a charlar muy “educadamente” y no en realidad ese grupo de ilusos creyéndose refinados y mejores que otros por su “buena presentación personal”, protocolo y etiqueta (“educación”) cuando en realidad son inferiores al rendirles pleitesía a esa fuente de corrupción que les quita el placer de una buena comida pues bien ha de saberse que gustos hay de todos, mas ¿a quién no le gusta comer con las manos?, ¿hablar mientras se come sobre lo rico que está?, aunque quien tiene hambre…poco hace esto, pero justo por ser natural porque es la naturaleza la que llama. ¿A quién no le gusta eructar como lo hacen los árabes en símbolo de que han quedado satisfechos y quien no lo hace no lo está? y al ser una nación ello indica una cultura (costumbres, ideas y todo lo propio de un pueblo o incluso, de un individuo), es decir, pasa a ser etiqueta, educación y entra incluso dentro del valor de la prudencia. ¿Sería entonces prudente llamarles “mal educados”?

No falta la persona que diga: << ¡Eso es allá…no acá!, ¡son ellos!, ¡no nosotros! >> Ojalá se dijera lo mismo sobre los estadounidenses y las prácticas internacionales y hegemónicas que se han acogido. Es que bien ha de saberse que la cultura no radica en un lugar o geografía alguna, tan sólo en una nación como ya se ha dicho (pueblo, gente) y así como dichas personas inmigran por todo el mundo, su cultura se internacionaliza a la vez que impera con hegemonía sobre otras tal como se observa con la norteamericana y el modelo europeo de etiqueta que se ha adoptado desde la colonización desplazando las raíces amerindias.

Respecto a dichas raíces, es triste el observar cómo muchos turistas, especialmente de las grandes potencias, las consideran salvajes hasta hoy en día mientras vienen a Colombia y van por Latinoamérica o las Antillas con muy mala presentación personal para el propio concepto de etiqueta según su cultura (hipocresía social) que aunque parezca una estupidez decir esto por causa de que precisamente están en vacaciones y no se va igual a la playa que al trabajo, no lo es cuando se escuchan comentarios de algunos de ellos que con discriminación afirman que por donde andan es todavía mera selva y tierra de indios como el autor lo ha podido presenciar.

Si hay algo curioso frente a la elegancia y las normas de etiquetas, protocolo y demás que definen la buena presentación e imagen personal y los buenos modales dentro de la cultura americana (todo el continente) y países colonizados a nivel mundial es que provienen de la imitación a una hegemonía colonizadora que ha pasado a  nuevos nombres y países, sólo que se sigue prolongando de un modo similar, por ejemplo, si no con todas esas mismas costumbres, sí con su mayoría o con su ideología que no pasa de moda y que promulga el caché, la clase, pedigrí o como se le llame a lo que no es más que fascismo y cuyo hecho realmente curioso es la porquería que traza el curso histórico de los ciudadanos burgueses y finos colonizadores de la época; ingleses, portugueses y españoles: <<una suciedad completa>>.

<<¿Una suciedad completa…? se comprende el primero de los dos sentidos (una sociedad completamente mugre), pero, ¿cuál es el segundo?, ¿acaso el de una sociedad completa en su mugre (suciamente completa), sin que le falte ningún imperio o miembro en su porqueriza, porque de ser así, ¿qué hay de los franceses?, ¡deberían ser los primeros en mención!>>.

El autor les deja de último no porque su caso sea el menos grave, sino, ¡todo lo contrario!, si existe la fama de que el único propósito que tiene su cuidado en el buen vestir y olor a través de perfumes, es el de disimular las prácticas inmundas en las que incurren y que son el baño de cada día, se debe en realidad a la práctica de la sociedad en mención de esa época anterior a “La Revolución Francesa”, sólo que han quedado rezagos en gran parte, que aun así, se exageran como es de costumbre al momento de hablar sobre culturas por lo que tal vez sean los primeros en la clase alta de la << suciedad >> de aquel tiempo, mas no en el actual–.

Entran también a jugar las raíces genéticas que no se deben rechazar como se hace usualmente con lo más básico y esencial de la naturaleza humana que no es muy diferente a la animal, a la que los vanidosos han estratificado a través del pedigrí en medio de la necesidad inconsciente que posee el << hombre >> no de igualar a los animales a sí mismo, más bien de hallarse en ellos por causa de que en últimas una y otra naturaleza en esencia son la misma o tienen más en común que lo que parece.

Además a la hora de hablar de estética, pudor y todos esos detalles superfluos que corresponden a la apariencia e higiene que justifican la diferencia entre el humano y los animales, no deben ser muchos los escrúpulos dado que de tratarse de limpieza, orden y el acto más racional y educado que puede haber que es el cuidado para con el medio ambiente, son ellos los que en realidad responden con alta responsabilidad ambiental y fungen como perfectos gestores de la Economía Circular y si no, ¿qué hay del escarabajo del estiércol? –solamente por poner un sencillo ejemplo sin necesidad de consultar a nada más que a algo de un poco de cultura general.

La especie humana cree que pertenece a una sola cultura y resulta que es en realidad la mezcla de muchas, lo que hace que haya una identidad auténtica y completamente potencial en cada quien a desarrollar como factor innovador de sí mismo (marca personal) –se escribe en lenguaje comercial ya que en eso la humanidad se ha convertido: en productos, en máquinas, en modelos no a seguir, sino automatizados.

Aunque la anterior afirmación parezca negativa, no es el propósito, más bien el de presentarla como el desafío que representa y que se trata justamente de sacar lo mejor de sí mismo como persona y proyectarlo como profesional, aun cuando fuese en la menos valorizada de las labores o iniciativas de emprendimiento tanto social como económicamente porque antes de ser profesional, el individuo es persona, tal como lo afirma un antiguo profesor del autor (Silva Harold) y no se fuese profesional sin ser persona, por lo que así como dichos conceptos no pueden separarse, no se puede ser un buen profesional sin ser una persona de calidad humana, que a pesar de que dicho concepto considera desde luego los talentos o habilidades duras, bien se sabe que prioriza las blandas; lo que hace de una persona que las posea, no sólo un profesional, educado y el mejor de los discípulos de la mejor de las normas de etiqueta (valores y principios indiscutiblemente humanos al materializarse a través de lo más tangible del bienestar), además el mejor de los tipos de profesionales, sean quienes estos sean, sin importar el tipo de universidad de la que provengan ni los títulos que posean.

Es la identidad del “yo” de cada quien la que le llama desde pequeño y la que le hace tan rebelde que por no poseer ni una buena guía ni un buen entendimiento o reacción ante estos conceptos, se pierde en la frustración que causan los daños judiciales o personales de toda índole, provocados por la perfidia y la discriminación de los parámetros sociales de normalidad al no saber cómo ser un verdadero revolucionario social; uno que por ejemplo, no tenga necesidad de tomar arma alguna o medio de violencia o peor aún se desvía en la frustración que causa esa misma perfidia al rendirse ante ella dejándose arrastrar por la corriente social de una forma en la que acepta completa sumisión y no tomar una medida que le permita sacar a flote lo mejor de su creatividad e innovación humana que es propia de la personalidad de cada quien y sin la cual no es posible llevar a cabo ninguna causa social ni generar ningún impacto a la sociedad que valga la pena.

Esa autenticidad que permite << ser >> y evita la deshumanización del << ser >> es la que la intención codiciosa, monopolizada y centralista de establecer una sociedad uniformada pretende acabar; cuyo ánimo ha sido poseído desde sus orígenes no sólo por la burguesía, además por la burocracia que bien se conoce como un medio desde el cual se promulga la Democracia y el bienestar del pueblo, el verdadero sentido y concepto de la política, que es el servicio, cuando resulta que ha terminado siendo una estafa y un cambio de nombre de la monarquía y del sistema burgués que cada vez es más complemento y suplemento vitamínico para los burócratas.

A cuya mayoría sólo no le importa perder presentación o elegancia personal cuando con dicho sacrificio cuida su imagen política, lastimosamente…¡mucho más importante! Pero, ¡de qué vale si se ha ensuciado las manos para ganar adeptos y luego limpiárselas! –Lo cual es normal por limpieza–, sólo que no lo es el hacerlo con el mayor asco al no ser natural en un espíritu político (servicial), más bien en uno acaparado por la hipocresía social–.

La presentación personal pareciera ser cuestión de belleza y esta también es relativa pues ya se ha dicho, ¡gustos hay de todos los tipos! Aun así, esto no se tiene en cuenta en los reinados de belleza ni a la hora de analizar que no es mejor cierto peinado que otro o tener las uñas cortas o la barba afeitada o arreglada o tal…tal…tal.

El autor invita al que lea este ensayo a que sea feliz como quiera presentarse y a que se presente como sea feliz porque como se presente es persona sobre cualquier Código de Norma Empresarial o Manual de Conducta Escolar. Precisamente a este último es al que se le debe, al igual que al colegio en el conjunto de su sistema conductista y algo carcelario, la preparación para un mundo de máquinas que se han tomado su papel tan en serio que han creado muchas más a través de la robótica e incluso muñecas/os sexuales que han reinventado la presentación personal (presentación personal de máquinas o de máquinas como personas); lo que proyecta un símil al caso expuesto sobre los animales, sólo que peor tratándose de que no venimos de las máquinas, ¡somos sus creadores!, a menos que la realidad “Matriz” exista.

Así como lo normal es que se cumplan las normas de etiqueta de la sociedad en general como cualquier otra norma a causa de que lo normal es que se cumpla la norma porque lo normal es la norma, también lo es el derecho humano de que el indígena conserve su vestimenta e imagen personal, además de la cultura con la que se da a conocer, tal como todo mundo; ante todo, el deber de cada individuo de no permitir que ni su cultura, raíces o miembros sean transgredidos. Por ende el hippy tiene tal derecho y tal deber al igual que la comunidad LGBT, el afro, el ROM, el Rastafari y múltiples comunidades más, siempre y cuando con ello no dañe ni su integridad ni la de los demás (Responsabilidad Social) pues prima tanto la salud física como mental y al igual que la suya la de los demás.

A la hora de hablar sobre cómo se pueden ver afectados los otros por la presentación personal de unos, no debe ser por la forma amanerada o explosivamente femenina de actuar de un hombre Trans y ni siquiera por el mal olor de al que se le considera un gamín por tomar un estilo de vida diferente como el ser un mochilero sin ser precisamente un vicioso dado que para esto sólo basta con alejarse del lugar con respeto y discreción, sino porque su libertad de expresión atente contra la suya y por ende contra su integridad y dignidad; el caso de un nazi que se tatúe la cruz esvástica y se la muestre a un judío, por ejemplo. Es sólo esto porque del resto la libertad de expresión es el derecho que toda persona tiene y que no se excluye a la hora de su presentación personal así como tampoco tiene por qué excluir el buen concepto de esta.

Aun con todo lo expresado en estas reflexiones, ¡cada quien que conserve su cultura, incluyendo a los refinados!, estas son apenas opiniones respecto al sesgo de las personas, no en contra de ellas ni sus costumbres a causa de que la gente es mucho más que estas y que unas actitudes; de todos modos, puede que sólo se deje poseer por ellas. Por lo tanto, la invitación es: ¡no dañar a nadie!, ¡ser auténticos! y dado que en medio de la búsqueda de tal autenticidad el proceso es insufrible y los tropiezos son incesantes, a que no se decaiga y se mantenga el emprendimiento del ser hacia la felicidad; aunque para ello se tenga que emigrar como los animales hacia su ecosistema original.

Sucede así porque lastimosamente el ser humano como un animal y miembro más de este planeta, se adapta o emigra ya que de no hacerlo, muere, a menos que haga ambas cosas o sólo una de las dos en su mayor parte en vista de que no es necesario hacer una sola cosa del todo gracias a la capacidad que le otorga la hipocresía social de oscilar entre la vida y la muerte de la identidad original, es decir, de sobrevivir, mas no vivir de verdad; cosa que a decir con sinceridad es una utopía a lograr que de todos modos se hace llevadera si encuentra el grupo social o la comunidad con la que se sienta bien y que considere apropiada para su coexistencia.

Lo anterior comprende fácilmente el proceso de << la metamorfosis social >>, tal como el autor lo ha nominado, de modo que explica el cómo la gente acaba en la soltería al no hallarse en nadie más que en sí misma; lo cual sucede mucho dentro de la filosofía monástica, a pesar de que los monjes también se integran y viven en comunidades. Todo esto es cosa maravillosa como lo es toda vocación cuando es cierta, más absurda cuando es producto de la confusión de no hallarse todavía en la auto realización del ser mariposas, esas que vuelan juntas o solas, pero felices al fin y al cabo por haber completado su proceso y haberse metamorfoseado.

Para continuar hablando sobre “prudencia”, “educación” y otros ángeles convertidos en demonios, ojalá que nadie olvide que antes de tratar a alguien como si no fuera persona al decirle que cuide su imagen y presentación personal porque no la tiene y peor aún, de estúpido al creer tal vez que no sabe los parámetros sociales que al ser tan famosos, es obvio que los conoce y que si no los está siguiendo es porque no quiere, lo que indica que es a sí mismo a quien se está tratando de estúpido y entre otras cosas, de imprudente, debe reflexionar que es más importante y valiosa la belleza de la sonrisa de un bebé y un anciano sin dientes que la que tenga los más limpios, blancos y perfectamente simétricos por naturaleza o dichos arreglos porque son cosas del alma y no todo mundo tiene la gracia de llegar a ser un anciano ni menos uno que sonría con nobleza así como tampoco la de tener un hijo, pero sobre todo de desearlo y de no amargarse tanto por su llanto porque en medio de este, también “pela su chapa”.

Al igual que se recomienda gentilmente que antes de dar semejante consejo, también analice que no sólo se deben cuidar el buen vestir y otros detalles, aún más la imagen corporal que no lo hacen esos ricos que se jactan de buenos modales y vestidos que no se ajustan a sus cuerpos obesos; no debiendo ser el fin principal la belleza ni mucho menos la vanidad, la cual es la degradación y la excentricidad de la búsqueda desviada de ella, sino la salud –la gente se arregla y se limpia por salud más que por cualquier otra cosa– porque como bien se sabe, esta es la que define la verdadera belleza y el propósito de cuidar la línea o el cuerpo en todos sus ámbitos e incluso la mente porque no lo dice el autor, sólo repite: <<cuerpo sano, mente sana>>; el sentirse limpio anima y restablece la mente.

En definitiva, la salud es la que define el bienestar consigo mismo y con los demás de tal forma que proyecta una belleza que supera la física de tal modo que pone a prueba lo que chistosamente se le dice a alguien cuando es muy feo: << no se arregla ni con un cambio extremo >>; hecho que se evidencia en la unión de parejas en las que uno de los dos es realmente apuesto y el otro no que se diga, mas es esa química, ese espíritu de presentación espiritual el que une la imagen física con la que se proyecta desde el alma –aspecto que si muchos galanes tuviesen en cuenta no fuesen engañados ni fueran tampoco tan inestables emocionalmente como todo tipo de personas que creen que sólo con etiqueta y “presentación personal” han de conquistar y puede que esto se logre, sin embargo, lo que hace bella y duradera una relación es lo ya mencionado que se sale de dichos paradigmas conductistas sobre la belleza–.

Es lo anterior lo que define lo mejor de la presentación personal, mas no el deseo de imitar a los mejores modelos o convertirse en uno de ellos porque el ser bello es simplemente sentirse bien y si se viste de tal forma o se hace ejercicio es para ello y por causa de satisfacción del propio ser, no para agradar a nadie más porque si incluso, alguien lo hace por complejo de inferioridad y porque luego de estas palabras se ha sentido aludido y mal, ¡que no lo haga!, solamente debe tomarlo en cuenta como crítica constructiva a favor de su propio bienestar y felicidad porque es por esta que lo debe hacer y nada más, de modo que si se siente bien con esas prácticas que atentan contra su salud y por ende contra su presentación personal, ¡que siga con ellas!; no obstante, bien se sabe lo que ha de pasar a futuro en repercusión de su bienestar y no sólo físico, más integral.

Esto de la salud deja más que claro que lo que se consume también encaja como parte de la educación y buenos modales al influir tanto en la salud y futura presentación personal en lo más puro de la esencia natural, sin maquillajes y las ironías aquí expuestas, cosa que muchos no tienen en cuenta (el autor se incluye de gran manera). Por lo que no es bien educado quien bebe gaseosas y consume todo tipo de productos artificiales, aunque el sistema conduzca a ellos como un imán del que hay que huir a como dé lugar, tal como lo logran hacer ciertos grupos que reciben la admiración del autor tales como los vegetarianos y veganos, en cuales ninguno ha podido encajar por más que lo ha intentado al ser un esclavo más de los placeres y vanidades que se hallan en muchas comidas, a pesar de tomar medidas saludables y restrictivas por lo general, disminuyendo el consumo y sustituyéndolas por alimentos de verdad, por ejemplo, comidas orgánicas.

Simplemente antes de pensar en cuidar la imagen personal se debe reflexionar en que esta depende no sólo de la física, además también de la mental. ¿Una imagen mental? ¡Cómo así!: <<El concepto de lo que se piensa y cómo se piensa (mentalidad); sobre todo la primera impresión que se da en cuanto a esto y la forma en cómo se presenta, expone o irradia>>. 

También suele suceder en cuanto a la prudencia y a la educación que en vez de dársele una sugerencia o información a alguien, se le da una orden o advertencia, peor aún, en forma de amenaza o rechazo con gestos y palabras de bajeza; lo cual se da en casos como los de una persona fumadora que incurre en su hábito en un lugar y en medio de un público que no son propicios para ello, actuando con gran imprudencia desde luego, sin embargo, ¿se ha puesto a pensar el que así lo considera y el que se ve afectado por ello que actúa con mayor imprudencia reaccionando con agresividad, ya sea verbal o física, haciéndole sentir mal y promoviendo la violencia que sólo depende de sí mismo evitarla?, ¿por qué? Porque lo peor que debe suceder es que se retire dicho fumador pasivo sin agresión alguna hacia el activo para recurrir a la respectiva autoridad a la que le corresponda encargarse del asunto.

Cabe resaltar que lo anterior le ha pasado al autor como otras cosas aquí mencionadas y cuyas sugerencias han quedado para sí mismo, una persona muy imprudente, de hecho, aunque en muchos casos también falto del coraje preciso para decirse lo que se debe y como se debe, lo que le ha hecho imprudente también por callar ante las injusticias, tal vez por no saber reaccionar ante el no saber manejar los nervios (inteligencia emocional) tal como le pasa a muchos ante un asalto, ¡es lo mismo! Por ello la prudencia no se define siempre por el silencio, si así fuera, los sabios se definirían por callar ante él o siempre callarían, no obstante, son muchos los que callan ante las palabras sabias y no son sabios precisamente, más bien son necios a quienes hubo necesidad de callar o en el mejor de los casos, personas que van por el camino de la sabiduría.

Es ello lo que define la asertividad; no callar siempre, no hablar siempre, sólo hacerlo cuando corresponde. Algo diferente es el que siempre hay que callar antes de hablar para que en medio del proceso de respirar se pueda pensar mejor y entonces lo que se diga sea con el respeto que el autor aclara que en sus escritos  pretende usar en sus palabras en reparación de las veces de carencia del mismo, de claridad o de presencia del silencio imprudente ya mencionado (ese acto de callar o no saber responder ante las injusticias).

Aclara también que si no aplica ninguna de dichas palabras, los que le conocen, que no le juzguen por favor al igual que a cualquier otro escritor, conferencista, predicador o profesor (profesa) que profese cosas lógicas que no ponga en práctica; que mejor recuerden la Biblia y no como libro religioso o como en este caso, palabra del hijo de Dios (evangelios), más bien como un libro de sabiduría para la vida, cuyo hecho práctico no excluye a creyentes de otros credos, ni siquiera a los ateos: << Hagan lo que ellos dicen, no lo que ellos hacen >> (Mateo 23:3).

En conclusión, así hay muchas otras comparaciones como las anteriores que vienen al caso con ejemplos coloquiales y de anécdotas que le habrán sucedido a más de una persona a quien habrá humillado gente que al decir por ejemplo: <<¡córtate y límpiate las uñas que eso no te queda bien como persona, profesional ni como nada!>>, no tiene en cuenta ni razona justo en ese momento sobre la buena educación de aquel que al no rasgarle la cara con tan afiladas uñas, ha manifestado una muy buena presentación personal (presentación como persona o imagen de persona).

Lo anterior dado que las personas, los humanos, hasta donde se sabe, son los animales racionales y tener las uñas así es evidentemente una presentación animal, pero una que en este caso, ha tenido un gesto racional de por medio a causa de que a pesar de la rabia en ese momento que conlleva a una intención o  pensamiento irracional de ese tipo, al humano no le hace humano o racional el no tener emociones ni pensamientos irracionales, sino el no controlarlos.

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