EL PAÍS DE LOS IDIOTAS


Por Manuel Medrano

Definitivamente hay que seguir ignorando la realidad del acontecer de nuestro entorno, no de otra manera se puede ser consecuente con lo que sucede cotidianamente en el País de los Idiotas.

Según el Dr. Gilberto Tobón, abogado, filósofo, politólogo y profesor e investigador de la Universidad Nacional; autor de más de 10 libros, dice que, el nuestro, es un país diseñado para robárselo. Y el Politólogo y Miembro de la Fundación Paz y Reconciliación, Ariel Ávila Martínez, considera que el Estado Colombiano está diseñado para que funcione como un clan mafioso, ya que los órganos de control suelen pertenecer a la coalición de gobierno y no existe un sistema bancarizado, lo cual estimula a que los diferentes candidatos a las gobernaciones y alcaldías terminen empeñados para financiar sus campañas, lo que los obliga a que negocien con contratistas, empresarios legales o ilegales por no tener capacidad de maniobra. Los partidos renunciaron a su razón de ser, convirtiéndose en simples agencias vendedoras de avales, donde un aval se cotiza en más de 200 millones de pesos y, como si esto fuera poco, los organismos electorales son totalmente deficientes y politizados. Además, Colombia no tiene un Tribunal Electoral, puesto que los Magistrados del Consejo Nacional Electoral son elegidos por el Congreso de la República.

Es la triste realidad, los socios de esta empresa llamada Colombia están muy satisfechos con los resultados financiero que hasta ahora resultan acorde con sus ambiciones, y cada día son más prósperos. Se han convertido en falsos líderes, todos prósperos gracias a una democracia de mentira.

Las asambleas y los concejos municipales amangualados con el mandatario de turno y se autocalifican de coadministradores, dan ganas de llorar, a nadie parece importarle la suerte de esta nación y no se avizora todavía una propuesta que convoque a la gran reforma que se debe hacer para lograr potenciarla y redimir a las clases marginadas.

Solo en el País de los Idiotas puede existir una sociedad manipulada y fanatizada que se deja polarizar siguiendo a los mercaderes de la política, los cuales acaban de elegir al señor Registrador Nacional Alexander Vega, del Partido de la U,  justo y a la medida, no tiene hoja de vida, sino prontuario, lo relacionan con Odebrecht  y el candidato a la gobernación de Antioquia Andrés Guerra lo acusó en el pasado de pedirle 1.200 millones de pesos para salvarle la curul cuando aspiró al Congreso de la República.

Y algunos se han creído el sofisma de distracción que dizque le entregaron el país a la FARC, cuando realmente del país se han apropiado los politiqueros y lo han explotado a sus anchas; no tienen ningún proyecto para transformarlo.  Por el contrario, se forma una algarabía cuando surgen propuestas como la de La Justicia Especial Para la Paz, que dejaría en evidencia la forma cómo retroalimentaron la guerra y la utilizaron como mecanismo de expropiación.

Solo están empecinados en no devolver las tierras que se apropiaron a través de amenazas y el desplazamiento. Y la rebeldía ciudadana no aparece por ninguna parte porque hemos sido sometidos, subordinados y esclavizados.

Ni siquiera nos miramos en el espejo del hermano país del Ecuador donde los indígenas se han revelado y tienen en ascuas al presidente Lenin Moreno por haber subido los combustibles atendiendo exigencias del Fondo Monetario Internacional.

Solo los estudiantes quieren retomar la protesta callejera como único camino de sacudir una clase aburguesada, privilegiada y explotadora que insiste en seguir en el poder sin pensar en un proceso reivindicatorio del País de los Idiotas. En Colombia suben la gasolina permanentemente y nadie protesta.

El ministro de Defensa, Guillermo Botero Nieto, y la Vicepresidenta, Martha Lucía Ramírez, solamente hablan de limitar las protestas ciudadanas en vez de pensar en grande con el fin de que dejemos de ser lo que somos para el mundo real.

En definitiva, en un país sin memoria resulta imposible pensar en un despertar ciudadano, el cual sería la única alternativa para propiciar un cambio transformador de las políticas perversas que afectan nuestro entorno. De nada serviría convocar una constituyente porque aparecerían los mismos que nos han esclavizado nominándose a ostentar una curul en ese cuerpo colegiado, para que no desaparezca el País de los Idiotas.

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