EL JUEGO DE GERALD EN EL CARIBE


Por Angie García

Poesía

La niña Raque medita sus memorias en el Mojana. En sus orillas abuelas lavan trapos escuchando los cantos del Mohán. La niña Raque inhala el aroma de la panela. Se sube a una canoa y Don Santo rema hasta una choza. Escuchan la música del bosque. Se bañan en las aguas del río. Los caimanes respiran a sus lados. Se miran con los ojos del deseo. Él la amarra a un palo de naranjas. Se besan. Don Santo se quita la camisa. Da un paso adelante y siente un quemón en la pierna. Una serpiente se enrosca junto a sus pies.

La niña Raque ve al hombre agonizar. Duerme una hora a la mirada de los canarios. A la mañana siguiente escucha a un burro con chimilos en su lomo. Un perro llega con sus ojos ambarinos. Devora el muslo de Don Santo. Pasa otra noche a la tormenta del viento. Otra serpiente se aproxima. Sube por las ramas, suelta un panal de abejas. La niña Raque no sabe qué voz sale del agua; si la defunción de sus mejillas o la huida del caño en San José.

 

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