¿PARA QUÉ ESCRIBIR?


Por Manuel Medrano

A quienes me preguntan, ¿por qué y para qué escribo muy a menudo? Respondo de la manera más breve posible: Escribo para despertar a los que están dormidos, a través de crónicas, columnas de opinión, cantos y melodías. Es un llamado para estimularlos a abandonar el sedentarismo mental que se ha apoderado de un gran sector de los individuos, para que se conviertan en una ciudadanía activa, que tenga una visión y una misión distinta al modelo perverso que nos han vendido mediante la acción manipuladora de la retórica de los medios masivos de comunicación, y el conformismo crónico. Ese modelo de país que no nos deja avanzar por tener a gran parte de los ciudadanos atrapados en un sistema ambiguo y a punto de colapsar, y por eso no se vinculan al minúsculo colectivo al cual pertenecemos.

Quienes escribimos lo hacemos para despertar conciencias, y conformar los fundamentos  del advenimiento de un relevo generacional que se involucre en un macro proyecto de cultura ciudadana y política, en aras de visualizar una propuesta de un  departamento real que logre el despegar de sus municipios,  y  determinar si queremos que Corozal sea una ciudad que se transforme y no siga siendo un pueblo que envejece, siguiendo el ciclo de la decrepitud que lo obliga a vivir en el pasado, cuando tenía los mejores maestros e instituciones educativas de prestigio, y Morroa era uno de sus bellos corregimientos y no el foco de corrupción en el que se ha convertido como municipio.

Escribo para que la juventud que lea o escuche mis textos, los comparta y se riegue la voz con la noble intención de que se sepa que ser joven, no es solo una bella estación de la vida, sino que es un lapso perfecto para asumir un rol crítico y propositivo ante un escenario atípico, donde se repiten  las mismas escenas  con los mismos actores y protagonistas incapaces de lograr una nominación a un Oscar de la Academia de la lucha contra la pobreza, y una mejor calidad de vida para los que se sienten marginados y viviendo en la otra Colombia. Escribo pletórico de optimismo, con el pleno convencimiento de que los muchachos desde las universidades volverán a enarbolar la bandera de la rebeldía estudiantil, generando más debates y exhortando a las masas a blindarse de la manipulación que desde adentro pretende seguir formando ingenieros, arquitectos, enfermeros y médicos robotizados, sin ninguna sensibilidad por lo social y lo político, cuando se necesitan hombres libre-pensadores y con un gran compromiso con su propio entorno, que  asuman su rol de ciudadanos activos  y se propongan liderar un proyecto cívico que deje en evidencia el cansancio de quienes por más de 50 años han dirigido el departamento, ignorando nuestras potencialidades y  han evitado hacer realidad la ilusión de Fortunato Chadid,  cuando un Gobernador en el pasado le pidió que hiciera el Himno del departamento de  Sucre.

Sucre es un tesoro de belleza sin igual, /sus verdes montañas, sus arroyos y su mar/Sucre tiene un paraíso, en el hechizo, /de sus praderas;/es mi tierra toda entera/ un gran jardín primaveral…

Sucre, tu pueblo seguirá/en la paz tu camino de grandeza/y seremos con nobleza un gran/ejemplo nacional, /y seremos con /nobleza/un gran ejemplo nacional.

Ya Sincelejo no es la primera ciudad del departamento y Corozal es la tercera, y no hay una cuarta ciudad, porque el abandono a que ha sido sometida la Mojana no ha permitido el advenimiento de la Ciudad de las Aguas para que sea la capital.

Nací a orillas de la mar en el Golfo de Morrosquillo y desde cuándo era un párvulo que conversaba con los campesinos y pescadores de Tolú y Berrugas, me extasiaba con esa sabiduría natural que brota de la dimensión desconocida, y el mensaje que me traía la brisa cantarina me hacía pensar que cuando la academia cobijara a mí pueblo el resplandor iluminaría las mentes brillantes de este departamento.

Estamos castrados mentalmente y no somos capaces de hacer una propuesta que nos revindique como ciudadanos que vemos más allá de la muralla abstracta que hace 53 años nos limita con la vaga concepción de que estamos mejor que antes, cuando hacíamos parte del Mapa del Departamento de Bolívar. Por eso escribo sin ningún temor de estar arando en el desierto ni pensando que una sola golondrina no hace verano.

Se están erosionando las playas y no se ha hecho el proyecto turístico que amerita tener tantos kilómetros de playas en un mar Caribe que nos invita con sus olas a navegar hacia la utopía del horizonte; allá está la prosperidad.

Pero llegó la academia con sus maestros y todo parece indicar que nada ha pasado, porque los politiqueros eclipsaron nuestros sueños. La Mojana y los Montes de María siguen esperando por el desarrollo.

Escribo para mí, para mis hijos y mis nietos con la esperanza de que me lean y lancen un grito de rebeldía conmovedor: ¡Basta,  nos merecemos un mejor País y un mejor Departamento!

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