GUERRILLEROS DE LA PALABRA


Por: Manuel Medrano

Hay que leer y escuchar al escritor William Ospina, no solo cuando habla de poesía y literatura, sino cuando trata temas que nos competen, especialmente cuando habla del país que nos merecemos.

William Ospina sostiene que el verdadero problema de Colombia no es ni la guerrilla, ni la corrupción, ni la clase política. El problema es una ciudadanía ausente y aturdida que no ha sido capaz de poner en su sitio a la clase dirigente, esperando siempre que un estado burgués  que privilegia a las élites, algún día decida permitir la recuperación de ese capital humano que habita en los barrios marginales de las grandes ciudades y en la otra Colombia, donde los niños mueren por desnutrición y abandono, y han sido tomada por la violencia tras la falta de presencia de lo que pomposamente llaman el estado de derecho.

Este abandono histórico de las comunidades que llevaron al escritor Gabriel García Márquez a convertirse en socialista, motivo por el cual se vio obligado a emigrar de su patria, cuando se percató de que su vida corría peligro. Desde entonces se refugió en México, país donde materializó su ambicioso proyecto literario: Cien Años de Soledad.

Gabriel García Márquez se había conocido con Camilo Torres en la Universidad Nacional. Ambos estudiaban la carrera de derecho, donde sostenían largas charlas sobre la desgracia de las clases marginadas y la insensibilidad de una oligarquía embriagada de poder y generadora de violencia. Los dos jóvenes terminaron siendo grandes amigos, Camilo se convirtió en sacerdote y sociólogo y García Márquez en el gran periodista y escritor que más tarde lo buscó para que le bautizara a su hijo Rodrigo, cuyo padrino fue Plinio Apuleyo Mendoza, quien también tenía ideas socialistas en esa época, pero que después se convirtió en derechista a ultranza.

En este país que ha estigmatizado a quienes piensan diferente y cuestionan las arbitrariedades cometidas por las elites que se han apoderado de la nación, imponiendo un clientelismo que solo genera subdesarrollo, fue lo que indujo al sacerdote Camilo Torres a convertirse en guerrillero. Y si nos doliera la realidad de lo que nos pasa en la actualidad, nosotros fuéramos guerrilleros para combatir con la palabra y con los debates, adoptando una actitud crítica ante la política despiadada de los dueños de esta aldea que aún se llama Colombia antes que la transformen en un estado de opinión. Por eso y mucho más hay que escuchar al escritor William Ospina cuando se pregunta: ¿Dónde está la franja amarilla? O cuando pregona: ¡Qué se acabe la vaina!

“Siempre nos dijeron que la violencia de los años 50 fue una violencia entre liberales y conservadores. Eso no es cierto. Fue una violencia entre ricos y los poderosos de ambos partidos, los azuzaban y financiaban su rencor, dando muestra de una irresponsabilidad social infinita”.

“La violencia no podía ser una iniciativa popular, pues no iba dirigida a quienes se lucran siempre del pueblo”.

“Después de una guerra de 300 mil muertos, Colombia debía seguir siendo el país inauténtico, mezquino, antipopular y excluyente que era 20 años atrás, y la clase dirigente amenazada por el Gaitanismo se había salvado”

William Ospina. (¿Dónde está la franja amarilla?)

Repito: Por esto y mucho más hay que leer y escuchar a William Ospina y a todos aquellos que despiertan y levantan la voz en contra de quienes siempre han gobernado este país que nunca será como Venezuela, pero cada semana siguen asesinando a los que ahora llaman Líderes Sociales, mantienen a media Colombia en la pobreza absoluta y la educación superior con pocos recursos.

Es necesario convertirnos en gestores del cambio social, que a gritos exige esa Colombia olvidada.

Hay que leer y escuchar a William Ospina para convertirnos en verdaderos Guerrilleros de la Palabra.

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