EL PAÍS DE LA DOBLE MORAL


Por Manuel Medrano

«El infierno está vacío y todos los demonios están aquí»
William Shakespeare

Cuando Aida Merlano quedó en evidencia, por el escándalo de la «Casa Blanca», epicentro de la compra de votos para la campaña al Congreso de la República, mientras aspiraba a pasar de la Cámara al Senado, sus propios compinches la señalaron de estar comprando votos. El Fiscal General de la Nación, Néstor Humberto Martínez, tapándose la nariz, anunció con bombos y platillos el entramado «nauseabundo» que había descubierto en Barranquilla, afirmando que sacudiría a toda la Nación, porque se trataba de una «empresa criminal», que actuó durante las elecciones en el departamento del Atlántico. El tiempo trascurrió lentamente como en la novela Pedro Páramo, de Juan Rulfo, célebre escritor mexicano. El Fiscal se marchó por la puerta de atrás dejando un legado de podredumbre en la entidad a la que nunca debió llegar un tipo de su calaña. Nada dijo de la gran tragedia de la corrupción electoral en la Región Caribe y la manera sínica y descarada cómo se hacen elegir senadores y representantes comprando la votación y atropellando a la ciudadanía. La Corte Suprema condenó a Aida Merlano, mientras uno de sus patrocinadores, Roberto Gerleín, quien fue Senador de la república por 30 años, hasta que se cansó de dormir en los más importantes debates que se dieron a su paso por el Congreso. Reconocía en una entrevista radial que sí se compraban los votos en la Costa, un mal que se fue extendiendo poco a poco a todo el país, que eso era lo que había, dijo sin ruborizarse.

El novelón continúa su drama con la misma protagonista, Aida Merlano, al ser capturada en Venezuela y levantar la voz para contar la triste historia del quehacer de lo que llaman política en esta tierra. Y cómo nos acostumbramos a cohabitar con la mentira, la doble moral y la corrupción, los apoyadores del sistema que ya ha colapsado, han dicho que no hay nada nuevo, que eso se sabía, que descubrieron que el agua moja. Y, por ende, ya un fiscal anunció que no se abrirá investigación a los personajes involucrados en el testimonio rendido por la prófuga convertida en chivo «expiatorio» en Venezuela. ¿Será que esto se archiva como uno de tantos escándalos que inundan la gran prensa colombiana sin que ocurra una circunstancia aleccionante de la que podamos aprender y reflexionar e impulsar un debate público, donde profesionales, académicos y periodistas pueden llegar a conclusiones y propuestas que busquen encontrar una salida para la crisis institucional que está viviendo Colombia? ¿O acaso es imposible arrebatarle el país a esta clase política perversa que se lucra de cada accionar y han mancillado una actividad tan importante para fortalecer el sistema democrático, y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos como lo es la política diáfana y trasparente? La corrupción es un cáncer que se está consumiendo al país célula por célula, entidad por entidad. Es preciso iniciar un tratamiento de quimioterapia para que empiecen los corruptos a quedarse calvos y logremos identificarlos desde lejos y flagelarlos y estigmatizarlos con el fin de impulsarlos a que se purguen, y expulsen el vómito negro para ver si quedan exorcizados y curados y no sigan robándose los dineros públicos.

Las elecciones en Colombia están permeadas por el dinero y la compra de conciencia a las comunidades, eso lo saben los Entes de Control, que están permeados por la corrupción, eso lo saben y lo dicen las comunidades. Por eso hay pueblos y ciudades atrapados y sin salida, porque están dominados por familias que convirtieron la política en una gran empresa productiva.

Para muestra está Cartagena, que no ha podido liberarse de la mafia de los Montes, de los Blel, de los García y de otros turcos que están empecinados en no vender sus acciones en esta empresa maquiavélica, por ser los mayores contratistas de la ciudad, y con las ganancias van contaminando a las nuevas generaciones e involucrándolos en el gran negocio: administrar la ciudad turística por excelencia, Cartagena.

La misma sintomatología se palpa en Santa Marta, Riohacha, Sincelejo y Montería, ciudades contaminadas y enfermas con la misma peste. Si el ex fiscal Néstor Humberto Martínez, impregnado de cinismo se atreviese a venir a una de estas ciudades, la pestilencia no lo dejará llegar por los malos olores esparcidos a 20 kilómetros a la redonda y tendría que devolverse con la nariz tapada.

No podemos seguir permitiendo que el Fiscal General de la Nación sea el gran amigo del presidente de turno, ni que en el Consejo Nacional Electoral meta sus manos los mismos políticos que compran las elecciones. Si lo permitimos, estaremos lloviendo sobre mojado y contribuyendo con el desplome de una Patria que ha resistido todas las batallas, pero que está adportas de claudicar ante la envestida voraz de la legión de mafiosos y corruptos mimetizados en la jauría de políticos que están asfixiando el campo, los pueblos y ciudades de Colombia con su comportamiento y mal proceder.

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