LLEGÓ LA HORA DE LA CULTURA CIUDADANA


Por Manuel Medrano

La formación ciudadana, tan indispensable para dejar en la retina de otros que somos seres decentes y civilizados, pero parece estar ausente por doquier. Es así como la crisis actual ha puesto de moda hablar de indisciplina social, por la compleja razón de no instruir al pueblo para que se comporte como un elemento indispensable para la convivencia. ¿De qué sirve construir ciudad si no se estimula el empoderamiento de la ciudadanía?  Esa parte sensible del entorno que es el capital humano marginal que parece no existir en las ciudades que se han ido desarrollando con el corazón endurecido por los constructores del cemento, que hoy naufragan en una selva de edificios que parecen proyectados hacia las estrellas, en busca de alcanzar un cielo que jamás les será dado.

Necesariamente debe haber un replanteamiento de parte de quienes administran lo público, al quedar descubierta la aberrante inclinación de las estructuras de mando. Es evidente que llegan atraídos por la rentabilidad de la contratación, más no por el deseo de servir a las comunidades que es el deber ser de la política.

Es el caso de las dos ciudades que con sobrada razón son consideradas las perlas de la Región Caribe, Cartagena y Barranquilla, las cuales tienen tanta belleza y tradición en nuestro contexto histórico que no ha podido ser eclipsado por las embestidas del desgobierno y la corrupción. La capital del Atlántico, que se ve reluciente con su arquitectura moderna con el antecedente de cuatro períodos de gobierno de los Char, se ha convertido en referente nacional y hasta se estaban cocinando una posible candidatura presidencial de exalcalde Alex Char por la imagen positiva que proyectó como primera autoridad de la ciudad. Sin embargo, la ausencia de una propuesta de recuperación del tejido social y la falta de aplicación de un programa de cultura ciudadana parece estar dando al traste con el  patrimonio inmaterial adquirido por esta prestigiosa familia, que ha entremezclado con éxito los negocios con la política, en una Barranquilla cuya pasión han sido las marimondas, el Carnaval, el Junior, y orgullosa de ser la sede del nacimiento de las populares súper-tiendas Olímpicas y la poderosa  Cadena Radial Olímpica que transformó para bien o para mal la radio musical en frecuencia modulada en Colombia.

La crisis actual ha provocado el auto-flagelo de algunos barranquilleros que están rechazando la forma cómo el alcalde actual está culpando al pueblo por la indisciplina ciudadana, que ha provocado la violación a ultranza del confinamiento, ubicando a la ciudad como la más expuesta a los efectos de la Pandemia.

Una de las voces que se ha levantado afirma “que es curioso que ahora lo que ellos llaman Indisciplina Social les parezca nociva, siendo ellos quienes desde sus gobiernos y sus emisoras promovieron por años la chabacanería, el desorden y un barranquillerismo caracterizado por la irresponsabilidad y el espantajoismo”.

“Si no estabas de acuerdo con un alcalde cuyo ejemplo de cultura era ‘mamar frías’ en un estadero de salsa distinto cada fin de semana, tú eras un ‘ardido’ que no veías que la ciudad estaba bonita”.  Llueven las críticas, y los aplausos están pasando a un segundo plano.

La cultura ciudadana puede transformar los pueblos, en la medida que sea una propuesta obligatoria en el plan de gobierno de los Alcaldes, o que se entienda el abrazarla eternamente como garantía de respetabilidad, calidad de vida y reconocimiento nacional e internacional.

El caso de Medellín, que desde 2006 se ha desarrollado un proyecto intenso de cultura ciudadana con trascendencia exitosa, obteniendo en 2013 el Premio a la Ciudad más Innovadora del Mundo y se le otorgó la sede del Foro Urbano Mundial en el 2014.

Mientras en Bogotá, fue lo novedoso que llegó como, prioridad del entonces alcalde Antanas Mockus, pero también es cierto que se marchó cuando terminó su mandato por el desconocimiento de lo logrado de parte de quienes le sucedieron en la administración capitalina.

Es necesario el Aprendizaje Social y solo es posible que genere cambios de comportamientos a través de un ejercicio pedagógico que brinde los elementos para resolver limitaciones cognitivas, cambiando creencias, expectativas y percepciones que conlleven a un cambio de hábitos.

La Cultura Ciudadana debe ocupar un lugar especial en la agenda pública y, por su puesto, buscar el apoyo de las instituciones educativas para que los jóvenes sean agentes multiplicadores del buen comportamiento ciudadano, en aras de iniciar un proceso de desarrollo comunitario y social con el propósito de formar una sociedad equitativa, responsable y capacitada para aportar en la transformación de su entorno. Todos estos componentes han estado ausentes lamentablemente en las ciudades de Cartagena y Barranquilla.

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