NO SOY DE AQUÍ NI SOY DE ALLÁ


Por: Manuel Medrano

Si hubiera un solo hombre inmortal, sería asesinado por los envidiosos”.

Cuando la Academia Sueca le otorgó el Premio Nobel de Literatura en el 2016 al cantautor norteamericano Bob Dylan, por haber creado una nueva expresión poética en la canción norteamericana, se formó un gran debate, porque muchos artistas y críticos consideraban que las composiciones de Bob Dylan no merecían clasificar en un contexto literario. Se había convertido así en el primer compositor en obtener un Nobel de Literatura, un honor que generalmente ha estado reservado para poetas, novelistas, cuentistas y cronistas, pero en medio de la polémica, nadie recordó que el Juglar Facundo Cabral fue nominado al Premio Nobel de la Paz en el 2008, seguramente que de haber obtenido el preciado galardón, la polémica también se había dado.   Facundo Cabral en el escenario era un caso atípico, sus seguidores aplaudían su verbo y su canto, muchas veces hablaba más de una hora y el público celebraba su inteligencia y agudeza mental. La gente iba a ver al músico y se encontraba con un filósofo amante de la poesía, que entre canto y canto iba contando su propia vida, desde su niñez impregnada de pobreza hasta su atracción y admiración por la Madre Teresa de Calcuta, Jorge Luis Borges, Atahualpa Yupanqui, Walt Whitman y Krishnamurti.

A los 9 años se fue Facundo Cabral de casa huyéndole al hambre y la pobreza, pero como había oído decir que el presidente Juan Domingo Perón ayudaba a los pobres, intentó llegar hasta la Casa Rosada para hablar con él, pero alguien le dijo que era imposible hablar con el presidente porque siempre estaba muy ocupado.

Un día aprovechó la fiesta de aniversario de la ciudad de la Plata, fue el 19 de noviembre que tomó unos periódicos y se durmió frente a la puerta de la catedral. Al día siguiente se dispuso a hablar con el presidente Perón y logró evadir el cerco policial, pero cuando estuvo cerca lo sorprendió un policía, con tan buena suerte que el presidente pidió que lo dejaran llegar hasta su automóvil descapotado.

El pequeño Facundo le pidió trabajo, y Eva Perón, la primera dama, según contaba el artista en sus conciertos, exclamó “Por fin alguien que pide trabajo y no limosna”. Su esfuerzo no fue en vano, logró trabajo para su madre.

Su vida artística comenzó 1959 cantando música folclórica, se presentó guitarra en mano ante el dueño de un hotel en Mar del Plata y consiguió trabajo con el nombre artístico de El Indio Gasparino.  Por el año 1970 grabó No soy de aquí ni Soy de Allá, éxito que se convirtió en su carta de presentación. Siguió la línea de la canción de protesta, lo que lo obligó a salir precipitadamente de su país en 1976, viajando a México donde se radicó.

Solo hasta 1984 regresó a Argentina convertido en un cantautor de renombre e hizo un concierto en el Estadio Luna Park, después se presentó ante 35 mil personas en el estadio de fútbol Ferro Carril Oeste, en Buenos Aires.

Su retórica y filosofía le permitió encontrarse con otro grande, Alberto Cortez, unieron amor, poesía e irreverencia, comenzando una serie de conciertos juntos, dejando como legado un disco titulado Lo Cortez no quita lo Cabral, el mismo nombre que le pusieron a los conciertos.

Su último concierto lo dio en el 2011 un 7 de julio en Guatemala, donde lo asesinaron cuando se dirigía al aeropuerto para retornar a Buenos Aires.

En reconocimiento a su constante llamado a la paz y al amor, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) lo declaró Mensajero Mundial de la Paz en 1996.

Los discos de oro y de platino que obtuvo por las ventas de sus discos se los regaló a un taxista, porque siempre vivió en un hotel, fue nominado al Premio Nobel de Paz en el 2008.

Rodolfo Enrique Cabral Camiñas, su nombre de pila, murió a los 74 años. Se recuerdan muchas frases que siempre incluía en sus conciertos por el mundo:

“Cada mañana es una buena noticia. Cada niño que nace es una buena noticia. Cada hombre justo es una buena noticia”.

 “No estás dormido, estás distraído”.

“Al hombre que trabaja Dios lo respeta, pero el hombre que canta Dios lo ama”.

“Ama hasta convertirte en lo amado, es más, hasta convertirte en el amor”.

“No soy de aquí, ni soy de allá, no tengo edad, ni porvenir y ser feliz es mi color de identidad”.

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