¿HASTA CUÁNDO COLOMBIA?


Por: Manuel Medrano

Cuando una ley es injusta, lo correcto es desobedecer. Gandhi.

Gran conmoción ha tenido en el país la imputación a ocho excomandantes de la Farc por crímenes de Guerra y Lesa Humanidad, por parte de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), el Tribunal de Justicia Transicional encargado de juzgar los crímenes más graves cometidos durante el conflicto armado en Colombia. Pero mayor trascendencia ha ocasionado otro anuncio de la JEP, con relación a los falsos positivos, cuando por parte de la Fiscalía se conocía una cifra de 2.248 reportados por el Ente Acusador, la realidad es otra; según la más exhaustiva investigación que tuvo en cuenta a la misma Fiscalía General de la Nación, La Jurisdicción Especial para la Paz estableció que por lo menos 6.402 personas fueron asesinadas despiadadamente para ser presentadas como bajas en combate en todo el territorio nacional entre 2002 y 2008, según la Sala de Reconocimiento de Verdad del Alto Tribunal. Esos crímenes fueron perpetrados principalmente durante los dos gobiernos del expresidente Álvaro Uribe Vélez (2002-2010).

La cifra es contundente, 6.402 falsos positivos producto de ejecuciones extrajudiciales, que afloran después de contrastar un enorme volumen de información con cuatro bases de datos: Las cifras del Sistema Penal Oral Acusatorio (SPOA), el Sistema de Información Judicial de la Fiscalía (SIJUF), el Observatorio de Memoria y Conflicto del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) y la Coordinación Colombia – Europa – Estados Unidos (CCEE). Esta primera investigación se concentró en Antioquia, Norte de Santander, Huila, Casanare, Meta, y la Región Caribe.

La JEP, que ha tenido que enfrentar toda clase de críticas y hasta una propuesta para ser derogada de parte del expresidente Álvaro Uribe Vélez, ha continuado su trabajo arduo y complejo, pero con la ventaja de haber recibido una fuerte oxigenación con la llegada del Magistrado Eduardo Cifuentes Muñoz a la presidencia.

Con el conocimiento del país sobre la nueva cifra de los falsos positivo, a través de las redes sociales, el primero en pronunciarse fue el expresidente Álvaro Uribe Vélez, quien rechazó el comunicado de la JEP, donde aparecen todos los pormenores de la investigación, y consideró un atropello contra su persona, tal afirmación. Mientras que el expresidente Juan Manuel Santos dijo que hace mucho tiempo pidió a la Justicia Especial para la Paz que lo escuchara, para hablar sobre los falsos positivos, ya que él hizo parte del gobierno en que se dieron esos atropellos contra la población civil, puesto que fue Ministro de Defensa. Después, como presidente, lideró los Acuerdos de Paz con la cúpula de la Farc, en la Habana, Cuba.

El miedo ha sido utilizado en Colombia como estrategia de algunos sectores para mantenerse en el poder y los acuerdos de paz no fueron la excepción, vale recordar la estrategia usada para manipular la opinión pública en la época en que se realizó el plebiscito sobre los acuerdos de paz. Los mensajes para generar pánico proliferaron por todas partes, hasta de forma caricaturesca. Aún se recuerda el despropósito de que Juan Manuel Santos le iba entregar el país a la Guerrilla de la Farc.

Es necesario trabajar de manera proactiva para seguir promoviendo la reconciliación y llamar a recapacitar al pueblo colombiano a ver si quiere seguir aferrado al modelo que nos han vendido de intolerancia, confrontación en diversos escenarios, guerras eternas, paramilitarismo, guerrilla, narcotráfico, pobreza, hambre y masacres. O apoyar la Justicia Especial Para la Paz con el liderazgo de su presidente Eduardo Cifuentes Muñoz, que llegó cargado de experiencia y sabiduría y está sacando a flote la nave que parecía a punto de naufragar ante las tempestades ocasionadas por aquellos que temen que la verdad por fin nos haga libres.

Una ciudadanía más consiente,  indudablemente viera con otras perspectivas el acontecer nacional,  con las últimas decisiones de la JEP y el colectivo humano estaría  exigiendo y presionando para que todos los actores de las atrocidades que se cometieron en el conflicto armado digan la verdad verdadera,  incluyendo  a los expresidentes Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe Vélez, o  a Barbaros como el general en retiro Mario Montoya,  para que sientan el rechazo de los colombianos, por el papel protagónico que jugó en el Conflicto y su prepotencia y cinismo cuando acudió al llamado de  La JEP, donde aseguró que los  miembros del ejército involucrados en los falsos positivos “Eran soldados muy pobres, ignorantes, no entendían la diferencia entre resultados y bajas, por eso cometieron los falsos positivos. El problema es la falta de profesionalización del ejército, que está formado por personas de escasos recursos”. Este país insensible no fue capaz de rasgarse la vestidura ante tamaña afirmación del antes todopoderoso General Mario Montoya, astuto para la guerra, pero tardo para enfrentarse a la nueva realidad. Solo las madres de las víctimas de los falsos positivos se mostraron ofendidas luego de sus declaraciones.

“Es un momento crucial para Colombia, esta construcción entre diferentes tiene que estar marcada por el desinterés ante el prestigio, el protagonismo o el dinero, y comprometida y entregada a la edificación de un nación reconciliada y capaz de creer en sí misma”, dijo el sacerdote Francisco de Roux de la Comisión de la Verdad, en el libro La Audacia de la Paz Imperfecta.

Colombia renuncia al fanatismo y al apoyo ciego al clientelismo y a los dirigentes que hacen caso omiso de la situación real del pueblo colombiano, víctima de masacres permanentes, pobreza y desempleo o seguiremos escuchando las sirenas encantadas que acompañan los discursos floridos de los dueños del poder, que ya se están preparando para que volvamos a votar por ellos que son los verdaderos culpables de nuestra ignorancia política y nuestra falta de ciudadanía.

Según datos del Centro de Memoria Histórica, el conflicto en Colombia ha dejado unos 262.000 muertos, 80 mil desaparecidos, 8 millones de desplazados y 37.000 secuestrados entre 1958 y 2016. Delitos que fueron perpetrados por la guerrilla.

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