PONCHO ZULETA


El pulmón de Oro

Por EDDIE JOSÉ DANIELS GARCIA

La grandeza de Poncho Zuleta, primero como gran compositor y enseguida como cantante estelar, quedó definida a comienzo de los años setenta, cuando el recordado conjunto de los Hermanos López con la cautivante voz de Jorge Oñate le grabaron los discos “Mis viejos”, “Los tiempos cambian”, “Campesino”, “Estelita González” y “Mi canto sentimental”. Fueron éstas unas canciones apasionantes, que penetraron hondamente en el sentimiento de la comunidad vallenatófila, y que sirvieron de paradigma para medir la profunda vena artística que caracterizaba al joven estudiante villanuevero, y que, por supuesto, era un atributo singular que le venía como herencia directa de su progenitor, el muy reconocido acordeonista y compositor Emiliano Zuleta Baquero.

Estos discos primigenios, que sin duda alguna inmortalizaron a Poncho Zuleta, estuvieron arropados con el manto de la nostalgia y la tristeza que abrumaban al novel compositor por encontrarse ausente de sus padres, de sus amigos y, lógicamente, de su Villanueva querido. Por esos tiempos, el cantante había viajado a la friísima ciudad de Tunja para adelantar allí sus estudios de bachillerato, impulsado por su hermano Emilianito, quien también se encontraba en esa celebérrima población, cursando ya sus estudios universitarios, tras haber obtenido el título de bachiller en el Colegio de Boyacá en 1967. Y curiosamente, fue en esa ciudad donde Poncho hizo sus primeros pinitos en el arte de la vocalización, promoviendo el conjunto que organizó con su hermano para impulsar en esa vetusta región andina la ligeramente conocida música vallenata.

La presencia de los hermanos Zuleta en la capital boyacense gozó de mucho aprecio y admiración en toda la ciudadanía. Mientras Emilianito iniciaba sus estudios superiores en la Universidad Pedagógica y Tecnológica y Poncho finalizaba su bachillerato en el Colegio Silvino Rodríguez, aprovechaban los feriados y fines de semana para realizar sus presentaciones en todos los sitios donde eran invitados, y donde ya comenzaba la música vallenata a gozar de una gran aceptación. Esa estancia fugaz de los Zuleta en esta ciudad quedó impresa en la memoria de todos los tunjanos, porque, algunos años después cuando yo ingresé a la UPTC y me conocí allí con mi compadre Jairo Tapia Tietjen, oriundo de Codazzi, quien tuvo la ingeniosa idea de fundar un programa dominical, titulado “Revista Vallenata”, trasmitido por Radio Tunja durante dos horas, la gente no hacía más que llamar por teléfono pidiendo se les complaciera con la música de los Hermanos Zuleta.

Recuerdo que fue la canción “Mis viejos”, grabada en 1971, la que más impactó y perduró en el entorno popular y en la oligarquía vallenata, y cuyos versos iniciales “Cuando no estoy en mi tierra/ sufro con melancolía/ pero hay veces que en la lejanía/ es donde los hombres se superan” no escaparon a la tentación de ser cantados, entonados o silbados por todo el pueblo caribeño. Pero, fue la entrada magistral del acordeón de Miguel López, matizada con una nota tierna y larga, profundamente sentimental, la que invadía el espíritu y causaba un deleite placentero en todos los oyentes, emoción que se vivía a plenitud en el recorrido de toda la canción, hasta llegar a los versos finales: “Oye, vieja Carmen Díaz/ te canta Poncho Zuleta/ a ti te debo la vida mía/ para todo yo te tengo en cuenta/ y tu vejez la pasarás lo más contenta/ con este hijo que te piensa noche día”.

A finales de ese mismo año, un efecto similar experimentaron los amantes de la música vallenata y, en especial, los admiradores de Poncho Zuleta cuando fue grabado el disco “Los tiempos cambian”, otra letra de corte melancólico, donde el autor, repleto de nostalgia, manifiesta la brevedad del tiempo y la fugacidad de la vida, y con una ironía sutil expresa también el deterioro que sufren los hombres con el paso de los años. “Cómo cambian los tiempos/ y solamente queda el recuerdo/ como pasan los años/ y ni siquiera nos damos cuenta/ y cuando el hombre vegeta/ no es el mismo parrandero/ y aunque tenga dinero/ las mujeres lo desprecian”. También, en esta canción el brilló el embrujo musical de Miguel López digitando una nota cargada de un sentimentalismo único, con que terminó ganándose el aplauso interminable del ambiente vallenato.

El transcurso de 1972 se vio ennoblecido con dos canciones magistrales de Poncho Zuleta, ambas cantadas con la perfección expresiva de Jorge Oñate y animadas con el embrujo cautivante de las notas miguelopistas. La primera fue “Campesino”, donde el autor hace una apología a esta estirpe colombiana: “Campesino es el hombre de trabajo/ que se conforma con lo que Dios le da/ vive luchando por la Humanidad/ y sin embargo siempre es despreciado”.  Y la segunda, titulada “Estelita González”, es un hermoso merengue donde el autor le confiesa a la protagonista, natural de Valle del Cauca, la alegría que siente al encontrarla y la tristeza que ha vivido por su prolongada ausencia: “En mi son vallenato te vengo a cantar/ Estelita González me estoy acabando/ hace más de dos años te vivo buscando/ y al fin te dejastes encontrar/ ay, yo no quisiera recordar/ tanto tormento que he pasado”.

La nota distintiva en la música vallenata la siguió marcando Poncho Zuleta en 1973, cuando los Hermanos López publican el elepé “Las Bodas de Plata” y le incluyen la hermosa canción “Mi canto sentimental”. Como en todas las anteriores, se nota en ella la pasión magistral en el acordeón de Miguel López y la ternura expresiva del “Ruiseñor del Cesar”, vocalizando unos versos que manifiestan el sentimiento lírico que acompaña a todos los cantantes de talante parrandero: “A través de tanto tiempo/ he podido comprobar/ que los hombres parranderos/ somos muy sentimentales. / Es un sentimiento/ que llevamos en la sangre/ y lo exteriorizamos/ a manera de cantar”.  Y en el cierre, nuevamente destaca su talento y el sentimiento de amistad que lo caracteriza: “Las personas parranderas crean un sentimentalismo/ y este caso es muy frecuente en la gente provinciana/ yo que por ejemplo escribo versos en mi alma/ deseo a cada instante cantar con mis amigos”

Aunque en esos tiempos,  Poncho Zuleta, esporádicamente,  hacia parte  de la consagrada agrupación de los Hermanos López, tocando la guacharaca algunas veces, y haciendo el coro en otras, ya eran visibles su ingeniosa capacidad creadora,  el exquisito  talento vocalista y, sobre todo,  la vigorosa fuerza pulmonar que lo caracterizaba, cualidades  que muy pronto lo situaron  al lado de Jorge Oñate, conocido ya como “El Ruiseñor del Cesar”, y lo bautizaron con  el título de “El pulmón de Oro”, calificativo con el que ha transitado casi medio siglo en el folclor colombiano, conquistando interminables aplausos dentro y fuera del país. Así lo percibimos en diciembre de 1982, cuando acompañó a García Marquez en la entrega del Premio Nobel y fue ovacionado ampliamente en el Palacio de Estocolmo por los propios reyes suecos y todos los asistentes.

Y como era de esperarse, los ya renombrados Hermanos Zuleta no podían pasar inadvertidos ante sus admiradores, por eso, a la par de los Hermanos López, también habían iniciado en 1971 el largo recorrido de sus exitosas grabaciones. En el primer long play que proclamaron, titulado “Mis preferidas”, Poncho incluyó su hermoso paseo “Desencanto”, donde manifiesta la preocupación que le ocasiona la indiferencia mostrada por una mujer: “Tú no mereces que yo te quiera tanto/ y sin embargo por ti me estoy muriendo/ con tantas penas me estoy envejeciendo/ no valgo nada y mi vida solo es llanto”. Sin embargo, en el cierre, satisface su inconformismo imprecando a la protagonista: “Pero algún día tendré mi recompensa/ me pedirás perdón por tu falsía/ ya tú te fuiste y estoy sin alegría/ todas estas cosas me sirven de experiencia”.

Los estupendos temas de Poncho Zuleta siguieron acumulando afectos y conquistando corazones en 1972 cuando publican el elepé “La cita”, donde apareció el paseo “El estudiante pobre”, una letra diciente, donde el cantante valora la pobreza que lo asiste y las dificultades que tiene para cursar sus estudios de bachillerato, pero compensa estos inconvenientes con el reconocido talento musical que lo caracteriza. La entrada lo define todo: “Hay personas que en la vida reniegan de la pobreza/ y eso es lo que yo no hago aunque soy tan pobrecito/ yo me siento afortunado por sé cantar bonito/ y también tengo una memoria que para todo se presta”. Para finalizar la letra, el autor se inmortaliza con algunos asomos filosóficos: “El esfuerzo que yo hago es un deber que estoy cumpliendo/ pero sé que un futuro sí tendré mi recompensa/ y los desprecios que hoy me hagan los recibo con paciencia/ vale más llegar a ser que el haber nacido siendo”.

La imponencia vocalista de Poncho Zuleta siguió marcando su arista ascendente en 1973 cuando lanzan el álbum “Mi canto sentimental”, título empleado para venerar la bellísima canción del artista, la cual, a luz de la opinión, alcanzó el mismo record de aceptación y favoritismo a la interpretada por Jorge Oñate unos meses antes. En ese elepé “Poncho” hizo gala de su inigualable potencia musical interpretando el disco “El trovador ambulante”, del recordado cantante y compositor atanquero Pedro García Díaz. Son muchísimos los versados en este campo que consideran que ésta es, si no la mejor, una de las mejores canciones interpretadas por “El Pulmón de Oro” de la música vallenata. En ese long play, también gozó de una aceptación inmensurable el tema “Paso a paso”, autoría del otrora excelente compositor villanuevero Ildefonso Ramírez Bula, también autor de “Rosa Jardinera”, la hermosa canción vocalizada por “El Ruiseñor del Cesar” a finales de 1974.

No obstante, la crítica vallenata, en especial la valorativa, se aferra en afirmar que la máxima expresión vocalista de Poncho Zuleta alcanza la cúspide de la celebridad en 1974 cuando enaltece cada semestre de ese año con la publicación de los álbumes “Río Crecido” y “Río Seco”, títulos con que inmortalizó las canciones del reputado compositor bolivarense Julio Fontalvo Caro.  En el “Río Crecido”, la tremenda fanaticada ponchozuletista se desbordó hasta el máximo escuchando y bailando los doce temas del elepé.  Y creo que fueron pocos los que se privaron de tararear las letras de “El indio Manuel María”, “Juana Bautista”, Mi Rosalbita”, “Nostalgia de Poncho”, “Río Crecido”, “La celosa”, “La muerte del buen amigo”, “Sabor de Primavera”, “Reminiscencias” y, por supuesto, “Mi salvación”, otra canción magistral de Poncho Zuleta que quedó grabada con letras de oro en las fulgurantes páginas de la música vallenata.

Ese mismo año, las brisas y las noches decembrinas se tornaron propicias e insuficientes para escuchar, bailar y parrandear con los doce discos antológicos que iluminaron el elepé “Rio Seco”, que fue considerado como un regalo de la navidad.   Recuerdo que a las  emisoras no les alcanzaba el tiempo para promocionar las canciones, y en los rostros de la fanaticada vallenata se percibía la satisfacción y el regocijo escuchando los temas “Te digo esperando”, “El cantante”,  “”Río Seco”, “Tus sueños”, “El cantor del Valle”, “La polaca”, “Ojazos negros”, “Carmen Díaz”, “Morenita Manaurera”, “Fonseca”, “El turco Farid” y  “Buen comportamiento”, este último, fue compuesto por Poncho Zuleta con la intención de hacer  una reflexión personal de lo que ha sido su vida y del aprecio que en ese momento  le había prodigado el folclor  vallenato.

Desde entonces, hasta cuarenta años después, la línea musical de Poncho Zuleta se ha mantenido inalterable en el ambiente musical: saboreando las mieles de la fama, cosechando triunfos y aquilatando un prestigio singular, tanto en Colombia como en muchos países extranjeros. Los seguidores del artista sabemos que “Poncho” es uno de los pocos cantantes que ha sido original en su estilo, y que son varios los vocalistas que en los inicios de su carrera musical no escaparon a la influencia ponchozuletista e intentaron   imitar el tono expresivo del cantante villanuevero. Entre ellos, me atrevo a mencionar, sin temor a equivocarme, a los famosos Diomedes Díaz, Beto Zabaleta e Iván Villazón, quienes en sus primeras grabaciones imitaron los recursos melodiosos, los vibratos armónicos e inclusive la costumbre de lanzar ciertos dichos y expresiones en el desarrollo de los cantos.

Una nota que me ilumina la memoria en este momento fue la súbita separación de Poncho y Emilianito a comienzos de 1975, y que dio origen a una serie de comentarios ligeros en los seguidores de esta agrupación. Sin embargo, esta ruptura sirvió para recrear la música vallenata con la excelente dupleta que formaron Poncho y el consagrado acordeonista Nicolás Elías “Colacho” Mendoza, quien había sido Rey Vallenato en 1969. En el long play lanzado por el nuevo conjunto, titulado “Una voz y un acordeón”, la inconfundible voz de “El pulmón de Oro” alcanzó nuevos ribetes interpretando las letras de consagrados compositores. En este álbum fueron célebres “Norfidia” de Calixto Ochoa, “Despertar de un acordeón” de Antonio Serrano Zúñiga, “Con la misma fuerza” del Viejo Emiliano Zuleta, “Recuerdos de mi pueblo” de Camilo Namén Rapalino, “Fortuna y Desdicha” de Sergio Moya Molina, “Herida de mi alma” de Mario Zuleta Díaz, “Invitación Parrandera” de Enrique Pertuz y “Promesas de amor” del folclorista e historiador vallenato Julio Oñate Martínez.

Un tema llamativo y polémico de este elepé fue la hermosa canción de Poncho titulada “Muero con mi arte”. Apenas empezó a escucharse, se generalizó el comentario de que este gracioso merengue lo había grabado “Poncho” para criticar a Jorge Oñate y lanzarle puyas sobre su incapacidad para componer canciones: “Se me ocurre pensar que si algún día/ ya no puedo cantar como ahora canto/ seguiré componiendo mis canciones/ para no retirarme de este arte. / Porque cosas que se quieren bastante/ cuando son de profunda simpatía/ y es que mi vida quizás daría/ por el folclor que quiero tanto”. Aunque nunca se supo si fue verdadera la intención de “Poncho”, lo cierto es que “El Ruiseñor del Cesar” se sintió aludido y le respondió con el merengue “Mal entendimiento”, incluido en el álbum “La parranda y la mujer”, grabado por él y Emilianito Zuleta a mediados de ese mismo año.

Asimismo, en todo el país y, sobre todo, en el medio vallenato es conocido el profundo respeto y la admiración que otros cantantes reconocidos le han tributado a “El Pulmón de Oro”. En este sentido son muchas los chismes y comentarios que circulan en el corazón de la fanaticada. Un episodio recuerda que en una ocasión un periodista le preguntó a Jorge Oñate “si él se consideraba el mejor cantante de la música vallenata”. La respuesta de “El Ruiseñor del Cesar” fue espontánea: “Eso será, cuando se muera Poncho”.  Otra anécdota relata que una vez, en medio de una parranda solemne, Poncho le comentó a Diomedes: “Compadre, usted que haría si yo me muero”. Asombrado, “El Cacique de la Junta” le respondió: “Si usted se muere, Compadre, me tocará a mí ser el primero de la música vallenata”. La respuesta generó el asombro de los asistentes. Y para manifestarle su admiración Diomedes le dedicó a Poncho el disco “A un colega”, incluido en la serie Fiesta Vallenata de 1994.

He tenido la fortuna de apreciar a Poncho Zuleta en algunas de las muchísimas oportunidades que se ha presentado en Sincelejo, ciudad que aprecia y donde, es vox populi, tiene amigos entrañables. También he cruzado con él algunos saludos ligeros en los descansos de sus actuaciones.  No obstante, he podido observar que no es igual el Poncho Zuleta cantando en casetas que el Poncho Zuleta cantando en los discos. Las diferencias se aprecian a primera vista: el timbre, el tono y el vibrato de la voz son diferentes. Es posible que estos cambios obedezcan al cansancio, los viajes, el alcohol, los trasnochos, las aclamaciones y el acoso permanente de sus admiradores.  Pero, con todos estos inconvenientes, le sobra valor para deleitar a sus seguidores con varios discos que ha convertido en formula sacramental: “Mi hermano y yo”, “El viejo Miguel”, “Luna Sanjuanera”, “Nativo del Valle”, “Arturo García”, “La sangre Llama”, “Indira” y “Así fue mi querer”, el hermoso paseo del destacado compositor romántico Gustavo Gutiérrez Cabello

Así como sucedió con Colacho en 1975, Poncho se ha separado de Emilianito en otras ocasiones para grabar con Beto Villa, Raúl “El Chiche” Martínez, su sobrino Iván Zuleta y últimamente con Gonzalo “El Cocha” Molina. En este largo recorrido le ha proporcionado al folclor 41 elepés, o cedes, como se dice actualmente, álbumes que agrupan unas quinientas canciones, sin contar muchísimas que aparecieron en la serie anual de Fiesta Vallenata. De esta vasta producción, 33 álbumes fueron grabados con su hermano y Compadre Emilianito, el acordeonista que según la crítica especializada, es el que mejor se adapta y comprende el tono y a la potencia de su voz. Por esta razón, son muchísimos los zuletistas que no pierden la esperanza de ver nuevamente juntos a estos dos exponentes del folclor que tantos aportes y prestigio le han brindado a la música colombiana.

No puedo negar, que siempre me causado una gran curiosidad el expresivo e infaltable saludo que le ha enviado Poncho a dos grandes amigos en el recorrido de todos sus discos. Esto me hace pensar que el cantante profesa un alto sentido de la amistad y que existen algunos personajes que se han hecho merecedores de sus mejores afectos. Algunas veces, los saluda por separado y en otras, que son la mayoría, los menciona juntos. Me refiero a Álvaro Morón Cuello y Alvaro Muñoz Peñalosa, “los verticales”, así como él los califica en la canción “Mañanita de invierno”, aquel bellísimo paseo compuesto por su hermano Emilianito, donde evoca los fríos amaneceres de Villanueva, grabado en 1992. Y también recuerdo la pregunta que algún miembro del conjunto le hace a Poncho en el disco “Diosa de la serranía”, incluido en el long play “El Reencuentro” grabado en 1975: “Oye, Poncho, ¿y quién llegará?”. El cantante le responde: “La hembra con quien se organiza Alvaro Morón Cuello”.

Y, aunque hace varios años no han vuelto a aparecer en los discos canciones de Poncho, porque lentamente se ha ido apartando de la composición, considero que a “El Pulmón de Oro” le bastaron esas pocas letras que grabó en sus primeros tiempos para entronizarse como un excelente compositor en la música vallenata. Un caso similar sucedió con Juan Rulfo, el prestigioso escritor mexicano, a quien sólo la publicación de dos cuentos le fue suficiente para pasar a la posteridad literaria. Así también ocurrió con Ildefonso Ramírez Bula y otros recordados compositores. Actualmente, cuando ya está casi frisando los 66 años de edad, aparte de sus ocupaciones personales, Poncho está dedicado de lleno a la interpretación, realizando presentaciones a lo largo y ancho del país, complaciendo a su inmensa fanaticada y demostrando que con el portento de su voz, sigue siendo, indiscutiblemente, “El Pulmón de Oro” de la muy aclamada música vallenata.

Sincelejo, 15 de junio de 2018

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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