ESTO TIENE QUE PARAR


Por Manuel Medrano

“Yo quisiera ser civilizado como los animales”. Roberto Carlos.

No recuerdo con exactitud mi primera vez frente al mar, ni cuando me introduje en sus entrañas para disfrutar de las caricias de sus olas, ni cuando aprendí a contemplarlo en silencio para aprovechar toda la paz y armonía interna que genera. Entre Tolú y Berrugas, aprendí a querer el mar y a nutrirme de él siempre con un respeto inmenso. A través de la contemplación de un mar en calma se aprende a escuchar los sonidos del silencio y el palpitar de la Divinidad en nuestro interior.

Son muchas cosas las que nos puede enseñar, por eso el escritor norteamericano, ganador del Premio Nobel de Literatura y autor de Por quién doblan las Campanas y de Adiós a la Armas, Ernest Hemingway, pasó sus últimos años de vida rodeado de mar por todas partes, en la isla más grande del Caribe, Cuba, donde escribió El viejo y el mar.

Cuando llegamos a conocer el mar en toda su esencia lo usamos como medicina, aprendemos a meditar y a razonar con él o de lo contrario nos hace aterrizar cuando somos obstinados. Aprendí a dominar y a sobrellevar mis miedos gracias a él, y fue navegando en un bote de vela, cuando de repente el cielo se fue nublando y los nubarrones comenzaron a desplazarse desde el horizonte hacia tierra firme con una velocidad extrema, como pretendiendo competir a la distancia con las olas que se encresparon y agigantaron impulsadas por una sorpresiva tempestad. Todo sucedió tan rápido, que la velocidad de nuestro bote aumentó impulsado por una vela englobada que quería atrapar con avaricia todo el furor del viento, generando palidez en mi rostro y en el de mis compañeros, pero gracias a la pericia y serenidad del pescador Pellito Gómez, quien iba al timón, alcanzamos tierra firme con los frutos de una buena pesca; los pargos, lebranches y jureles llegaron todos hasta la playa con nosotros.  Ese día comencé a perder mis miedos.

El gran poeta chileno, Premio Nobel de Literatura, Pablo Neruda, fue un apasionado por la brisa cantarina que viene del mar y varios de sus poemas fueron dedicados a esa inmensa porción de agua salada.

Necesito del mar porque me enseña: /No sé si aprendo música o conciencia/no sé si es ola sola o ser profundo/ o sola ronca voz o deslumbrante/suposición de peces y navíos/el hecho es que hasta cuando estoy dormido/De algún modo magnético circulo/en la universidad del oleaje/

Pablo Neruda sostenía que hablar del mar es hablar de la inmensidad de lo diminuto que somos en comparación a ese azul de olas marinas, de calma y tempestades, ese poder puede cambiar y transformar todo.

Cuando conocí a Rincón del Mar al igual que Berrugas, sus pobladores, vivían de espaldas al mar, y fueron los antioqueños quienes les enseñaron con su presencia en las épocas vacacionales que las azules y diáfanas aguas eran más que un escenario para la sobrevivencia a través de la pesca. Entonces el turismo fue tomando forma y poco a poco se convirtió en actividad vital para los lugareños.

Es necesario proteger y cuidar los mares ya que producen más de la mitad del oxígeno en la atmosfera y absorben la mayor cantidad de carbono que hay en ella. La máxima Autoridad Mundial que está a cargo de la delimitación de los mares, destaca que son 66 los mares existentes, pero si se tiene en cuentas los mares interiores como el Mar Mediterráneo son 73 en su totalidad. El mar visto como fuente de negocio contribuye con más de 500 billones de pesos a la economía mundial. Solo el 2,8%de los océanos en el mundo están protegido y menos del 1% se encuentra en reserva marina.

Los mares ocupan 3 cuartas partes de la Tierra y contienen el 97% del agua. Únicamente el 3%e s agua dulce. Los mares son grandes extensiones de agua salada y pueden estar conectadas a un océano

El último informe del Banco Mundial de los Océanos “La contaminación marina en el Caribe: ni un minuto que perder”, revela que el 80% de los contaminantes provienen de la Tierra, mientras que más de 320 mil toneladas de desechos plásticos permanecen sin recolectar cada año en las aguas de las playas del Caribe. La degradación de los arrecifes de coral y la contaminación en la cuenca representa una pérdida que oscila entre 350 millones y 870 millones de dólares.

Para el 2050 habrá más plásticos que peces en los océanos a menos que la gente deje de utilizar artículos elaborados con este material como las bolsas y las botellas… El 26 de agosto se celebra el Día Marítimo Mundial.

Cuidemos Nuestros Mares. Esto Tiene Que Parar.

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