LA RESPONSABILIDAD SOCIAL DE TENER HIJOS Y DEL MATRIMONIO


Por: Brayan Latorre

Hay personas que afirman que sus hijos son producto del amor, otras que lo deben ser y otras que por esta causa se cuidan de no tenerlos porque no creen en el amor y yo creo que más que cualquier cosa o pendejada, son el amor en sí mismo. Esto son los hijos: “el amor” y es todo lo que importa, pues aunque son el producto de dos personas, nada más con que tengan nuestro amor seguro, el de aquel padre que no se encuentra convencido si su pareja vaya a estar siempre con su hijo/a, si lo vaya a amar la sociedad o si algo le va a pasar, pero está seguro de cuanto le ama, ¡es suficiente!; tan sólo basta con su propio amor y compromiso por cuidarlo y formarlo para hacer de él un gran ser humano: uno cuanto más feliz pueda ser y que le haga bien a la sociedad (haciéndole bien a la sociedad).

¡La sociedad!, ¡este es el punto…! la sociedad; una que siempre está dispuesta a juzgar bajo principios y valores que enseña a olvidar al mismo tiempo que los enseña a recitar en cátedras que se quedan en instituciones, cuya educación sexual no puede ser efectiva si no está complementada con la de la más importante de las instituciones: “el hogar”. Por ello, se juzgan hechos que no ignoran la teoría de sandeces religiosas ni mucho menos la cordura de la ciencia, sino que simplemente imitan aquello en lo que se convierten esas utopías y pretensiones vanidosas, lo cual es lo opuesto a ellas, producto precisamente de su incoherencia y sin sentido de formar una sociedad al modelo humano y no natural. Modelo natural –me refiero– mas no animal como pensamos que es a lo que nos convertimos (error porque lo somos en principio) si no nos moldeamos ni hacemos ver que tenemos el control del universo y para esto, entre tantas cosas, de nuestra población y de nuestras razas. Pues este es el fin subliminal en sí de esas teorías, por lo que me refiero a ellas con tanto aparente irrespeto, mas no es que sea ausencia de respeto, es que es la pura realidad, son conspiración en contra de la humanidad y no se puede ridiculizar ni ofender a lo que se ridiculiza y se ofende por sí mismo. Además, en cuanto a lo de los animales: << Para ser superiores a ellos, primero debemos reconocer que somos como ellos, ¡por lógica!, ¡debemos reconocer qué parte de ellos hay en nosotros! Si no, no sabremos qué hay que mejorar o eliminar, porque debemos partir de nuestro principio natural y este es el del reino animal >>. ¡Ah…! pero no… ¡es que la sociología y la zoología, incluso, la biología, no se mezclan…! Si así fuera, la sociología dejaría de ser ciencia, si se tuviera en cuenta, la sociología avanzaría como ciencia.

La verdad siempre sale a la luz y siempre hemos vivido engañados por las instituciones religiosas y políticas que nos han inculcado las teorías a las que me he referido implícitamente, pues todos las conocemos y si quieren, las recuerdo: “hay que tener cierta cantidad de hijos porque hay sobrepoblación” y ya di mi opinión sobre los animales al escribir sobre nuestra relación con ellos y que somos parte de la naturaleza y esa es parte de nuestra naturaleza, reproducirnos y somos libres, tenemos el derecho humano de hacerlo cuanto queramos, de ser monógamos, polígamos o célibes, así como diversas especies de animales, además somos multiculturales como sociedad; por lo que si no nos acepta una en particular debemos emigrar como las aves a donde mejor les convenga.

¡Ah…es que tienes derecho a tener cuantos hijos quieras, sólo que no a traerlos a sufrir! ¡Mira cómo está el mundo!, cada vez de mal en peor y con mayor razón si no eres ni una buena persona ni serás un buen padre… ¡no hay derecho! –dirán muchos. Y eso también digo yo, ¡estoy completamente de acuerdo! No obstante, con lo que no, es que nos centremos en este tipo de pensamientos tan negativos que lo que hacen es ir en contra de nuestra especie porque al fin y al cabo habrán mucho otros procreándose a gran escala y también nosotros pagando el precio de ello, por ejemplo, a través de los impuestos que se elevan al elevarse los gastos del gobierno –si hablamos de lo material– que aun así siempre se elevarán por causa de la corrupción y pueden haber consecuencias de consecuencias que siempre habrán de cualquier forma en la humanidad porque nos regimos por un universo aleatorio en el que todo es probable, así como lo es que una madre soltera sufra por el abandono de su pareja como el que un padre quede viudo. Pero ¿acaso por esas cosas que nadie se espera, mas por las que todos corremos el riesgo…no tenemos el derecho o mejor aún, el deber de amar…? si es lo único seguro que tenemos y por ende lo que ninguno puede evadir, o ¿acaso hay alguien que no haya amado? ¡Eso sí que es imposible! Porque amar es vivir y quien no ha amado no ha vivido.

¡Castidad!, ¡castidad!, ¡es un argumento de las iglesias! Y déjenme decirles que: << ¡por supuesto que debe haberla, sólo que no se mide por aguantar las ganas ni esos pensamientos lujuriosos que a todos nos entran, sino por no hacerlo con aquella persona a quien no se ama >>. Si amamos a alguien, aún sin casarnos podemos tener relaciones e hijos y eso no es pecado siempre y cuando haya amor, ¡verdadero amor!, ¡lo cual significa una entrega que no dura lo que dura una ceremonia nupcial!, ¡más bien una vida entera! Pues si fuera por cuestión de no adulterar o fornicar me caso con esa dama que me inspira el amor sexual que muchos satanizan llamando lujuria –existiendo esta, sólo que sin ser lo mismo; el amor sexual es pasión y por ende dura más– y luego “hacemos el amor”, sólo que al descubrir que en realidad no era amor, mas bien sólo sexo, ¿qué pasa? Me separo y si me consigo otra pareja a la que llego amar de verdad, es decir, tener un amor psíquico real, aun así, la primera me seduce y al seguirme gustando sexualmente le soy infiel a mi amor verdadero… ¿al hacer esto fornico? Fornicaría por ser infiel, sin embargo, no adulteraría según la lógica religiosa por estar casado por la iglesia, es decir, ante Dios; lo cual creo que fue tan sólo ante un cura y un montón de gente, muchos sinceros, aunque otros envidiosos, muy bien vestidos, pero con su deslealtad muy mal olientes y que no sólo otorgan felicitaciones, además gastos que vacían el bolsillo y que convierten al amor en un mero capricho de protocolo y formalización que si vale la pena que sea una promesa de por vida no tiene por qué esperarse que la muerte lo disuelva: “hasta que la muerte los separe”.

Créanme que estoy tratando en mis pensamientos de ser lo más respetuoso posible con aquellos religiosos que lean esto. No obstante, ya expliqué en el segundo parágrafo qué es lo que pasa. Además, con el paso del tiempo y la llegada de la modernidad todas esas limitaciones que las instituciones jerárquicas nos implantaron como coerción a nuestra libertad –no libertinaje– no se han quedado como los dogmas que siempre pretendieron hacer creer, sino que han salido a relucir como las verdaderas pretensiones malignas que son, tales como no dejar heredero alguno en el caso de la iglesia católica, pues bien sabemos y si no, ¡sépase! que se lucró por años y aún lo hace gracias a su gran vínculo con la monarquía y supuestos gobiernos laicos. Y no es como se dice: “por consagrarse únicamente a Dios o por voto de castidad”. Ya traté la castidad y definitivamente frente a estos argumentos queda ridiculizada como el mal concepto que se tiene y que lastimosamente hay mucha gente que aún sigue creyendo y con el cual condenan a una vida no de honor, tan sólo de desamor a muchos de sus hijos e hijas obligándolos a casarse sólo por tradición o un desliz sexual, mas no por amor.

He de allí que nace la gran responsabilidad social del matrimonio y la de tener hijos, que se sintetiza en: “amor y amor”. En el amor se resume y de él parte. Si usted no ama no se case o no se una en pareja ni mucho menos tenga hijos con esa persona. Porque no se trata de que tener hijos es una obligación ni casarse mucho menos, sino simplemente amar; a eso hemos venido al mundo, esa es nuestra misión y responsabilidad social: amar; producto de ese amor son los hijos y la unión o viceversa. Ahora bien, ¿Qué es el amor? –Lo sabrá Dios. Lo sabemos en cierto modo los que lo hemos sentido y los que tenemos nuestro propio concepto de él, siempre y cuando no sea maligno, ni capricho ni egoísmo ni etc… porque simplemente eso es él: el bien; algo a lo que ni un ateo se puede negar ni se puede contener. Y el bien no es relativo, a menos que se quede en actos que sólo afecten y sea por siempre a pocas personas, mas cuando es a toda una sociedad, debe ser algo de mucho cuidado y responsabilidad, tal como lo es el bien que origina el matrimonio y el tener hijos, dos actos que creo ya haber dejado claro cuan relacionados están, pues el uno es motivo para el otro; sin embargo, sólo si hay amor, amor y amor. Esa es nuestra responsabilidad social, es decir, nuestra responsabilidad para con la sociedad y por ende la responsabilidad de la sociedad. Si no… ¿cómo se construiría la sociedad? ¿Qué es la sociedad y cuál es su fin?

Esas últimas son preguntas difíciles de responder ante más, mucho más por tratar, pero no sin antes también responsabilizar de ideas malignas que atentan contra nuestra responsabilidad social de tener hijos al paralelo de los dogmas religiosos, que corresponde ahora a la liberalización propia de la modernidad, tales como la ya mencionada acerca de la población, que en términos económicos se ajusta tanto a la izquierda (Keynesianismo o conservatismo económico ) como al capitalismo o liberalismo económico, al igual que el decir: “no se debe tener hijos hasta que no haya casa, carro y beca” o que la edad más apropiada por madurez mental y corporal es después de los 30, cuando simplemente la razón es otra u otras, por ejemplo, y sobre todo, el miedo, miedo a vivir, miedo a amar y las dos cosas son algo que no se deben evadir porque sí que vamos a sufrir. Siempre sufriremos, de uno u otro modo y los hijos en definitiva son una bendición, así que seamos sinceros y no nos engañemos, ante todo no confundamos a los demás con nuestro propio engaño ni le quitemos o posterguemos más de la cuenta la oportunidad de amar como sólo Dios ama, con un amor insuperable, con el más grande de todos: “el amor de padre” y quien no cree en Dios, que crea en un padre y si no tuvo uno o tuvo uno muy malo, que trate de ser uno bueno, ¿cómo?, amando y con eso bastará para hallar su felicidad y tener la certeza de que un hijo nunca es un obstáculo, mas bien un motivo para luchar por nuestros sueños y hacerlos realidad, ¡qué mejor que en compañía de un ser al que se los vayamos a compartir o a heredar! Y si no conviene hacerlo es porque en definitiva tampoco para nosotros será bueno cumplirlos.

La seguridad y disposición para amar es todo lo que necesitamos, quien siembra recoge y nuestra mejor cosecha serán nuestros hijos y aunque no formar siempre buenos seres humanos es un riesgo que debemos asumir es simplemente el que acarrea nuestra responsabilidad como padres, además el de ser humanos, cosa natural, cosa inevitable y que se nos sale de las manos. Así como también se nos puede salir el no procrearlos porque ah…se ha escrito sobre tenerlos en el sentido no solamente si se pueden formar biológicamente, qué se debe hacer, sino que ¡es un deber tenerlos!, es decir, ya sea biológicamente o adoptarlos. ¡Sí!, la adopción es muy importante. ¡Es más que lógico según lo que cada uno sabe y lo que se ha expuesto en este escrito! Lo que indica que ni la infertilidad ni la homosexualidad son excusas para no tener hijos, ¡lo son para procrear!, mas sabemos que esto es a lo que se limitan los animales, es nuestro instinto animal, pero tener hijos va más allá: es una responsabilidad y por supuesto saberlos formar, ante todo dado ante el dogmatismo y también el riesgo no menos grave del liberalismo– en el amor y con el ejemplo. Y esto es algo de lo cual no se les debe privar a los homosexuales porque también tienen esta responsabilidad social, porque ellos también hacen parte de la sociedad y si no tienen derecho a lo que es un deber: “hacer algún bien a la misma a través de la crianza humana y la formación ciudadana”, no tienen por qué tomarse en serio el resto de sus deberes sociales y en vez de reclamárseles por actitudes “aberrantes”, mas bien debe tomarse en cuenta que se les debe un derecho.

No hablo de pederastia ni de cosas inaceptables como los traumas infantiles sobre los que se basan los opositores a estas ideas, hablo de que se les permita tener hijos mayores, que tengan conciencia para querer aceptarlos en su vida luego de conocerlos, como debe ser, con cautela y cuidado humano, todo proceso de adopción. Del mismo modo, se debería bautizar a un humano cuando sea adulto, tal como lo hizo Cristo y aunque la iglesia, a la que me dirijo de manera especial con mis argumentos, diga que no cabe tal comparación, porque no es lo mismo bautizar a un niño, aun cuando no se le consulte, que condenarlo a sufrir dicho trauma de permitir que crezca en un ambiente no favorable, en un hogar de homosexuales, le replico que en realidad el único ambiente en el que crecerá es el de la homofobia de la sociedad; esa sociedad que condena a cada familia y que hace que cada familia por rencor y venganza la condene también. Por lo que tampoco me opongo al matrimonio gay. También es un derecho como responsabilidad social que es y como creo lo que he expuesto, que nada más con unirse la pareja en filial amor ya están casados, que lo demás es protocolo, idealización o incluso intereses de clases sociales, no tienen excusa para decir que no se pueden unir y concretar ese matrimonio que si está lleno de amor, ¡amor del bueno!, ¡amor psíquico y sincero!, es un matrimonio verdadero.

Quiero dejar claro que mi intención no ha sido ofender a nadie ni ir en contra de los que piensan distinto a lo aquí expuesto, puesto que si quieren llegar vírgenes al matrimonio o creen infinidades de bellezas que si uno ofende es porque en realidad ofenden a mucha gente sin necesidad y entre las cuales lo más bello es decir que sencillamente el matrimonio es un sueño: sobre todo el de toda mujer, pues cásese y sea feliz, le deseamos los que no pensamos igual la mayor felicidad, pero, ¡por favor…! no ofenda a los que piensan como yo porque no he dicho que una ceremonia nupcial (no matrimonio) no deba hacerse en absoluto, mucho menos el matrimonio –cuya diferencia he explicado–, de hecho, a lo mejor algún día también me case, sólo que la vida cambia, ¡nunca se sabe…! así como tal vez en medio de mis celos y caprichos con mis hijas, cuando crezcan, también exija que se casen, así que para qué decir tanto…sin embargo, ¡no hablemos mal de los que viven en concubinato! Así como tampoco los que viven en concubinato ni ningún matrimonio o persona soltera deben criticar a los que a pesar de que se aman, llevan años de noviazgo y no han optado por convivir juntos, a pesar de que son estos los que más critican a los casados y a los que viven en unión libre –cada quien o mejor dicho cada pareja tiene su forma de amar–. El problema radica en que luego de tanto tiempo se casen o se unan para convivir y no duren juntos ni un mes.

Del mismo modo, les refiero a los que no quieren tener hijos, ya sea por procreación o adopción ni cumplir con la misión natural de formarlos –pues sin lo uno no se puede hacer lo otro– y así contribuir al bien de la sociedad, por lo cual es responsabilidad social (reitero y redundo infinitamente): que está bien, ¡perfecto!, ¡tienen su derecho!, al fin y al cabo pueden contribuir positivamente de muchísimas formas más, por ejemplo, con la cría de animales, lo cual no es menos importante y lo cual es una alta tendencia de crianza por la cual remplazan a la humana aquellos quienes no quieren tener niños y con lo cual dejan más que clara la “necesidad humana de tener hijos” dado que somos seres psicosocialmente afectivos o mejor dicho…seres sociables por naturaleza…ah…pero…¡por favor!, ¡respeten a los que han optado por tener hijos a montón! Y si no están de acuerdo, ¡por qué mejor no les ayudan económicamente! Sería más proactivo, mas no es necesario porque lo que tal vez lo sería son consejos “profesionales” o mejor aún, sinceros, ¡jamás burlescos ni denigrantes o humillantes!, que ya que se quedan en tanta locura que he mencionado, es mejor evitarlos y dejarlos en “chismes”; “chismes fastidiosos” que no sirven de nada más que para alimentar la estupidez humana, contraria al raciocinio que luego… ¿no es lo que nos distingue de los animales?

Por otro lado, “chismes de chismes” que en vez de ayudar a que los jóvenes sean más responsables en su procreación lo que hacen es que la sociedad adulta, sobre todo mayor, en la irresponsabilidad de su ignorancia los contamine de esta última; ¡cosa que no hace la ciencia!, que en medio de su intento de cordura, pues es lo que busca y por ello, muchos científicos se vuelven locos, debido a que no la encuentran, ha hallado lo que sí que no es sandez ni incoherencia ante la naturaleza humana y son los anticonceptivos y la educación sexual por causa de que cómo pueden serlo ante la negación de la iglesia de usarlos por causa moralistas, de castidad y demás cuando su principal objetivo es la prevención de las enfermedades sexuales y la conservación de la vida, aun cuando también la cohíba con la planificación y prevención de embarazos no deseados, por ello, la paradoja entre la ilusión de la fe y el raciocinio de la ciencia.

De todos modos, si usted está de acuerdo con la iglesia y mucho más de lo que profesa y de lo cual sólo le he dado la idea, ¡créalo!, pero no le imponga eso a nadie así como mi objetivo aquí tampoco es imponer nada a nadie, tan sólo informar, ¡cada quien piense lo que quiera!, aunque no lo que deba… (Sólo digo, sólo propongo, porque somos sociedad y nos afectamos todos). << En un árbol no sólo una hoja se mueve; no sólo una fruta se pudre >>. ¡Sólo no nos dañemos de ningún modo!, menos con malas intenciones, por ejemplo, chismes, juicios o palabras hirientes.

A los curas les digo respecto a todo esto: << ¡Renuncien si quieren casarse, incluso salir del closet, convivir como gayes y ser felices así! y ¡hagan hijos!, ¡todos los que quieran!,  ¡sólo fórmenlos bajo la verdadera  ley de Dios, la del amor!, o, ¡ háganlo con esos que tienen bajo la sotana!, que no son sus feligreses precisamente, ¡al fin y al cabo es algo natural y es un deber social! y no el de la pederastia que lo más probable es que sea causa de toda esa represión fanática e innecesaria >>.

Yo iba a ser cura y cuando comprendí esto, renuncié y tengo dos hijas, a las cuales les hago honor con la foto de portada; con cuya exposición no pretendo quedar bien, ¡todo lo contrario!, aclarar que si hay un padre responsable, ¡ese soy yo!, y así mismo si hay un padre irresponsable, ¡ese también soy yo! Es decir, me refiero desde siempre, creyendo además que los padres no somos perfectos, quien lo sea que lance la primera piedra y que así como hay actos de responsabilidad, también los hay de irresponsabilidad, aun cuando hay padres mucho más responsables que otros y unos que han abandonado a sus hijos y son completamente irresponsables. Sólo me queda por decir que no se nos debe olvidar el tener presente asumir nuestros errores y no permitir que nada ni nadie nos opaque el amor.

De tal modo que aquí presento a mis dos hijas públicamente y no sólo por orgullo o por amor, porque por orgullo mostramos lo que es oro (nuestras riquezas), lo cual no es necesario y con lo cual generamos envidia y el amor es mucho más que orgullo, de cuyos riesgos nos debemos cuidar si queremos ser felices y si queremos proteger a nuestras familias. No tuve en cuenta ello con mi primera hija  cuando nació hace dos años y medio, al subir las fotos que tengo con ella (la primera y segunda de izquierda a derecha y de arriba hacia abajo) y ahora con mi segunda bebé (la tercera y cuarta en ese sentido) lo pensé, pero precisamente si las presento es porque además de que sabemos que así como hay chismosos, ociosos y envidiosos también hay gente que se alegra con nuestras alegrías y una razón más: “para que los mal intencionados que lean esto en vez de andar chismoseándole la vida a otro y siéndole hipócrita, sin aportarle nada positivo ni a él ni a la sociedad, mas bien se instruyan y reflexionen…” Y esto no es nada. ¡A leer!, ¡a leer!, ¡inoficiosos! Y los que conocen mucho más que yo sobre todo esto, peor aún, pues son ilustres, así que sólo deben reflexionar antes de juzgar.

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