EL LIBRO BLANCO DE CARTAGENA


Por Manuel Medrano

Ojalá empiece la era del Libro Blanco en todos los municipios del país, así como lo decidió hace el alcalde de Cartagena, William Dau Chamat. Sería interesante retomar esta práctica que la política no había aplicado para blindarse del ojo crítico de los veedores y de los periodistas. Lo que está ocurriendo en esta administración en la capital de Bolívar puede ser un indicio de que se puede recuperar la democracia local, si se toma la ruta de la transparencia, que ha resultado tan difícil implementar con los alcaldes de Cartagena en el pasado.   Los cartageneros conscientes del escenario de desolación en que convirtieron la alcaldía con la irresponsable actitud de convertir su despacho en una pasarela de reinas de belleza o de modelaje.

El desfile comenzó en el 2012, con Campo Elías Teherán Dix, electo por voto popular, como un personaje de gran carisma que tenía un programa en una cadena radial de prestigio con un espacio de denuncia y reivindicaciones para los sectores más vulnerables. Un sector de Cartagena acogió su nombre con mucha duda y prevención por ser un narrador deportivo, pero ya la ciudad había perdido la confianza en la clase política tradicional que se habían feriado los recursos y habían dejado muchos elefantes blancos.

Llevaron a Campo Elías al poder, entre dudas y entusiasmo, dado que un sector afirmaba que era un personaje independiente, mientras otro sector estaba seguro que era apoyado por los mismos que siempre se mimetizan para no abandonar un poder que les ha sido muy productivo.

La falta de experiencia política y administrativa dio al traste con la propuesta renovadora que pretendió ser Campo Elías, además de su enfermedad.

Primero fue suspendido y después tuvo que renunciar, en su lugar llegaron Felipe Merlano y Oscar Brieva; más tarde se dieron las designaciones de la presidencia con Bruce Mac Master y Carlos Otero. Los pasos de los alcaldes designados fueron tan efímeros que iba quedando en evidencia el deterioro que estaba sufriendo la ciudad, en su parte administrativa y la imagen de gran ciudad turística. A la lista de personajes que venían desfilando por la fatídica pasarela municipal, llega Dionisio Vélez, con aires de arrogancia, y aunque su paso fue fugaz dejó su huella en unos enredos fantasmales que todavía lo persiguen.

Se acabaron por lo pronto los encargos y por fin llegaron las elecciones, el pueblo acorralado y obnubilado se volvió a equivocar. Los políticos ya preavisados, utilizaron a Manolo Duque, que tenía un perfil parecido al de Campo Elías: locutor, con un programa radial con las mismas características de Campo Elías, pero más comprometido con la clase política corrupta que se ha empoderado de la Ciudad Heroica.

Manolo Duque no fue la excepción, se enredó en la manigua politiquera y sus asesores lo confundieron y terminó suspendido. Nuevamente a la presidencia le toca designar a Sergio Londoño, quién alcanzó hasta que convocaron nuevas elecciones, a las cuales se presentó el cuestionado Quinto Guerra, y el pasado le hizo llegar la cuenta de cobro, no alcanzando a gobernar porque los suspendieron por estar inhabilitado; de nuevo comenzó a activarse la pasarela con Yolanda Wong y finalmente apareció Pedrito Pereira, a quien le tocó convocar a nuevas elecciones.

Es entonces cuando surge William Dau, abogado, quien se había convertido en el veedor de la ciudad, por lo que se daba cuenta de las atrocidades que se cometían en todas las entidades del municipio. Los derechos de petición y las tutela que impetró, lo convirtieron en objetivo militar de la mafia que tenía secuestrada a la ciudad.

En Cartagena las opiniones están divididas; unos dicen que hay que estar muy loco para intentar quitarle el precioso botín a la jauría, otros afirman que solo un loco medio cuerdo puede enfrentar a esa clase delincuencial que está dispuesta a todo por preservar el poder en Cartagena de Indias. Hasta quienes han creído que es imposible acabar con la mafia que se apoderó por décadas de la capital de Bolívar para robársela, todos están involucrados: concejales, senadores y representantes; lo más grave, jueces, contralores, y procuradores hacen parte del cartel, tienen el palpito que el Alcade William Dau, puede ser quien logre parar el desangre de los dineros públicos en la Heroica Ciudad.

El Libro blanco tiene temblando a los que no están libres de pecado, ya hicieron la promesa a la virgen de la Candelaria para subir de rodillas hasta su Santuario en el Cerro de la Popa para que les haga el milagro de que sus contratos cargados de sobrecostos no aparezcan en El libro Blanco de Cartagena.

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