LAS FOTOGRAFÍAS CON MARLON BRANDO


Por: Álvaro Rojano Osorio

Cuando Guillermo Manríquez Pinto y los miembros del conjunto musical Variedades, llegaron a la caseta organizada por Rodrigo Lombana en Cartagena, fueron notificados que el contrato que habían firmado con este, para amenizar las cuatro noches de fiestas del Once de Noviembre, había sido terminado unilateralmente.

Guillermo, que era un hombre despistado, exigió el cumplimiento de lo pactado. Sin embargo, Roberto les recordó que la fecha en la que debían iniciar las presentaciones en la caseta era el nueve, y ellos llegaron el diez en el día.

Aníbal Velásquez, quien los había reemplazado, intercedió por ellos ante los administradores del Club de Pesca de Cartagena, para que amenizaran esa noche un baile privado en ese lugar. En esta oportunidad llegaron puntuales.

El conjunto Variedades, dirigido por Guillermo Manríquez, había grabado varios trabajos discográficos, de los que fueron éxitos canciones como: El baile de la pluma, Los carmeros, Nubia, Muñeco de oro, Porros costeños entre otras. Interpretaban esta y otros temas musicales cuando vieron entrar a un grupo de personas. Los que llegaron eran extranjeros y colombianos que participaban como actores en la película Quemaida o La Quemada, que, desde el mes de octubre de ese año, 1968, se filmaba en esa ciudad. Era una fiesta privada organizada para los actores Marlon Brando, Evaristo Márquez, Renato Salvatori, Dana Ghia, Norman Hill, entre otros.

Marlon Brando, recordado en Cartagena por su mal genio y su lucha por la igualdad salarial a favor de actores secundarios y extras de tez negra que participaban en la película donde era actor principal, fue de los más entusiastas participantes en la fiesta. Su ánimo creció, especialmente, cuando el conjunto Variedades lo complació con la interpretación de varias cumbias de autoría de Andrés Landero. Pero no solo se animó con la música, también se pródigo en atenciones con los miembros del conjunto a los que les regaló pañoletas rojas de cumbiamberos y ordenó les sirvieran whiskey de la misma calidad del que él tomaba.

El actor, además, fue deferente con el acordeonista Liborio Reyes. Los acercó el interés del primero por el acordeón y que lo hubiera complacido con las cumbias. Y mientras el norteamericano mostraba una sonrisa amistosa, la del colombiano era nerviosa. Su mirada huidiza, así como su sonrisa, era producto de cometarios desobligantes que había hecho en contra de Brando, cuando se enteró, en El Carmen de Bolívar, que destruyó una cámara fotográfica de una persona que lo fotografió, bañándose al lado de una mujer, en una playa cartagenera.

Con el fragor de la fiesta llegaron las fotografías de los actores con los músicos. Marlon Brando fue el más activo entre quienes lo hacían. Él fue quien les dijo que pasaran al día siguiente por el material fotográfico al Club de Pesca. Fue Guillermo el que se opuso a que fueran a buscarlo.

Fue después de que Marlon Brando ganara, en el año 1972, el premio Oscar y el Globo de Oro como mejor actor en las películas El Padrino, y que al año siguientes fuera nominado como mejor actor en la película El último tango en París, cuando Guillermo comenzó a sentir el sabor del arrepentimiento. Iba a la casa de Liborio Reyes a comentarle que, si hubiera ido a buscar las fotografías le hubieran servido de prueba para demostrar que una noche de noviembre amenizaron una fiesta en la que el norteamericano fue el principal animador.

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