Consideraciones sobre el tiempo en la poética de Ignacio Verbel


Por: Kelvin De Jesús Correa Hernández

RESUMEN:

La obra poética de Ignacio Verbel está conformada por tres libros: Y aun el amor (1989), Latido y Lumbre (1996) y Tiempo sin tiempo (2010). Obras en las cuales el hablante lírico se muestra como un notario de los sucesos emotivos de la vida, quien progresivamente desarrolla una actitud crítica y menos presuntuosa de la vida, dejando de lado la exposición del goce que se encuentra en el vivir, para analizar los acontecimientos y lo significativo que deja consigo la experiencia. Es entonces cuando aparece el gran concepto de Tiempo y su afán por comprenderlo.

PALABRAS CLAVES: Tiempo, reflexión, comprensión, crítica.

ABSTRACT: KEYWORDS:

¿Qué es el tiempo? Todos sabemos demasiado bien que somos incapaces de escapar del inexorable paso del tiempo, y sin embargo nos resulta muy difícil decir lo que es el tiempo.

Ridderbos 2003

Bachelard (2002) realiza un análisis en el cual expresa que “para Roupnel, la verdadera realidad del tiempo es el instante; la duración es sólo una construcción, sin ninguna realidad absoluta”. Dicho planteamiento está íntimamente relacionado con la visión del tiempo que expresa la voz poética presente en el primer libro del escritor Ignacio Verbel donde ésta se centra en la enunciación y exaltación de los instantes de placer que vive. Sin embargo, esta perspectiva experimenta una evolución que se hace visible en las obras que con el tiempo irían apareciendo y engrosando la bibliografía del poeta.

Teniendo como referente su primer poemario Y un el amor (1989), se aprecia la forma en la cual el hablante lírico presenta una serie de repeticiones, esbozos y acciones que realiza a lo largo de su vida ficcional. Aquí, el hablante lírico ostenta la forma apasionada en la que vive su historia; es un personaje que más allá de comprender el tiempo como entidad arrasadora de humanidad y existencia, lo comprende como un elemento presente para su uso; es por ello que la voz poética no se detiene a pensar o razonar sobre el tránsito de su vida, el valor del tiempo o la pérdida del mismo, sino que se esmera por hacer un anecdotario de sus experiencias vitales.

Esto se hace evidente cuando, constantemente, aparecen muestras de sus experiencias y las exhibe sin juicio de valor alguno más que la aprecisión subjetiva de la materialidad del instante:

La he visto desnuda Por Dios, poesía:

¡Tanta belleza espanta! (p. 9)

Por fuera de la forma particular en la que comprende la relación entre arte y figura femenina, se aprecia la forma en la cual la voz poética se centra en expresar únicamente el instante que se vive. Aun cuanto realice una aseveración como que espanta, no se refiere más que la apreciasión corpórea y no a la valoración de la situación.

Otro ejemplo de lo planteado lo encontramos en el poema “UU” cargado con versos que evocan experiencias agradables vividas con una persona indeterminada.

Porque a mi corazón llegó tu canto

Me convertí en captador de primaveras, Hollé los senderos del beso y de la entrega Y amanecí en los brazos del placer.

Los días se convirtieron en ríos de sonrisa (pag.23 vv.1-5)

Teniendo presente lo expuesto hasta el momento se hace preciso plantear que, en el primer libro de Ignacio Verbel, el hombre que se muestra en los poemas se convierte en un pasajero del tiempo, se hace amigo suyo y goza con él, se satisface en el instante de existencia que posee e intenta mostrar lo placido que es transitarlo, en medio de un mundo que está hecho para su regocijo, encontrando el placer, esencialmente, en el amor y el contacto con otra persona.

El hablante lírico es un personaje que encarna una de las perspectivas del Carpe diem en su enfoque de vivenciar el mundo e intentar disfrutarlo; no obstante, hay algo que opaca su felicidad y es el no poder compartir el tiempo con el ser amado y/o deseado, es por ello que le dice a ese ser que le conmueve y hace feliz: “Te evoco/ Y el alma se enciende! (p.10). Entonces emplea una alegoría haciendo referencia al fuego como la pasión, pero no simplemente la pasión que se genera en los amantes, sino el sentimiento de ganas de vivir.

Ahora bien, esta visión del tiempo que se encuentra en el primer poemario del vate sucreño cambia de forma progresiva, pues, como se mostró con anterioridad, se concentra en disfrutar y no en razonar, pero conforme aparecen los otros dos poemarios dicha visión cambia.

Para comprenderlo inicialmente citaré un poema del segundo libro (Latido y Lumbre) en el cual se realiza la primera consideración formal al respecto del tiempo:

El tiempo

Ciclón sin reversa Se nos escurre

Cuando creemos tener lista la red para apresarlo

la cabeza nos revienta en canas y las manos

danzan en contubernio con la Nada (p.25)

La voz poética muestra un primer acercamiento al tiempo expresando que ha estado utilizándolo y se sorprende al comprender que éste posee un incontrolable transitar finito en la vida de las personas. Ésto se relaciona con otro poema del mismo libro, donde habla de la juventud y su fuerza, la cual, posteriormente se apaga cuando el tiempo nos sorprende, “la cabeza nos revienta en canas” (v.6) y la muerte nos llama por la espalda:

Rugimos

Amenazamos con romper la

/bóveda del cielo

Sin embargo

Que pequeños

cuando lo fatal nos toca el hombro!! (p.39)

Luego de esta inaugural reflexión aparecen indagaciones y respuestas más complejas, como lo veremos a continuación.

Citaré, entonces, un fragmento del poema Tiempo del poemario Tiempo sin Tiempo en el cual la voz poética distingue el sustantivo antes mencionado como la representación de una entidad que no se puede definir completamente, pero que se halla alrededor de todos los elementos físicos y afecta irremediablemente:

Envuelto en las hojas del verano

llega el ritmo del tiempo que habita los recuerdos que se viste de trepidaciones y se mete en la entraña y los huesos (p. 56, vv. 1-4,).

A través de la voz poética se puede entrever un intento por definirlo, pero dicho esfuerzo no da los frutos anhelados, pues el ejercicio racional que realiza no llega a ser lo suficientemente amplio y acertado, pero sí demuestra un acercamiento consciente; lo que demuestra que los humanos, para esta labor racional, no poseen herramienta alguna más que sentir su paso y contemplar el pasado, situación que el hablante lírico comparte y aprovecha para esbozar las siguientes palabras: “llega el ritmo del tiempo que habita los recuerdos” (p. 56, v.1). Es por ello que intenta interpretar contemplando la naturaleza y a las personas; ejercicio que dio como resultado la conclusión que el Tiempo es un ente superior a los hombres, el cual se encuentra intrínseco en todos los elementos de la naturaleza y, por más que se desee o intente, sus huellas se hacen imposibles de esquivar.

La voz poética nos indica que el tiempo se encuentra presente por doquier dejando un rastro imborrable; lo cual genera el nacimiento de una pregunta:

¿cuál es la huella que deja en los lugares que se encuentra?, la respuesta no es otra, sino el desgaste y la vejez.

En la naturaleza su rastro es visible en las hojas secas que una vez fueron verdes y se encontraron ceñidas con fuerza al árbol que luego las vio caer marchitas y débiles. Por el lado de los humanos, deja su huella en los cuerpos blandos y en las memorias que constantemente reviven los episodios del pasado y que en el presente no se pueden repetir, ya sea por imposibilidad física o por el carácter de irrepetible y particular de cada experiencia, pues el vivir es la realización del tiempo en los humanos.

Esta es una entidad que se encuentra por encima del hombre y que además se hace imbatible para él. Muchos escritores han abordado al humano como un ser que riñe contra seres superiores que ejercen domino sobre sí, tal es el caso de Hector Rojas Herazo, uno de los poetas fallecidos más célebres de Colombia y coterráneo de Ignacio Verbel. Rojas Herazo planteó la lucha del hombre contra el Dios de la tradición judeocristiana, a quien humanizó y redujo; pero en el caso del hablante lírico ignaciano siempre se reconoce la superioridad e imbatibilidad del tiempo. El hablante lírico comprende sus fuerzas inferiores a las que posee este, pues ve en sus manos las huellas imborrables del tránsito y en la memoria la muestra de su acelerado paso. Es por ello que no se presenta una riña directa y se acepta la inferioridad, generando así el deseo de descubrir la forma de hacer más amenos los momentos que vive, por muy cortos que sean.

En los versos del poema en cuestión, la voz poética plantea que sería vano luchar en contra del tiempo que le recorre los huesos y seca las hojas que arrasa el viento, puesto que es un “Tiempo que despeluca el protocolo de la vida/ que contradice los formalismos y las máscaras/ que se unta de paraísos y de osarios/ de cenegales y de charcas” (vv. 4-8, p. 56). Aquí muestra el poder del tiempo que se manifiesta en la vida de las personas al transgredir los parámetros que la comprenden y sin forma alguna de delimitarlo o sujetarlo a estándares precisos. Al decir que “despeluca el protocolo de la vida” plantea que en cualquier momento la situación que se esté experimentando puede variar de una forma inesperada.

Una manera de acercarse más claramente a lo planteado sería la violación al ciclo de la vida que por norma se ha estipulado; nacer, crecer, reproducirse y morir es un ciclo que se ha definido para la vida de las personas, pero el tiempo puedo limitar la vida y no alcanzar la etapa de la reproducción. Ahora, en este mismo poema al leer: “Tiempo que nos sorprende cualquier tarde/ que nos derriba el sombrero de la pose/ que nos reta el aliento/ que nos corta la sombra” (vv. 9-12, p. 56), el hablante lírico, al emplear términos como sorprender muestra la consciencia de la comprensión parcial que posee de dicha cuestión.

Teniendo presente lo anterior, es posible plantear una relación entre la forma de comprender el Tiempo por parte del hablante lírico de Ignacio Verbel con la visión de “Legalidad Cosmica” planteada por Octavio Paz en referencia al mundo literario griego. Para Paz (1967) ésto se concibe como “la legalidad inmanente de las cosas” (p.76), en otras palabras, es la fuerza que orienta o reorienta el trasegar de las personas para que cumplan su destino. Gracias a ella, Edipo, intentando huir del porvenir preestablecido en el cual lo veían asesinando a su padre, se marchó de la casa de su familia adoptiva y se topó en el camino con su progenitor a quien le cegó la vida; en el poema de Verbel la visión del tiempo es comparable a la del mexicano con respecto a la Legalidad Cosmica, puesto que se habla del tiempo como un ente superior al hombre que orienta la vida de las personas y cumple un papel importante reordenando o redefiniendo el trasegar de los humanos: “y que nos ubica sin remedio/ en los caminos y covachas/ de nuestra mortal historia.” (p. 56, vv. 13-15).

Ahora, el comprender la superioridad del tiempo no quiere decir que el hombre se sienta complacido con la forma en la cual éste se manifiesta en los elementos naturales y delimita la existencia. En el poema titulado Maldito seas, Cronos se aprecia el grito de fastidio que lanza el hablante lírico frente al intocable tiempo:

¡Maldito seas, Cronos!, fustigó el viento.

¡Maldito seas, Cronos!, el eco repitió. Y cuando el hombre -pastor de quimeras-.

Quiso enredar en su lengua el sonido escuchado para luego expulsarlo, vio que Cronos se iba, que Cronos se alejaba.

El hombre dio un traspiés, Se vaciaron sus ojos,

Se corrompió su carne, Los huesos dieron polvo Y al fin puedo exclamar:

¡Maldito seas, Cronos!

¡Cronos, maldito seas!

Se debe destacar que en este poema hay una carga emotiva fuerte con un tono que deja de ser tranquilo y reflexivo ante el misterio del tiempo. Aquí se realiza una construcción lingüística con injurias dirigidas al concepto que ha estado intentando construir. Es el único poema en el que aparece una revelación que defino como Alarido de impotencia, conteniendo maldiciones en forma de exclamaciones dentro de versos cortos. Ahora bien, la locución no se realiza de forma directa, sino que cita las palabras de las distintas especies vivas, encontrándose un verso en el cual habla del hombre en tercera persona intentando con esto agrupar las apreciaciones con respecto al tiempo de una forma general y unificada, pero negándose a opinar él como individuo.

Es por ello que nace la pregunta: ¿cuál es la razón por la cual la voz poética no es la de un individuo en particular, sino la agrupación de apreciaciones que se expresan en tercera persona? Esta situación la genera el respeto y reconocimiento de la superioridad de la entidad por encima de él como persona; ya se había visto el reconocimiento de la superioridad e inmaterialidad del tiempo, de allí que surja también el temor de enfrentar directamente este ente que es capaz de marchitar la naturaleza y, en especial, la vida de las personas. Es por eso que se utilice la citación de la voz de otros seres vivos como mascara para expresarse sin temor: “¡Maldito seas, Cronos!, fustigó el viento. / ¡Maldito seas, Cronos!, el eco repitió.” (vv.1-2)

¿Por qué el hombre injuriaría el tiempo que reconoce como superior a él? Sin duda se da cuenta que las flores se marchitan, las hojas se secan y caen, y él comprende que también morirá. Además, reconoce que este tránsito es inalterable y por ende, en algún momento, hará parte del olvido, como si su tiempo hubiese pasado en vano y se perdiera en la memoria de los que aún poseen algo de él:

Es tan simple y tan triste: Yo también moriré Pasarán los años, los veranos los inviernos Otros muertos más frescos ganarán la atención Se borrará todo lo que dejé en la tierra.

Alguien llevará flores para mí En fechas memorables

Es tan simple y tan triste Y tan inevitable (p. 43)

Y es que el “Transito es irrepetible” (p.51, v.1), pues el tiempo es irrecuperable. El problema que encuentra en esto es que, gracias al paso apresurado e incomprensible del tiempo, comprende su vida como un estado de inutilidad, algo que termina sin valer la pena porque no posee atributos de trascendencia y, por ende, terminará cayendo en el olvido, como todos los otros humanos. En algún momento será, como todos, ese pasado a quien se le acabó el tiempo que fue prestado, puesto que “Cada quien/ tiene contado los latidos/ de su corazón/ No disfrutamos de uno más/ ni de uno menos” (p. 82, vv.1-5).

Referencias

Bachelard G. (2002) La intuición del instante. (Traducción de Jorge Ferreiro), (2ª reimpresión). México: Fondo de cultura económica.

Paz, O. (s.f.) “El mundo Heroico”. En El Arco y la Lira (pp. 73- 81). (n/a)

Ridderbos K. (2003) “Introducción”, en El tiempo (pp. 7-10) (Trad. María Condor), (1ª ed.).

Verbel I. (1989) Y aun el amor, (1ª ed.) Colombia: Ediciones Umbrales. Verbel I. (1996) Latido y lumbre, Colombia: Ediciones Umbrales.

Verbel I. (2010) Tiempo sin Tiempo, Colombia: Ediciones C.E.L. Hector Rojas Herazo
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