EN TIEMPOS DE CUARESMA EL DIABLO ANDA SUELTO


Por Amaury Pérez Banquet

Hoy cuando salí a la calle, lo primero que percibí fue la carga de soledad con que corría la brisa. Solo eso me bastó para rememorar las brisas y las calles de mi pueblo de hace más de 30 años para esta misma época. Me imagino que a muchos de mi generación les ha pasado algo parecido. Recuerdo que, al amanecer del miércoles de ceniza, nuestros padres, tíos y hermanos mayores, nos decían a los niños que no podíamos salir de la casa durante cuarenta días porque el Diablo andaba suelto. Únicamente teníamos derecho de ir a la escuela o de hacer un mandado autorizado por un adulto responsable, miembro de la familia. “Si le sales con groserías a la profesora, te cogerá el Diablo de regreso a casa”, nos decían. “No hables, no discutas, no les respondas a los mayores porque el Diablo anda suelto”. Eran tiempos de respeto: no podíamos jugar futbol con la famosa pelota de trapo, ni jugar trompo, ni jugar cartas, ni jugar la bolita del quiño, ni jugar la varita escondida, ni jugar a Emiliano que le dan la cebolla con el pan, ni ir a robar mangos y nísperos en los patios escuetos. Nada. A duras penas nos dejaban ir a recolectar leña cuando se agotaba la provisión. Y enseguida venía la recomendación: “El permiso es solo para ir a buscar la leña a la finca de Los Álvarez, cuidado te metes en la finca vecina a hacerle maldad a las burras porque el Diablo anda suelto”, nos advertían. “No está demás rezar durante el camino cinco Padrenuestros y cinco Avemarías”. Y eso hacíamos: acatábamos las recomendaciones de los mayores por temor al Diablo en esos cuarenta días. Pero no eran únicamente los niños los que respetábamos la Cuaresma, eran todos los de la comunidad: las calles se tornaban solas y la gente muy poco hablaba; más bien susurraba por temor. El jueves Santo todo volvía a la normalidad: el Diablo se devolvía a su escondite hasta el próximo año. La verdad es que no sé en qué momento comenzamos a faltarle el respeto a la Cuaresma. El mundo se volvió veloz y nos fuimos olvidando de ciertos valores.

Hoy cuando volví al presente, luego de recorrer las calles del pasado, me detuve a analizar lo que está aconteciendo en el mundo. Hasta puede sonar metafórico, pero esta desafortunada coincidencia es una realidad. ¿Es el Coronavirus el Diablo de estos tiempos? Yo creo que cada uno de nosotros tenemos nuestra propia respuesta. En mi caso, lo que viví hoy 17 de marzo de 2020, es muy parecido a la Cuaresma de hace más de 30 años. Las calles están solitarias y la gente muy poco habla por temor al Diablo que anda suelto. Alguien nos está enviando un mensaje: “Quedémonos en casa por el tiempo que sea necesario”.

Esperemos que el jueves 9 de abril de 2020, día en que se acaba la Cuaresma, todo vuelva a la normalidad.

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