COLOMBIA SECUESTRADA POR EL URIBISMO


Por: Manuel Medrano

“Por qué tenerle miedo a los muertos cuando los que de verdad hacen daño, son los vivos”.

Los fantasmas que persiguen al expresidente y ahora exsenador Álvaro Uribe Vélez, desde que estuvo en la Aerocivil como director, han ido creciendo en la medida en que ha ido escalando posiciones en la política. Un hombre que ha sabido utilizar sus habilidades ambiguas y manipuladoras para usufructuar los recursos públicos, bajo la premisa de que es un adalid que defiende la patria, entendiendo como patria su propiedad privada, como cualquiera de sus tantas fincas que tiene muy bien ubicadas en el territorio nacional. Por eso pretende seguir poniendo presidentes desde el Ubérrimo o de cualquier otro lugar donde resulte recluido cuando la justicia lo condene por una de las más de 216 investigaciones que tiene tanto, la inservible y engañosa Comisión de Acusación del Congreso, como en la Corte Suprema de Justicia.

Ese halo protector del que venía haciendo gala se ha ido desgastando, siendo permeado por lo rayos cristalinos de la verdad, que, desde lo más profundo de la impunidad oficial, ha venido emergiendo para dejar en evidencia al siempre todo poderoso expresidente y sus acólitos, levantándose altanera con el dedo acusador y apuntándole directamente en su rostro, por primera vez sorprendido y asustado, ante los sólidos argumentos que dejan en evidencia su accionar fuera de la ley.

El pull de abogados que lo defiende no ha encontrado los elementos argumentativos para afrontar la defensa de su cliente, quedándole como único recurso solicitar el traslado del caso del expresidente a la Fiscalía General de la Nación. Solo con una patria secuestrada podrá salir airoso de las arenas movedizas por las que siempre ha transitado, y es tan consiente de todo eso que cuando quedó en evidencia al intentar lograr su relección, los actos de corrupción que cometió fueron olvidados y él se lavó las manos como Pilato.

Rodeado siempre por áulicos y un comité de aplausos dispuestos a sacrificarse y a ir preso por él para ocultar su fechoría.

Solo la Corte ha logrado detener su desfachatez, primero cuando intentó la tercera relección y la Corte se lo impidió. Es bueno recordar que su malquerencia por la Corte viene desde cuando comenzaron a investigar la Parapolítica y más de 40 parlamentarios amigos del expresidente resultaron implicados y terminaron en la Picota. Después puso a Juan Manuel Santos en la presidencia y luego le declaró la guerra. Lo tildó de traidor, sin importarle la patria a la que tanto ama, se convirtió en el principal obstáculo para los Acuerdos de Paz con la guerrilla de la Farc, lo entorpeció de tal manera que no escatimó esfuerzo alguno para sabotearlo. Aprovechó todo su poder de manipulación para convencer a gran parte de los colombianos que votaran el referendo por la paz negativamente.  Se inventó que Juan Manuel Santos le iba entregar el País a la Farc, tanto es su poder de convencimiento que la gente le creyó y volvió a la presidencia en cuerpo ajeno, haciendo elegir al doctor Iván Duque Márquez, mintiéndole una vez más al pueblo con el argumento de que el Castro-chavismo se tomaría a su patria y que Colombia se volvería como Venezuela o Cuba. Hasta llegaron a decir que harían trizas los Acuerdos.

Mientras tanto el presidente Iván Duque Márquez ha seguido al pie de la letra el guion que le asignaron; después de dos años de gobierno sigue culpando al expresidente Juan Manuel Santos de toda la problemática endémica que no ha podido resolver su falta de experiencia y su desatino. No ha blindado los Acuerdos de la Habana y siguiendo fielmente las instrucciones de su jefe ha tratado de acabar la Jurisdicción Especial para la Paz, JEP. Ha apoyado el movimiento para tumbar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, olvidándose de la gran problemática nacional, que parece estar peor que la del hermano país. No ha podido parar los asesinatos de los líderes sociales y de los defensores de los Derechos Humanos, han vuelto las masacres, no se avizora por ahora un plan contundente del presidente Iván Duque para poner a andar su programa de gobierno y no siga engañando a la gente con la Economía Naranja y cambiando el término masacre por genocidio colectivo. Sin embargo, el entramado que ha urdido para ponerse a salvo él y sus amigos, les ha permitido secuestrar el país, apoderándose de la Fiscalía General de la Nación, La Contraloría, La Procuraduría, La Defensoría del Pueblo y el Consejo Nacional Electoral.

Los que aún siguen a su cacique, están convencidos de que nada ha cambiado y que el Uribismo seguirá vivo y reinando, si la Fiscalía General de la Nación redime al nuevo héroe de la patria.

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