EFRAÍN BURGOS GARCÍA


“Maestro indiscutible de la guitarra”

Por Edgar Caballero Elías

Hablar del guitarrista cienaguero, Efraín Burgos García, es evocar, no una, sino varias épocas de su vida musical con influencias decisiva de valses, zarzuelas, bossa nova, zamba, pasillos, bambucos y los aires tropicales. A este se le recuerda especialmente, por su maestría extrema con el requinto y la guitarra eléctrica. Representó uno de los valores musicales más grandes del Caribe colombiano donde era reconocido como uno de los mejores concertistas que maravilló con sus acordes a muchos compatriotas nuestros.

Su infancia estuvo rodeada de carencias económicas, pintaba en su niñez cuadros que disfrutaba él mismo o para que los apreciaran sus amigos, hobby que cultivó hasta la adultez como pasatiempo en sus ratos libres, como también tallar la madera haciendo uno que otro trabajo viendo a su padre en su oficio de carpintero. Hobby a través del cual logró desarrollar la idea de hacer una guitarra rústica hecha con un pedazo de cable, unos cuantos clavos y alambres como cuerdas de guitarra, logrando sacarle una serie de “sonidos” tormentosos que sólo halagaban a su oído. Era un constante razguear todo el día, un rás rás rás permanente que, a esa temprana edad, ya sentía la necesidad de llegar a ser alguien.

Debieron pasar ocho años para que se cumpliera su sueño de tener una guitarra, en las navidades de 1944 su mamá le regaló una pequeña con la que empezó a mostrar sus dotes de guitarrista, regalo fue la base para, después, constituirse en un solista sensacional. Cuando salía recorrer las calles de Ciénaga y veía a alguien tocando, se le acercaba a verlo tocar alimentando su enorme interés a tal grado que después de escucharlos se ponía a practicarlo en su casa, solo y sin profesor. Así fue tomando forma su escaso bagaje musical, encontrando en su natal ciudad un medio musical propició que le facilitó el aprendizaje del cardófono.

La afición por la guitarra y el notable desempeño de los cultores de este instrumento es algo que cualquiera sabe en Ciénaga, registrándose nombres de una gran celebridad en la ejecución de la guitarra. Es una cita obligada, en medio de tantos, los nombres de José y Domingo Mazzilli Ribón, Alfonso Cayón Mejía, Abelardo Carbonó Lobo, Marcos Guillot Sánchez, José Hilario Castro, Santiago Padilla, Hispano Góngora, Efraín González, cuya influencia Burgos recibió de ellos.

Efraín siempre fue un soñador y aventurero, por eso no vaciló embarcarse un día en una lancha y viajar, por el río Magdalena, a Puerto Berrío y La Dorada y más tarde a Girardot, ciudad donde conoció a Tito Cortés, que empezaba a entrar a la popularidad y la fama de la canción popular. El día que conoció al tumaqueño este se enfrentaba a un problema porque uno de sus músicos, la guitarra puntera, se había emborrachado y tenían que presentarse en un programa esa tarde en la emisora Radio Girardot. La señora de la pensión donde vía Tito le comentó que ella veía ahí a un muchachito con una guitarra, que lo llamara para ver si le servía y de pronto podía solucionarle el problema.

Cuando Tito Cortés lo vio, no le dio mayor importancia, no porque tuviera algo contra él, sino porque no lo conocía, sin embargo, lo abordó y le dijo que él era Tito Cortés, le preguntó si estaba en capacidad de hacer un programa de radio y de acompañar al conjunto tocando la guitarra, Burgos le dijo que sí.

Le pidió que interpretara la guitarra y tras escucharlo valoró, de inmediato, la forma como la hacía, la punteaba de manera diferente a otros guitarristas. Después de un breve “me gusta eso”, así organizaron y realizaron la presentación en la emisora. Después de pagarle el valor correspondiente del contrato a Tito Cortés, el propietario de la emisora le dio otra plata más para Burgos porque consideraba que la gracia del conjunto había sido él, sobre todo a la edad que tenía. Efraín terminó agradeciéndole al público por el apoyo recibido, al dueño de la emisora, y a Tito Cortés sin negar que aquel “aventón” que le dio ese día, fue para él lo que consideró una gran satisfacción personal y una grande experiencia vivida con “El Ciclón del Pacífico”, con quién siguió juntó un tiempo durante una buena, aunque corta temporada.

Después de su relación musical con Tito, viajó a Bogotá donde realizó algunos trabajos discográficos con el argentino Joaquín Moras. También tuvo la oportunidad de participar en “La Hora Philips”, importante cadena radial y de televisión que presentó artistas internacionales y promocionó grandes figuras nacionales.

Pero el cienaguero en su andar por el mundo musical arrastraba un sueño, quería convertirse en concertista, que su guitarra llegará al público desde la primera hasta la última fila. Sin embargo, las dificultades económicas no se lo permitían cumplir con este anhelo, carecía de los medios económicos suficientes para pagarse los estudios ni tenía tampoco profesores en ese tiempo competentes como para hacerse solista. Pero no dejaba ni un solo día de tocar la guitarra, “de no hacer eso… decía: los dedos pierden agilidad”.

Así dedicó muchos años a perfeccionar su técnica y a componer, tiempo en el que no le perdió tiempo participando en reunioncitas, debates, discusiones de ideas y todas esas

modalidades modernas   que   consideraba no eran más que enredos y líos, intrigas y cuentos que los que hacían eran entorpecer las cosas. Se      consideraba      un    perfecto seguidor del principio del francés Jean Cocteau, dejando clara su opinión: “La única técnica que merece la pena dominarse, es la única que uno mismo inventa”. De hecho, él era creación de él mismo, tuvo una identidad, un estilo muy propio, una manera de tocar que le dio buenos resultados que logró figuración y por lo tanto digno de todo elogio.

Llamaba la atención, en otra de las muestras del talento de Efraín Burgos, la forma como imitaba, con su guitarra, al piano, lo hacía usando los dedos de ambas manos para “pisar” las notas en el mango de la guitarra, o sea el mástil propiamente dicho, sin pulsar las cuerdas como es habitual. Eso le permitía realizar juegos de armonías inalcanzables para guitarristas convencionales, causando la impresión de que había dos guitarristas a la vez, y era común oírle decir entonces a la gente: Burgos toca y se acompaña la vez. Sus dedos sobre el encordado de la guitarra hablaban solos, eran melódicos, hacían música con las manos, era un artista que siempre mantuvo en vigencia su virtuosismo demostrando lo impecable de su arte.

Tuvo la oportunidad de recorrer Europa y África del Norte durante 5 años (entre 1964 y 1969) mostrando las facultades prodigiosas de su arte musical, y tuvo el privilegio de actuar en el Teatro Olympia, en París, lugar de consagración de artistas conocidos llamado el Templo de la Música, donde se han presentado artistas tan famosos como Julio Iglesias, Celia Cruz,Pablo Milanés, Rafael, Carlos Santana, Madona, Lola Beltrán, el magangueleño Rodolfo Aicardi, entre otros. En México, donde alcanzó gran popularidad y se distinguía por la alta calidad técnica de sus ejecuciones, importantes revistas del arte como “Selene” y “Cine Mundo”, bautizó su guitarra con el nombre de “El Pájaro de Lágrimas”, dedicándole elogiosos comentarios a sus actuaciones.

Efraín regresó a su ciudad natal con nuevos bríos musicales y un estilo de avanzado al interpretar la guitarra. Pero cómo es la vida, y no es raro que esto pase, después de pasear durante esos años el nombre de Colombia con dignidad recorriendo las más importantes ciudades de Europa por las cuales transitó con su guitarra y canciones y de que sus méritos fueran reconocidos por los críticos del arte a nivel internacional, no recibió nunca en su país el verdadero trato que mereció de artista de extraordinarias dotes.

Pero eso a él no le molestaba ni le importaba tampoco, por el contrario, siguió siendo la misma persona, sencillo, que jamás desconoció a nadie cualquiera fuera la situación exitosa en que se encontraba, vivió modestamente en Ciénaga desposeído de cualquier vanidad, pose o engreimiento de otros músicos menos dotado que él.

 

 

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