¡MI PAPÁ Y MI HIJO SON NEGROS!


Por: Brayan Latorre

La historia de la humanidad se ha visto fuertemente marcada por la misantropía: todo lo contrario, al amor a la humanidad, a la filantropía. Seres humanos odiándose unos a otros, algunos llegando incluso a ser misántropos en sí, con un odio pleno a todo lo que tiene que ver con la especie, tomando el lugar de sociópatas. Pero hay que reconocer que entre el clasismo, la homofobia, la misoginia y la misandria que cada vez sale más a la luz a través de un feminismo que se aprovecha de su causa justa para esconder el odio que guarda hacia los hombres y que busca liberar de cualquier manera violenta y adversa a los verdaderos propósitos del feminismo, el racismo ha resaltado de un modo agobiantemente histórico, a través del cual no sólo el incentivo comercial ha sido una causa clave de su desarrollo, además también el impulso del asco, de la envidia y cualquier emoción y trastorno de fobia e incluso paranoia, que son producto de ese gran problema mental de la misantropía que poseen los sociópatas y a cuyo grado llegan las personas que empiezan justo con ese error de discriminar a los demás por su raza o por cualquier otra causa de las aquí mencionadas.

Es el caso tal que dichos comportamientos convergen en un origen relacionado con dicho odio y es el del rezago generado por el mismo y que lo que hace es incrementarlo, haciendo así que el ciclo no cese nunca y que desde los tiempos más primitivos no hayan sido sólo los negros, los afectados, además también los blancos, tal como sucedió en el Imperio Romano con los gladiadores, por ejemplo, el caso del traciano o macedonio Spartacus, galos, escandinavos, entre otros, que luego fueron incluso tenidos en cuenta por Hitler como arios y candidatos a raza suprema. Son paradojas en las que las causas quedan claras y que, sin embargo, se hacen notar más en el estricto sentido económico, que con la caída del Imperio y con el cambio de la mentalidad de reclutamiento de todo tipo de esclavos, fueron los negros los más afectados y los que pasaron a tomar el papel de la raza esclava en la humanidad gracias a la colonización de su continente africano y a la del amerindio por nuevos opresores.

Aunque todo ello fue extremadamente triste y traumático para la raza negra entorno a la esclavitud, debo decir que gracias a ello mi papá y mi hijo son negros. ¿Mi persona…un blanco?, ¿hijo de un negro y padre de uno? << ¡Seguro su madre le fue infiel al negro! >> Ni siquiera padre, dirán algunos, sino negro y de forma despectiva, no por cariño o por reconocimiento al valor de la raza negra, como debería ser utilizado el nombre. ¡Seguro su mujer le fue infiel…! Dirán otros. Puede extrañar, pero la ciencia lo avala, genéticamente es posible dado a la herencia genética de los ancestros, sobre todo de aquellos que se nos han perdido en nuestro árbol genealógico y que a pesar de nuestro olvido como familia, nos han dejado la marca indeleble de sus genes.

Así mismo sucede en la sociedad, pues es producto de los lazos familiares y todos somos una cadena genealógica que se une de una forma u otra, aunque sea de la más lejana, mínima y extraña posible, hasta el punto en el que no sólo sucede lo que es poco probable como el tener un hijo negro una persona de piel blanca –no necesariamente blanco puro o caucásico– tal como es mi caso, sino también lo contrario y lo que es aún menos probable como el tener un hijo blanco una persona de color, tal como el caso de mi padre, de cuyo hecho me siento bastante afortunado y es lo único que le agradezco a todo el sufrimiento que pasaron sus ancestros, ya que sin el mismo no hubiera podido conocerlo y compartir con él esta dicha en común a pesar de la diferencia de nuestro color de piel, la cual ha generado también envidia, una de las causas del racismo, ya mencionadas en el primer párrafo y lo recuerdo para que quede claro el cómo un blanco, siendo aparentemente de mejor aspecto y mayor belleza que un negro, puede envidiarle algo a este y resulta que es más que obvio para muchos a qué se debe y es a su fuerza, a su agilidad atlética, a su longevidad y sobre todo en cuanto a esos asuntos de “belleza” y “vanidad”, a su miembro mucho más largo, en promedio, dependiendo del tipo de negro, entre más originario mayor el tamaño; ¿todo esto por qué? Por la gran elasticidad de su piel propia de la melanina y a otros factores que determinan su color.

No obstante, ¿por qué he dicho que he tenido la fortuna de conocer a mi padre negro? Porque ciertamente es como varios lo habrán supuesto: no es mi padre, es mi padrastro y podría confesarlo así con el orgullo de que es mi papá por causa de todo el esmero que en mí ha puesto para hacer de mi persona una que contribuya positivamente a la sociedad, cosa que espero hacer para no decepcionarlo. Pues mi padre biológico es un europeo blanco difunto que colonizó el corazón de mi madre mestiza, pero que al abandonar dicha colonia, esta fue restaurada por el espíritu guerrero de un negro que aprovechó su libertad para amarla y aunque con él no tuvo hijo biológico alguno, me tuvo a mí, quien expongo en este artículo que lo más importante no es que sea mi padre sólo por crianza, amor, respeto hacia él y demás cosas por el estilo, además por algo más importante, que es lo que he señalado y dado a entender: soy producto en mi sangre, en mi raza también de los negros, no sólo de los blancos, provengo de ellos, me asocio a ellos y algo aún más profundo: me siento cada vez más identificado con la diversidad racial y humana que todos poseemos y que si respetamos y valoramos, seremos verdaderos y cada vez más humanos. Entre otras cosas, mi hermano mayor por parte de madre es negro, dado que somos tres hermanos, mis dos mayores producto de la primera relación de mi madre y yo, hijo único de extranjero, el único blanco, pues el padre de mi hermano y el que considero mi verdadero papá son negros, ¡casi no nazco yo gracias al gusto de mamá! Y ya se ha dicho que hubiese sido posible genéticamente.

Por otro lado, mi tía abuela, madre mía de crianza, la señora a quien tanto amo, tanto le debo y quien apoyó a mi mamá en sostenerme y formarme debido a sus labores, es viuda de un negro, cuya hija, mi hermana querida, es negra y pare de contar con otros vínculos familiares. Así que tengo más en común con su raza que lo que parece como seguramente le sucede a muchos en todos los tipos de diversidad racial, por muy raro que parezca y por muy difícil que sea en unos más que en otros reconocer esos lazos que nos invitan no a luchar por nuestra identidad racial ni a conservarla, sino por nuestra identidad social. Queremos saber de dónde venimos y creemos que sólo la verdad se encuentra en la raza que poseemos y no es así, la verdad se encuentra en nuestra especie, que es un conjunto de todo lo que somos, entre otras cosas de las razas que poseemos.

Por todo esto es que me he dirigido hacia el señor Walter Hinojosa como mi padre, mas no sólo hacia él o por respeto al mismo, ante todo al de la raza negra; por ende también he dicho que tengo un hijo negro, cuando en realidad es simplemente un hijo de un amigo negro; pues es lógico y justo que si me comprometo a defender y a luchar como estoy dispuesto, por el valor y el reconocimiento, la reparación y la justicia de una raza que consideran inferior incluso porque es alegre y folclórica, pasando por alto el que sólo así pudieron superar su trauma y sobrevivir y que a pesar de tanto pesar siguen siendo alegres… ¡cómo no reconocerles!, también pueda yo con orgullo decir que puedo ser padre, responsable socialmente y defensor mas no señor ni opresor de los negros, yo también puedo tener un hijo negro.

A manera de conclusión, este es simplemente un concepto de familia, tal como lo he venido refiriendo desde el cuarto parágrafo y aunque a modo individual respecto a mi persona, tomo citas bíblicas creyendo en Cristo, en esta ocasión lo hago no para comprometer a nadie religiosamente, más bien filosóficamente y es como lo profesa ese gran mesías para los cristianos que para mí fue un gran filósofo, así como lo es para todo intelectual y debería serlo incluso para todo ateo, en vista de la certeza y la sabiduría de sus palabras, a las que me refiero en este contexto cuando alguien le dijo: «¡Oye! ahí fuera están tu madre y tus hermanos que desean hablarte.» Pero él respondió al que se lo decía: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?»  Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.» (Mateo 12:47-48).

Desde luego que precisamente apartando la matiz religiosa, tomo el sentido de la verdadera familia a la que se refiere, que en su caso es la espiritual, la de sus seguidores y la de su iglesia, pero en el mío es la social, la de la diversidad por completo y por supuesto la del verdadero sentido de la hermandad, sin la cual no nos uniríamos ni conformáramos hogares para así perpetuar la especie, como debe ser, mas no la raza, como por lo general se pretende lastimosamente, aun así, no se aplica en su mayoría afortunadamente. ¿Es que cómo sería un mundo sin color o todos del mismo color? ¡Qué aburrido!

¡Mi familia!: la que invita a respetar y reconocer los derechos humanos de los demás, sobre todo de la raza negra que tanto ha sufrido y de la que me siento honrado, habiendo tomado ese amor paterno que tengo hacia mi padrastro como un canal vital hacia mi gran respeto a los negros, aun así no el fundamental –insisto– pues qué tal que por ejemplo en algún momento por causar en mí algún disgusto lo direccione hacia toda su raza; ¡no debe ser así la defensa social tampoco!, debemos dar ejemplos de íconos y sobre todo si la experiencia nos ha permitido conocerlos de cerca y a modo cierto, pero no hacer como muchos que defienden a los negros porque en el fondo los prefieren como pareja, es decir, por algún gusto sexual u otro, o como otras personas que defienden cierto grupo social por una afinidad de interés hipócrita y sólo hacia ellas mismas, mas no al social.

Es en últimas cuestión de imparcialidad, interés no individual, mas bien social y simplemente honra a los valores que representa la raza que tanto respeto, que en el caso de mi padrastro es admirable el que puedo llamarle señor no sólo porque dicho título ya haya dejado de tenerse en cuenta únicamente para los señores feudales y la nobleza, más bien porque sobre todo señor merece ser llamado así un buen padre y ante todo uno que trabaje como negro, tal como siempre lo ha hecho el mío.

Creo que el verdadero mensaje del mesías es precisamente  la conclusión de este artículo y lo que ya he indicado: que todos somos una familia más allá de nuestros lazos sanguíneos y debemos sentirnos comprometidos socialmente unos a otros en el valor de la solidaridad y en los Principios integrales tanto como lo hacemos con nuestros propios hijos o padres, parejas, hermanos y demás parientes, porque todos somos la misma sangre, la sangre humana, no alienígena que creemos tener y más que razas, somos la especie humana, por la cual debemos luchar y la cual debemos conservar a través de la prolongación de todas las razas y culturas, dado que son propias y resultado de nuestra especie en sí.

 

 

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