LEYENDO “LA PISTOLA EN EL AGUA”


Por: Daniel Rivera Meza

“Se supone que mucha gente emigra para este país, porque en el lugar donde nació o vivía estaba jodida y no tenía ni dónde caerse muerta y, sin embargo, arrastra con lo que puede; sobre todo con la cabrona nostalgia, esa perrita fastidiosa que jadea en la memoria con la lengua afuera y sus pulgas autóctonas”.

      Así comienza el capítulo quince de LA PISTOLA EN EL AGUA, Premio internacional de novela Héctor Rojas Herazo Ciudad de Sincelejo 2020, autoría del escritor cubano RAÚL ORTEGA ALFONSO. El fragmento citado constituye una síntesis muy representativa de esa novela, en su integralidad conceptual y discursiva; un umbral muy al caso para dar paso a las siguientes anotaciones.

      En treinta y un capítulos -doscientas diecinueve páginas- el autor recoge las expectativas y frustraciones de los inmigrantes latinos y no latinos que vencen obstáculos y logran llegar a la populosa Miami, esa babel fantástica y promisoria, al tiempo que demoledora y hostil. El señuelo para quienes buscan la redención de sus carencias, auténticas o inventadas. La dorada ilusión de leyenda viva, audible en un permanente canto de sirenas. En ese hervidero de pasiones cruzadas y nostalgias reticentes, Robber y María comparten un amor sin borrones, entre vicisitudes extremas que rigen sus vidas de indigentes. Dos voluntades a merced del día a día, entre los halagos del mar y el rechazo omnipresente y multiforme en las playas de South Beach.

Los hechos llegan al lector en la voz de Robber, como narrador-personaje, en una prosa muy particular; fiel a las disciplinas del idioma y elocuente en su intención comunicativa, al tiempo que desmedida en la crudeza de expresiones de corte escatológico. En cuanto a lo último, vale decir: sobre la base de que el arte es ruptura y desarmonía, todo texto literario reclama equilibrio entre sus componentes, a fin de fortalecer la unidad estética con entera relevancia. Aun cuando el tema de fondo, como en esta novela, sea extraído del sub-fondo social, y pueda propiciar brotes efectistas en el decir. Sobre estos componentes del discurso, la lectura fluye con interés sostenido y promueve asociaciones de construcción de sentido en el tiempo y la geografía. Cada tanto irrumpen otros conflictos aparentemente alejados de la trama central, pero que resultan complementarios o ilustrativos del asunto novelado; a la larga, un acicate para que el lector anude y fortalezca el hilo narrativo.

      A la luz de la historiografía sobre el hecho literario, se traen a cuento otras consideraciones. Muchos de los principios consignados por el filósofo y crítico húngaro Georg Lukacs, en su obra Teoría de la novela. Aquí se citan solo tres de ellos, a manera de invitación o propuesta para que el lector adelante y haga valer su propio constructo de sentido sobre lo leído:

      –“La novela intenta descubrir y construir, configuradamente, la oculta totalidad de la vida”.

      –“Se objetiva como psicología del héroe de la novela, el temple básico que determina la forma en este género; los personajes de la novela son seres que buscan…”.

      –“El individuo épico, el héroe de la novela, nace de aquella extrañeza sobre el mundo externo”.

      Como exponente del género, LA PISTOLA EN EL AGUA se afinca en una convocatoria de pasiones –odios y amores como únicas fortalezas- para ganarle a la vida el reto de vivir. En específico, constituye una denuncia de la desigualdad social, multifacética y agobiante en un país de élites que disfrutan o padecen con énfasis los rigores de la estratificación. De hecho, muestra la omnipotencia del poder estatal y empresarial, al igual que la esquizofrenia generalizada en este momento de crisis humanística. Es sabido que la condición de inmigrante lleva a la estigmatización en el mundo de hoy, ante lo cual el escritor no puede ser indiferente. Antes, como animal gregario con capacidad de pronunciamiento estético, está llamado a mostrarla y registrarla en la bitácora de este viaje existencial colectivo. De ahí que el libro en comento presente más de un motivo de reflexión a las conciencias y voluntades coherentes con su momento vital.

      ¿El resto? La invitación a que cada lector construya su propia interpretación de LA PISTOLA EN EL AGUA, al estilo y provecho de sus “pulgas autóctonas”.

 

DANIEL RIVERA MEZA

Bosque Fuente, primicias de octubre, segundo año de la peste.  

Anterior APUNTES SOBRE APUNTES ANÓNIMOS
Siguiente Nociones de izquierdismo 1936-1937 Fernando González Ochoa

Sin Comentarios

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *