CELIBATO Y CONFESIÓN


Por: Manuel Medrano

El Estado colombiano y la Iglesia católica tienen mucho parecido; mientras el primero hace malabares al borde del abismo sin reflexionar ni replantear su política en aras de reorientar la brújula hacia el norte más promisorio y alejado del desastre y la violencia, la Iglesia católica, por su parte, parece irse acostumbrando al escándalo, dando la impresión de importarle poco quedar en evidencia ante el mundo por el anfibológico comportamiento de sus obispos y sacerdotes. La Iglesia parece haber perdido su norte, el Papa es el único encargado de pedir perdón a cada momento y en cada lugar, siempre mirando hacia el sur o hacia abajo para no cambiar el derrotero y tomar la decisión de salvar el cuerpo religioso, para que los obispos y sacerdotes permitan que se haga la santa voluntad del que vive y reina ahora y siempre hasta el fin de los siglos con religión o sin religión.

La proliferación de conductas enfermizas en el cuerpo sacerdotal de la Iglesia católica, apostólica y romana no se debe solo al celibato, sino también a la mala formación de los sacerdotes que salen expertos en teología y filosofía, pero muy pobres de espiritualidad y del conocimiento de la palabra, y a la práctica de la confesión introducida por el Vaticano.

El celibato es de origen pagano y permanece en la Iglesia católica como un rescoldo babilónico que fue impuesto, en contra de las costumbres de los primeros siglos, en las congregaciones cristianas, debido a la forma cómo el clericalismo pagano influyó directamente al cristianismo.

Muchos investigadores comprobaron que en la Edad Media, Roma era una “Ciudad Santa” tan solo de nombre porque existen estadísticas que comprueban que en la llamada “Ciudad Santa” había más de 600 mil mujeres prostitutas; en su mayoría los eclesiásticos tenían una moza y los conventos eran casas de mala fama, donde la práctica del aborto era normal y los apetitos sexuales de quienes hacían votos de castidad eran tan aberrantes que se prohibía la presencia de animales hembras en propiedades monásticas.

Para el año 1477 se realizaban bailes nocturnos y orgías en claustros católicos y los sacerdotes llegaron hacer los amantes de muchas mujeres hasta tal punto que en Alemania un obispo católico cobraba un impuesto a los sacerdotes de su distrito por cada mujer que mantenía y por cada hijo que tuviese. Este obispo logró descubrir que había más de once mil mujeres sostenidas por el clero, por esta razón el arzobispo de Hamburgo, Alberto el Magnífico exhortó a sus sacerdotes diciéndoles: que “si no podían ser castos, al menos que fueran cautos”.

El celibato y la confesión han dejado una estela de corrupción y pecado entre los guías espirituales de una sociedad pletórica de afugias.

En el confesionario lindas jovencitas y bellas mujeres declaran sus deseos y debilidades, y terminan siendo seducidas por los sacerdotes.

El libro del padre Chingy, El cura, la mujer y el confesionario, es una obra que los padres y esposos deberían leer para evitar que sus hijos y esposas se confiesen.

El crimen e inmoralidad en la Iglesia católica, del sacerdote Emmertt Mcleuglin, es otro libro válido leer en esta época de pedofilia y de obispos y sacerdotes alborotados.

Muchos creen que la solución depende de la confesión, sin darse cuenta de que obispos y sacerdotes, en su gran mayoría, no se confiesan y son más pecadores que las ovejas que dicen pastorear.

Es bueno saber que la práctica de la confesión no vino de la biblia, sino de Babilonia, “La madre de las abominaciones en la tierra”; ojalá el pueblo católico tuviera el valor de hablar para que se supiera de obispos que le quitan las esposas a sus maridos y de sacerdotes amantes de las señoras de la alta sociedad.

A dónde iremos a parar con Estado e Iglesia tan similares y parecidos, tan irresponsables, corruptos y paganos. “guardaos de los falsos profetas, que vienen a nosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces”. (Mateo 7:15).         

 

 

Anterior OTRA FORMA DE DIVERTIRME
Siguiente LA MALDICIÓN DEL CABARET

Sin Comentarios

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *