EL PREDICADOR


Por Manuel Medrano

«Fantástico, Manuel, no conocía de esa, tu particularidad de escritor. Te felicito, pero antes que te sea más tarde, encuéntrate con Isaías 55: 6-8. Te sugiero con grande humildad que despiertes en la realidad histórica en que vive el hombre y te hayes con la otra verdad de lo que está pasando a causa del mismo ser humano, que siempre, siempre, ha hecho caso omiso al buen consejo del Dios bueno. Mira y observa por qué, tantas veces, EL AMOROSO SEÑOR DEL CIELO, nos trata como a duros de cerviz. Prolonga tu vida con la eternidad y, medita sobre esta grande verdad, Isaías 24: 1-23.

»Otra vez, felicitaciones, estoy impresionado por ti. Un abrazo hacia el buen propósito del cielo por tu hermosa vida y por la exquisitez de tu pluma ligera que bien usada por Dios y el Espíritu Santo, haría periplos imaginarios, hablando desde ti, al corazón de los hombres que requieren de una amplia transición a lo nuevo que el Todopoderoso, nos propone; detenerlo, para que no termine en el abismo de tinieblas en que anda».

Mensaje del Pastor Carlos Cohen después de leer la crónica, Desde lo más profundo, de mi autoría. Acudí presuroso a buscar la biblia para leer los versículos recomendados, y descubrir su sintonía con el acontecer actual.  (Isaías 24: 1.3. 4. 5. 22).

 1.- He aquí que Jehová vacía la tierra y la desnuda, y trastorna su faz, y hace esparcir a sus moradores.

 3.- La tierra será enteramente vaciada y completamente saqueada; porque Jehová ha pronunciado esta palabra.

4.- Se destruyó, cayó la tierra; enfermó, cayó el mundo; enfermaron los altos pueblos de la tierra.

5.- Y la tierra se contaminó bajo sus moradores; porque traspasaron las leyes, falsearon el derecho, quebrantaron el pacto sempiterno.

22.- Y serán amontonados como se amontona a los encarcelados en mazmorra, y en prisión quedarán encerrados, y serán castigados después de muchos días.

No pude evitar recordar, la vez que tuve dificultades con mi voz. Fui a consultar el otorrino y me dijo después de auscultarme que había llegado la hora de retirarme de la Radio. Sobrecogido retorné a mi hogar y, por supuesto, me postré de hinojos y empecé a hablarle a ese Dios al que todos acudimos en momentos de crisis, o cuando hay una fuerte tormenta con rayos y centellas y uno va en un avión.

Fue algo impresionante, me sentí transportado a otra dimensión llena de una música celestial con guirnaldas de colores que decoraron ese instante sublime, y que me permitieron en se momento sentir la presencia del Ser Superior y la sensación de que estaba escuchando mi oración desesperada.

Mi voz fue esencial para mi llegada al mundo fascinante de la radio, y, más tarde al periodismo, razón por la cual el diagnóstico del médico me dejó petrificado. Desde entonces me comprometí con el Señor, que si me recuperaba de ese trance al regresar del silencio total que me prescribió el otorrino, aprovecharía mis programas de Radio, como Radio Noticias 2060 y Buenos días levántate y canta, para llevar un mensaje de su Palabra.

No tenía idea de cómo hacerlo, y debo reconocer que he sido tardo para entender la biblia, leo y releo y no puedo ni siquiera interpretar las parábolas. Pero Dios me escuchó y regresé a los micrófonos con mayor energía y pasión; tenía que cumplir mi compromiso con el Padre Eterno y empecé a pedirle sabiduría para convertirme en Predicador y aprovechar la voz privilegiada que él me regaló.

Desde entonces mis programas los empiezo con una oración, inicialmente con la única que recuerdo, entre tantas que mi madre me enseñó, el Padrenuestro, y después un oyente a quien le conté mi compromiso con Dios me regaló la Oración de Gandhi:

Señor… Ayúdame a decir la verdad
delante de los fuertes y a no decir
mentiras para ganarme el aplauso
de los débiles.

Si me das fortuna, no me quites la razón.
Si me das éxito, no me quites la
humildad.
Si me das humildad, no me quites
la dignidad.

Ayúdame siempre a ver la otra
cara de la medalla,
no me dejes inculpar de traición
a los demás por no pensar
igual que yo.

Enséñame a querer a la gente
como a mí mismo y a no juzgar
a los demás.
No me dejes caer en el orgullo
del  triunfo, ni en la
desesperación del  fracaso.

Más bien recuérdame que: El
fracaso es la experiencia que precede al triunfo.
Enséñame que perdonar
es un signo de grandeza y que la venganza
es una señal de bajeza.

Si me quitas el éxito, déjame
fuerzas para aprender
del fracaso.
Si yo ofendiera a la gente,
dame valor para disculparme
y si la gente me ofende,
dame valor para perdonar.

¡Señor…si yo me olvido de ti,
nunca te olvides de mí!

Una oración universal que va más allá de las divisiones religiosas, pero este mensaje que me ha hecho llegar el pastor Carlos Cohen, me ha conmovido, y he vuelto a implorarle al Señor que me dé la sabiduría necesaria para que en este último tramo de mi vida pueda cumplir con mi promesa.

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