LOS MONTES DE MARÍA BAJO EL FUEGO


Por Manuel Medrano

Lamentablemente en este país llamado Colombia, donde me tocó nacer, país que aprendí a querer por su belleza natural y su paisajística multicolor, colmada de muchos verdes y azules, y acariciada por sus mares y sus ríos, antes de aguas diáfanas y puras, hoy manchadas por la sangre derramada, un país tan grande que va más allá de las fronteras y límites impuestos por lo que llaman Estado de Derecho, una patria tan grande que con su peso parece aplastarnos, no alcanzamos a visionar el porqué se nos ha sido dada la nacionalidad colombiana.

Para desgracia nuestra, los cerebros obtusos que han dominado nuestro destino común, han logrado eclipsar nuestra visión para poder ver con claridad la senda que nos compete seguir. Ellos han incidido en que la ignorancia y el desconocimiento de nuestra propia realidad hayan prevalecido a través del tiempo.

Una Colombia que se fue reconociendo así misma por los segmentos enlutados y los territorios abrazados por el sino trágico. La violencia ha permanecido como una constante en nuestro ADN, a manera de componente estimulador de la intolerancia heredada de la era de la conquista.

Cuando los guerrilleros de las FARC, estaban en pleno apogeo con su plan perverso, liderados por sus comandantes que ocupaban las primeras planas de la prensa nacional: Raúl Reyes, el Mono Jojoy, y Romaña, iniciando las tomas de los pueblos y caseríos, que desde entonces pasaban a ser visibles en el mapa Nacional, de manera efímera la violencia los sacaba del olvido histórico en que parecían estar anclados para siempre, para después de tres meses retornar a la horrible condición de tierra del olvido, que tan solo habían sido puestos en escena por la furia desatada de la lucha armada y retornaban a su cotidianidad nuevamente, con una iglesia  semidestruida y una escuela sin techo.

En el Cauca, municipios como: Toribio, Caldono, El Tambo, Balboa, Hacarí, Tibú y Algeciras; en el Huila: El Limón, Río Blanco y Herrera; en el Tolima: San Carlos, Granada, y en Santander: Mogotes, encabezan la larga lista de poblaciones que la violencia sacó del anonimato

Un 17 de marzo de 1965, Jacobo Arenas y Manuel Marulanda desde el atrio de la Iglesia de Inzá (Cauca) arengaron a la comunidad para contarles los motivos de la rebelión armada. Dijeron que triunfaría la revolución, que acabaría con la oligarquía y vendría un gobierno que ayudaría a los pobres, especialmente a los campesinos.

Pero la historia de las tomas no las inició las FARC como cualquier persona podría imaginar. En enero de 1965, 27 miembros del Ejército de Liberación Nacional (ELN), se tomaron el municipio de Simacota, Santander comandados por Fabio Vásquez Castaño.  Ese fue el inicio de una larga historia de tomas a poblaciones que estaban en la agenda de la FARC y del ELN.

Antes de esa arenga 100 guerrilleros a sangre y fuego se habían tomado el pueblo. En esa toma murieron 16 personas, entre las cuales se encontraba el alcalde y el tesorero del pueblo, dos monjas, un agente de policía y un guerrillero.

Lo mismo ocurrió en los Montes de María. Colombia entera vino a saber de este maravilloso territorio por los actos violentos que dejaron 56 masacres, miles de víctimas por desplazamientos y ruinas económica para los campesinos. A principios de los noventas, la guerrilla se afincó en el corazón de los Montes de María, con el fin de someter a sus pobladores; sin embargo, las mayores masacres las realizaron los Paramilitares, es el caso de la masacre del Salado, lo que ocurrió allí fue una carnicería en las propias barbas de las autoridades. Desde el Carmen de Bolívar afirmaban que era un combate entre los paramilitares y la guerrilla y por eso no fueron en auxilio de los campesinos.  Los militares dejaron el camino despejado para la tragedia y regresaron cuando los paramilitares ya habían asesinado la gente del pueblo. Fueron seis días de masacre: del 16 al 21 de febrero. Las dos masacres que sucedieron en el Salado fueron de las más atroces y Colombia no se dio cuenta, 500 asesinos participaron y solo 20 han sido condenados, entre ellos un capitán de Corbeta de la Armada Nacional.

El 14 de mayo de 2020 se rindió un informe de los Montes de María. La Violencia en los Montes de María. El cual afirma que fueron 104 masacres cuando hubo la mayor presencia paramilitar, donde se incluyó Chengue, Macayepo y el burro bomba de Chalan.

Más de 158 mil desplazados ocasionados por los guerrilleros y los paramilitares, la zona fue perjudicada por la presencia de la FARC, que realizó tomas a poblaciones, derribamiento de torres de energía y pescas milagrosas.

De igual forma, el Informe Montes de María Bajo el Fuego, revela seis tesis respecto al conflicto armado, la violencia, los actores y los impactos en la región como la descampesinización.  Los Montes de María se convirtieron en una de las zonas del país con mayor derramamiento de sangre y violación de los Derechos Humanos, afectando a su vez significativamente a la economía campesina.

Los Paramilitares que llegaron con el apoyo del Estado: Policía, Fuerzas Armadas, fueron 450 que perpetuaron 70 masacres. Entre los años ochentas y noventas, empezó la usurpación de tierras a los campesinos, fueron 82 mil 600 hectáreas.

Montes de María Bajo Fuego, fue un Foro realizado por la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento, la Fundación Cultura Democrática, Corporación Opción Legal, la Universidad Tecnológica de Bolívar y las Organizaciones de Población desplazada de Montes de María. Lo peor de todo, es que los Paramilitares están allí, y como en el pasado, eso que llama pomposamente Estado de Derecho, lo sabe. Sus autoridades lo saben. ¿Qué irá a decir a la Comunidad Internacional, los Derechos Humanos y el Derecho Internacional Humanitario, cuando retorne la acción de los violentos?

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