EL SILENCIO DE LOS CULPABLES


Por Manuel Medrano

«La política es el camino para que los hombres sin principios puedan dirigir a los hombres sin memoria». Voltaire

Quisiera encontrar alguna explicación del porqué los colombianos insisten en prolongar la vida pública a la mayoría de los políticos, si son irresponsables y mediocres. No les interesa hacer una carrera provechosa para la sociedad, que los privilegia entregándoles el poder para que dirijan el destino de un pueblo que ha sido sometido al flagelo de la violencia por más de 5 décadas. La misma sociedad que ya ni siquiera se sorprende ni reclama para que se detenga la masacre de los líderes sociales y los defensores de los Derechos Humanos.

Primero fue la violencia política en la década de los 40. Atropellaron a los campesinos y citadinos, después de hacerlos enarbolar las banderas liberales y conservadoras. Fueron tan ineficientes e incapaces en la misión encomendada, que la mala gestión de esa generación de gobernantes sembró en los surcos de nuestros campos fértiles, el embrión que permitió el germinar de la guerrilla de la FARC y el ELN. Y más tarde en la época de Carlos Lleras Restrepo, surgió el M19. Desde entonces empezaron a combatirlos y a generar tanta violencia, que lo único que estaban logrando, era hacer de Colombia un Estado fallido.

Primero fueron dos partidos que se enfrentaron para apropiarse del poder sin pensar en un solo instante en aprovechar las potencialidades que tenemos en el país para atraer la prosperidad republicana.

Con el analfabetismo mayoritario que reinaba en las masas a su favor, nunca se preocuparon por fomentar la formación del ciudadano; todo lo contrario, dieron rienda suelta al crecimiento del clientelismo, asumiendo el liderazgo de la cadena de favores y estimulando la dependencia de los pueblos, hasta convertirlos en mendigos, ante la arrogancia de los todopoderosos politiqueros.

El territorio ha sido estéril para parir líderes capaces de pensar más allá de su propio ego. Cuando ha surgido un álito de esperanza con una figura representativa, el fantasma de la muerte eclipsa la ilusión. Es el caso de Jorge Eliecer Gaitán y Luis Carlos Galán Sarmiento.

Todo este panorama deja en evidencia que hasta el momento han logrado su cometido. El pueblo no ha resistido la manipulación, y a pesar de que hay menos analfabetismo la ignorancia se hace evidente a cada instante. Crearon una generación de fanáticos que poco a poco han ido marchitando el espíritu rebelde de los jóvenes y de los universitarios. Ahora salen aconductados de las universidades, con sendos títulos profesionales y con la firme intención de hacer una maestría y hasta un doctorado, sin importarles que luego tengan que irse para un país europeo a trabajar como conductores de Uber o de meseros para hacer un capital semilla y regresar sacando pecho a experimentar como emprendedores.

Resulta deprimente ver la vitalidad del colectivo nacional aturdido y sin ninguna guía, empecinados en hablar de derecha y de izquierda como si ese fuera el gran problema. La pobreza y la corrupción no son de derecha ni de izquierda. Llegó la hora de una revolución ciudadana, cuyo objetivo sea rechazar la actitud de quienes se adueñaron del país para lucrarse del poder y no asumir el rol que les corresponde. No se necesita de guerrilla para combatirlos. Han quedado en evidencia y atrapados en su propia perversidad, se quedaron sin propuestas y cuando hablan agreden al mismo pueblo que los tiene en el pedestal.

El último alarido del expresidente Germán Vargas Lleras, quien intenta reciclarse, manipulando desde su columna dominical, donde posa de periodista en El Tiempo, propone reducir los salarios de los trabajadores y no pagarles primas. Hay quienes no reflexionan ante las salidas salomónicas de nuestros líderes.  No es posible que un joven salga egresado de la universidad y entre a trabajar con una orden de prestación de servicio por tres meses. O accede a corromperse siguiendo los pasos de los falsos líderes tradicionales o será un desempleado más, sino se vende por un plato de lentejas.

Cuando la inseguridad empezó a salírseles de las manos dijeron que la seguridad era asunto de todos, atribuyéndole a la comunidad una responsabilidad directa que no le correspondía.

Y entonces aparecieron las Convivir que más tarde se transformaron en Paramilitarismo y allí fue Troya. Nunca combatieron a la guerrilla y empezaron a hacer política armada para someter a la ciudadanía, agredirla, extorsionarla y asesinarla. Les quitaron las tierras a los campesinos e hicieron una sociedad mefistofélica con alcaldes y gobernadores y se tomaron los erarios y las regalías municipales y departamentales. Definitivamente, convirtieron un poder en las regiones, tanto es así, que fueron llevados al Congreso de la República, aplaudidos por los parlamentarios y con el visto bueno del presidente de turno.

Y Siempre nos quejamos de la corrupción y llevamos más de 20 años votando por los mismos: Andrés Pastrana 4 años, Álvaro Uribe 8 años, Juan Manuel Santos 8 años e Iván Duque 4 años, y es quien aplica la austeridad en plena crisis: $9.500 millones en municiones para el Esmad, $9.600 millones en 23 camionetas para su seguridad personal, $12.000 millones en 18 tanquetas y $3.350 millones en contrato de imagen… Total. $34.450 millones; es decir, el a 8,6 millones de dólares.

Es evidente la irresponsabilidad en el actuar de la actual presidente, pero al mismo tiempo, reconfirma lo que hemos venido diciendo al seguir los mismos pasos de sus antecesores y todo esto ocurre porque acolitamos el silencio de los culpables.

 

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