FIESTA EN LA JUNGLA


Por Manuel Medrano

Lo que parecía ser una fiesta agradable y amigable, de integración de los miembros del Escuadrón Móvil Antidisturbios, ESMAD, terminó en un enfrentamiento violento, muy al estilo de su comportamiento cuando son enviados a las calles a controlar un paro o una manifestación de estudiantes universitarios. La gresca, cuentan los que la vieron, que no tiene antecedentes, fue un acto barbárico. Resultaron 47 herido y 200 magullados, se agredieron entre ellos mismos con ferocidad, comieron carne de su carne. Los meseros se volaron y salieron corriendo despavoridos como almas acosadas por Satán y jamás quisieron regresar. Por poco desmantelan el salón comunal del barrio Policarpa Salavarrieta, que revivió momentos del pasado, cuando era el escenario favorito de la lucha libre en la capital. Las pérdidas materiales fueron estimadas en 130 millones de pesos. Envestían como toros bravos de 500 kilogramos en la plaza Santa María, cuando Manuel Benítez, el Cordobés, famoso torero tremendista español, vino a Colombia por vez primera. «Todo era alegría y emoción, teníamos el vestido de gala, cuando se armó la guachafita», dijo un sargento. Al grito de «que perra tan loca», ya bajo los efectos de los jugos etílicos, se obnubilaron, y el cabo Contreras respondió en coro con el grupo que lo seguía bailando la champeta de moda «Más perra loca será su puta madre«, destacándose la voz de tenor del sargento primero José Aguilera. La pelea comenzó a puño limpio entre dos bandos que iban sumando amigos de los unos y de los otros. De repente aparecieron los bolillos y los insultos, y los gritos se hicieron más agresivos, «pateen a ese miserable, parece de las barras bravas del Campin, no sea sapo, parece de FECODE», gritaban con profunda ira.

El escándalo y la bulla perturbaron el silencio de la noche, los vecinos indignados llamaron al ESMAD y lógicamente no obtuvieron respuesta alguna. Entonces decidieron entrar al salón comunal y se estrellaron con las sillas que volaban por los aires. Cuando se percataron que era el ESMAD, en acción fiestera salieron aterrorizados.

Para acabar con el violento accionar del Escuadrón Móvil tuvieron que dejar en total oscuridad el salón comunal, quitando la energía eléctrica. El comandante de la Policía Metropolitana hacia parte del comité organizador de la fiesta y le tocó, un poco aturdido con la cabeza llena de chichones y magulladuras, salir a presentar disculpas al vecindario que se había despertado todo. Uno de ellos exclamó: «me parece monstruoso que ese tipo de personas sean las que supuestamente velan por el orden y la seguridad de los ciudadanos».

Esta generación, comando de Robocop llamada ESMAD, se creó en 1999 en el gobierno de Andrés Pastrana y se fortaleció en el mandato de Álvaro Uribe Vélez. Son 3.600 policías entrenados con mucha rigurosidad. Se especializan en control de multitudes. Los ponen a aguantar hambre, calor y sed. Los preparan para ser receptores del odio que se hace evidente en las multitudes con su presencia. El sueldo es de $1.800.000.

Hay mujeres en el EMAD, las cuales deben tener excelente estado físico y deben estar preparadas para permanecer de pie más de 12 horas. El ESMAD, pisotea sin piedad a los revoltosos si hay que pisotear, patean si tienen que patear contada su fuerza, en la cabeza o en el estómago a hombres o mujeres como si sintieran el mismo odio que ellos generan con su presencia en los paros y manifestaciones.

Por los muertos del ESMAD, nadie responde. Ya no se puede contar con los dedos de las manos y los pies. Es la represión furiosa del Estado, dicen los estudiantes. Apártense que vienen los del ESMAD y no se le ocurra ir como invitados especiales a su próxima fiesta de integración. Nadie responderá por su integridad física y usted no podrá llamar a la policía.  Ellos son la Policía.

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