NO PUEDO RESPIRAR


Por Manuel Medrano

Siempre me he sentido bien con mi color de piel, y como negro siempre he escuchado hablar del racismo recalcitrante, pero nunca lo he sentido en carne propia, por eso cuando apareció el término afrodescendiente comencé a mirar a mí alrededor para percatarme quienes eran ellos, y siempre me encontraba con los mismos negros, igual que yo, que ahora los llamaban de otra manera, tal vez para suavizar el tratamiento y menosprecio que le daban a la negramenta. La gran mayoría acogió la nueva etiqueta y comenzaron a desfilar por la pasarela de la vida posando con el convencimiento que irían a mejorar su estatus. “Negro soy, negro vengo negro voy, con la misma alegría de la cumbia y la salsa. Negro soy”.

El 21 de mayo en Colombia se celebra el día nacional de la afrocolombianidad, ese día yo no celebro, por la sencilla razón de que no existe un día dedicado a resaltar las negritudes a la cual pertenezco. Amo mi color, y lo amo como me quiero a mi mismo. Los negros, llamados de otra manera hemos ocupado la primera plana de la prensa mundial en estos días, por la violencia policial en los Estados Unidos, donde una vez más cobra la vida de un negro, en este caso, el ciudadano George Floyd, cuando fue asfixiado en un operativo brutal, donde las imágenes le dieron la vuelta al mundo, ocasionando un cúmulo de manifestaciones en más de 50 ciudades en la Unión Americana, y en algunos países de Europa. Hasta los blancos se rasgaron las vestiduras.

El término afrodescendiente se originó por que la violencia del racismo fue marginando y deprimiendo al negro norteamericano, y la palabra negro fue totalmente estigmatizada. Fue entonces cuando, Jesee Jackson, en plena campaña presidencial, como candidato, en entrevista para una cadena de televisión dijo que el negro norteamericano sería llamado afrodescendiente por que la palabra negro se había tornado ofensiva. El Negro Jesee Jackson no alcanzó la presidencia de los Estados Unidos, pero dejó dicha palabreja como legado. Algunos consideraron el término arcaico, pues ya antes los habían llamado personas libres, superada la esclavitud, y personas de color.

La súper Estrella de la música, pop recordada por el éxito mundial, Tengo hormigas en mis pantalones, James Brown, hizo una canción que se popularizo rápidamente, Say it loud: I’m black and I’m proud, Grítalo, soy soy negro y estoy orgulloso.

Los negros han hecho un gran aporte a su nación y han dejado como impronta un componente, tanto en lo cultural, artístico y deportivo.

El Jazz que es música negra, surgió en el siglo XIX en los Estados Unidos y en el siglo XX se hizo universal. En 1987, el Congreso de los Estados Unidos declaró al Jazz como un “destacado modelo de expresión” y como un “excepcional tesoro nacional”. El Jazz surgió en las ciudades al Sur de los Estados Unidos, y el mundo ha admirado grandes artistas afrodescendientes como Ray Charles, Louis Armstrom, Nat king Cole, Natalie Kole, Ella Fitzgerald, Areta Franklin, Stivie Wonder, Quincy Jones, Michael Jackson y James Brown, entre otros.

Estados Unidos acabó con la esclavitud, pero Berenice King, hija del inmolado Martin Luther King, dijo “que su país no merece reconocimiento por acabar con la esclavitud, cuando las ideologías que la permitieron aún prevalecen”.

Cuando suceden hechos como la violencia policial contra los negros, muchos recuerdan, la era de los linchamientos que se daban como un espectáculo para las masas en la era de la esclavitud. Las últimas palabras de George Floyd, cuando la rodilla de un policía arrogante oprimía su cuello, no puedo respirar, retumban en la cabeza de los manifestantes que se tomaron las calles de más de 50 ciudades, incluyendo a Washington, donde apagaron las luces de la Casa Blanca, y el presidente Donal Trump tuvo que refugiarse en el bunker.
El multimillonario afrodescendiente y fundador de la Cadena BET, Robert Johnson, motivado por el suceso en referencia, afirma que el gobierno de Washington debe pagar a la comunidad negra 14 billones de dólares por concepto de reparaciones por los más de dos siglos de esclavitud que sufrió esa población, más de 200 años de trabajo realizado sin compensación, son los daños que el Estado debería reparar.

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